ABC HISTORIA RECOMIENDA

Orina como dentífrico y letrinas infectas: la verdad tras la higiene en la Edad Media

El canal «Simple History» se ha hecho un hueco en YouTube acercando la historia al público mediante la animación. En uno de sus últimos vídeos trata de separar el mito de la realidad en el aseo durante el medievo

MadridActualizado:

La Edad Media evoca desde caballeros con armadura completa, hasta el oscurantismo a nivel científico. Ambas son verdades a medias ya que, durante los casi diez siglos que se extendió este período (desde el V hasta el XV), el equipamiento de los jinetes pasó por diferentes etapas y el conocimiento terminó abriéndose paso a través de las universidades.

Con todo, quizá el tópico más generalizado es el que afirma que, durante estos siglos, la característica más común en la sociedad era la falta de higiene. La realidad es que este es otro mito que navega entre la realidad y la ficción ya que, a pesar de que las letrinas solían dirigir los excrementos hasta insalubres pozos negros, también se daba importancia a la higiene dental.

Con el objetivo de luchar contra estos tópicos y mitos nació, allá por 2013, « Simple History», un canal de YouTube que atesora a día de hoy la friolera de más de un millón de seguidores. Según su descripción, sus responsables se dedican a divulgar la verdad de nuestro pasado a través de pequeños clips en los que cobra protagonismo la animación. «Sea testigo de cómo la gente vivió a lo largo de la historia: su cultura, los avances en la tecnología o las batallas épicas», desvelan en su página personal de esta plataforma de vídeos.

En su canal de YouTube es posible informarse de todo tipo de curiosidades que abarcan desde los siglos de Grecia y Roma, hasta la Segunda Guerra Mundial o la Guerra de Vietnam. Todo ello, pasando por eventos destacados de la historia de España como la expedición de Magallanes y Elcano.

Con todo, el vídeo que hoy recomendamos desde ABC Historia es « How clean were medieval people?», un repaso por los mitos que rodean a la higiene en la Edad Media. El clip de YouTube es uno de los más vistos de su canal al contar con más de un millón de visitas en apenas cuatro meses.

Letrinas

Como suele pasar al navegar en las fuentes que hablan de esta época, la evacuación de excrementos durante la Edad Media alberga, a día de hoy, más luces que sombras para los expertos. Si nos remontamos a los primeros siglos de esta época, nos encontramos con que, tanto en los castillos como en las murallas de las ciudades, era habitual que abundaran las llamadas «letrinas voladas». Una pequeña estancia sobre los matacanes que contaba con una losa perforada ideada para que la materia fecal cayese -sin ningún tipo de tubería- a los campos o los huertos. Todo ello, pasando a través de las murallas.

«En ellas aliviaban sus necesidades el cuerpo de guardia y buena parte del servicio», explica Luis Carlos Molina Acevedo en « Mierda. Símbolos y significados».

Letrina volada
Letrina volada

En palabras del mismo autor, en estos primeros siglos también existían las «letrinas encastradas». Estas enviaban los excrementos directamente a los sótanos o al foso del castillo. «El olor producido por este pozo negro era insoportable, sobre todo en verano, y subía cañerías arriba hasta la misma boca de la letrina», completa.

Con todo, este lago de heces era uno de los lugares preferidos para asaltar las fortalezas debido a su conexión directa con el interior. Gracias a ellos, de hecho, cayeron castillos tan inexpugnables como Chateau Gaillard en pleno siglo XIII.

Algo similar sucedía entre los muros de las estancias de la alta nobleza. A nivel práctico, durante el siglo XIII en los palacios abundaban, según explican los autores de « Arquitectura civil española de los siglos I al XVIII», pequeños huecos «abiertos en los muros, al lado de los salones mismos, ocultos por tapices y paramentos» cuyo contenido caía sobre la calle.

Aunque esta práctica evolucionó hasta las letrinas voladas o las encastradas en poco tiempo. En « El inodoro y sus conexiones» Ángel Oscar Prignano utiliza como ejemplos de estos últimos aquellos retretes que se edificaron en la fortaleza francesa de Coucy (donde había un espacio específico y apartado para hacer de vientre), o los que se levantaron en los pisos inferiores de una de las torres del palacio pontificio de Aviñón. Ambos iban a parar a un pozo subterráneo.

Pueblo llano

Pero con el pueblo llano era diferente. Ieva Reklaityte afirma en su dossier « Las condiciones higiénico-sanitarias en las ciudades europeas: introducción al análisis», que lo habitual en su caso era disponer de un orinal o un pozo negro al que iban todos los desechos. «La letrina medieval solía presentar un palco que se asomaba a la calle a través del cual todos los desperdicios, además de los vertidos directos de las inmundicias a las calles por las ventanas», señala.

A su vez, es partidaria de que «la ubicación de los pozos negros en los patios de las viviendas, no demasiado lejanos de los pozos de agua potable» y la «contaminación del río que transcurría por la ciudad causada por las aguas de los desagües» provocaban no pocas enfermedades.

Representación de las letrinas en un cuadro de la época
Representación de las letrinas en un cuadro de la época

Por su parte, el autor hispano afirma que, en los siglos posteriores, la gente común solía acudir a unas letrinas públicas instaladas a lo largo de la ciudad: «En Inglaterra, las había en las murallas de Londres, en el muelle de Temple (techado sobre el río Támesis), […] sobre una cloaca abierta y en el puente de Londres». Otro tanto pasaba en Francia, donde eran todavía más insalubres si cabe y llenaban las calles de inmundicias. El también historiador Julio Valdeón Baruque es partidario de esta teoría en su obra « Vida cotidiana en la Edad Media».

De hecho, este tipo de letrinas se siguieron utilizando hasta bien entrada la época moderna. Así lo explica el también historiador Roger-Henri Guerrand quien, en sus obras, desvela que cuando un grupo de magistrados galos quiso eliminar uno de estos retretes en el siglo XVII por problemas de salubridad, una rebelión dirigida por un cabecilla local lo evitó. El líder, un maestro tejedor, explicó de esta guisa su posición: «Señores, nuestros padres cagaron allí, allí cago yo, y allí cagarán nuestros hijos».

Repugnante dentífrico

Un capítulo al que el canal de divulgación histórica de Youtube «Simple History» deja espacio en su vídeo How clean were Medieval people? es el de la higiene bucal. Resulta poco conveniente fijarnos en el aderezo que presentan los personajes de Hollywood si lo que queremos es alcanzar un conocimiento cercano a la realidad sobre el nivel de aseo de las gentes de la Edad Media. Con la limpieza de los dientes ocurre lo mismo.

Por aquel entonces no resultaba nada extraño que las personas padeciesen algún mal relacionado con la dentadura: desde caries hasta encías vacías pasando por dientes fracturados. Según diversas narraciones, los individuos europeos del medievo, para calmar su malestar, solían acudir a los conocidos como «sacamuelas». Estos odontólogos de hace diez siglos no eran sino barberos que deambulaban de localidad en localidad para extraer las defectuosas piezas bucales. Por supuesto, tal cirugía estomatológica se practicaba en condiciones insalubres y sin uso de anestesia alguna.

Dicho esto, sorprende menos que en la Edad Media existiese cierta preocupación por el cuidado oral. Más vale prevenir que curar, que dice el popular refrán. De hecho, Guy de Chauliac (¿1298?-1368), en su obra «Inventorium… Chirurgicalis Medicinae», analiza la anatomía de los dientes y su erupción y recopiló enfermedades vinculadas a éstos como la corrosión o la congelación. Algunas reglas de higiene bucal aconsejadas por el que es considerado uno de los más importantes cirujanos del medievo son las siguientes: evitar alimentos de rápida putrefacción, tratar de ingerir comida y bebida no especialmente fría ni caliente o desechar de la dieta cosas demasiado duras.

Barberos conocidos como "sacamuelas"
Barberos conocidos como "sacamuelas" - Youtube

El propio Chauliac recomendaba el lavado de los dientes careados con vino y menta, pimienta u otros agentes, y el empaste posterior de las cavidades con polvo de agalla, alfóncigo, mirra o alcanfor. Para no tener que llegar a tal extremo, diversas teorías señalan que los sujetos de la época solían limpiar su dentadura con trozos de tela y cenizas de romero. Además, se empleaban dentífricos elaborados con algunos de estos elementos naturales: huesos de sepia, coral o conchas, almástiga, incienso, canela molida, etc.

No obstante, aparece aceptado por la mayoría de expertos otro dentífrico menos agradable y sí muy repulsivo: la orina. Por extraño que parezca, tan hediondo fluído era empleado para el enjuague dental. Los coetáneos de la Edad Media recogían en vasijas callejeras el pis y lo utilizaban en lavanderías para blanquear la ropa gracias a su contenido en amoníaco, pero también lo almacenaban y hacían gárgaras con él antes de irse a dormir. La razón de ello radica en sus valiosas propiedades para la cura de heridas, destapándose como un estimable «aliado» en el tratamiento de las caries.

Aunque los romanos ya hacían uso de esta práctica, parece que aplicaban piedra pómez a la orina para hacer más llevadera la situación. Manuel Antonio Marcos Casquero, por su parte, considera que este hábito tiene un origen anterior. En su obra de investigación «Virtudes mágicas y medicinales de la orina según los escritores latinos» apunta que los autores greco-romanos atribuían este curioso empleo del orín a los celtíberos. En este sentido, recoge un comentario del geógrafo griego Estrabón que dice lo siguiente: «Si no se quiere interpretar como un régimen confortante de vida el que se laven con los orines guardados durante algún tiempo en cisternas, y que tanto los hombres como las mujeres de estos pueblos [ibéricos] se froten los dientes con ellos, como hacen, según dicen, los cántabros y sus vecinos. Esto, y el dormir en el suelo, es propio de los íberos y de los celtas».