Vídeo: Así volvió Calígula a su pedestal

La locura del psicópata Calígula durante los cuatro años más siniestros del Imperio Romano

Durante su breve reinado tuvo cuatro esposas y un sinfín de amantes. A Livia Orestila la violó en su propia ceremonia de esponsales y se casó con ella para repudiarla al cabo de unos días

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Sí, Calígula fue un monstruo. De Tiberio se rumorearon un montón de perversiones en su villa de Capri; de Nerón, una actitud muy agresiva; de Claudio, cierta discapacidad; de Caracalla, despotismo y crueldad; de Comodo, odio y furia. Rumores, sospechas, difamaciones de un Senado apartado del poder.... cada emperador ha tenido que lidiar con su propia leyenda negra y hoy es difícil separar la realidad de la mentira. Pero, incluso quitando toneladas de exageración por parte de Suetonio y Casio sobre Calígula, lo que se vislumbra debajo es un psicópata obsesionado con el sexo y y un dirigente pésimo.

La muerte de Tiberio se celebró con alegría en las calles y en el Senado, sin que nadie recordara el dicho que mejor malo conocido que bueno por conocer. Especialmente, porque el verdadero defecto del difamado Tiberio es que no se preocupó por su sucesión a pesar de que en sus últimos años empezó a albergar dudas sobre la idoneidad de que el nuevo Emperador fuera su sobrino Cayo Calígula, de 23 años. Cuando consultó con sus astrólogos asumió, según decían las estrellas, que el ascenso de Calígula era inevitable hiciera lo que hiciera. Por ello, decidió no hacer nada.

Una primera impresión muy equivocada

Nacido con el nombre de Cayo Julio César Germánico, el heredero imperial era el tercero de los seis hijos supervivientes del matrimonio entre Germánico y Agripina la Mayor, nieta de Augusto. El nombre de Calígula era, en verdad, un apodo que le pusieron los soldados cuando acompañó siendo un niño a su padre en las campañas de Germania. Le apodaron « Calígula» («Botita»), lo que años después le irritaría enormemente, porque iba vestido con una versión en miniatura del traje de legionario.

Cuando falleció Tiberio, Calígula no ejercía ningún puesto oficial y su experiencia política se limitaba a un cargo menor

Como explica David Potter en su libro « Los Emperadores de Roma» (Pasado&Presente), el primer problema de Calígula es que «nunca había tenido que demostrar su virtus en un entorno de carácter colectivo». Educado en la villa de Capri, los principales compañeros de formación del romana habían sido hijos de reyes extranjeros enviados a la capital del imperio a modo de garantía. En definitiva, Calígula vivió su infancia y adolescencia en una burbuja, rodeado de príncipes orientales con una forma distinta de comprender el poder y con sus hermanas como mejores amigas. Ya entonces surgieron rumores de que había mantenido relaciones sexuales con ellas.

Busto idealizado de Calígula
Busto idealizado de Calígula

Cuando falleció Tiberio, Calígula no ejercía ningún puesto oficial y su experiencia política se limitaba a un cargo menor. El pueblo ignoró la completa falta de experiencia del nuevo Emperador porque recordaba a su padre con cariño y, sobre todo, porque su primera medida fue abolir los procesos de traición, un mecanismo legal que había permitido a Tiberio perseguir a sus enemigos con impunidad. El tiempo iba a demostrar que no podían estar más equivocados en su entusiasmo.

La primera señal de que Calígula vivía de los golpes de efecto tuvo lugar con la ejecución de Macrón, prefecto de la Guardia pretoriana y sospechoso de haber matado a Tiberio. Según el historiador Filón, el Emperador se hartó un día para otro de su antiguo amigo: «Ahí llega el maestro de quien ya no necesita lección alguna... ¿Cómo se atreve alguien a enseñarme a mí, que antes aun de ser engendrado fui modelado emperador, cómo se atreve un ignorante a enseñar a quien sabe?».

Sin el hombre en las sombras que ejecutaba a sus enemigos, al tiempo que controlaba su inestabilidad, empezaron los meses más oscuros del Emperador. Calígula se presentó como un dios al que había que adorar en vida, a diferencia del Divino Julio César o Augusto, y comenzó una vida de extravagancias. Los autores clásicos quisieron ver en el origen de estas prácticas una explicación médica y un kilómetro cero.

Un psicópata al frente de Roma

A los pocos meses de haber accedido al trono, en el otoño del año 37 d.C., Calígula sufrió lo que probablemente fue una crisis nerviosa o una encefalitis (una inflamación del cerebro causada por algún tipo de infección). Suetonio menciona que durante su infancia ya había registrado graves problemas médicos, con un ataques de epilepsia periódicos que en la edad adulta se convirtieron en desvanecimientos. Apenas dormía más de tres horas al día y pasaba las noches deambulando por las galerías del palacio, « esperando e invocando la luz». Su aspecto externo era aterrador y, tras su crisis nervioso, todo se acrecentó.

«Era de elevada estatura, pálido y grueso; tenía las piernas y el cuello muy delgados, los ojos hundidos, deprimidas las sienes; la frente ancha y abultada; escasos cabellos, con la parte superior enteramente calva y el cuerpo muy velludo», describió el historiador clásico sobre su aspecto físico, añadiendo que dado su abundante pelo por el cuerpo estaba penado con la muerte usar la palabra «cabra» en su presencia.

En este sentido, el diagnóstico moderno del origen de los problemas es mucho más profano. Para los psiquiatras actuales, Calígula presenta el perfil de un psicópata, alguien carente de remordimientos o empatía que se cree por encima del bien y del mal. En «Los doce Césares», Suetonio pone en boca del Emperador una frase que le anuncia como por encima del resto: «Recuerda que todo me está permitido, y con todas las personas».

En este sentido, el primer Emperador, Augusto, se había cuidado mucho para presentarse como alguien moderado e igual al resto, mientras que Tiberio, a pesar de su choque con el Senado, había procurado un perfil bajo. En contraste con sus «humildes» antecesores, Calígula se reveló como un monarca asiático en su forma de vida desmedida. Según Dión Casio, «empezó a gastar en caballos, gladiadores y en otras cosas semejantes sin ningún freno, y vació en poquísimo tiempo el dinero atesorado, que era mucho», esto es, cerca de tres mil millones de sestercios.

«Recuerda que todo me está permitido, y con todas las personas».

Con parte de este dinero se hizo construir en Roma una mansión en el Palatino, cuyo vestíbulo era el mismísimo templo de Cástor y Pólux, así como una serie de construcciones junto al lago de Nemi. Allí atracó dos navíos gigantes, de 70 metros de longitud, auténticos palacios flotantes donde organizaba algunas de sus fiestas más desmesuradas. En las bacanales eran frecuentes las agresiones y perversiones contra las invitadas.

Y es que la vida sexual del Emperador es el elemento más conocido, y a la vez fabulado, de la biografía de Calígula. Se le acusaba de acostarse con las esposas de sus súbditos, de relacionar el sexo con el dolor físico y de tratar de convertir su palacio en un gran burdel. Durante su breve reinado tuvo cuatro esposas y un sinfín de amantes. A Livia Orestila la violó en su propia ceremonia de esponsales y se casó con ella para repudiarla al cabo de unos días.

Representación de una bacanal romana en un sarcófago del siglo III
Representación de una bacanal romana en un sarcófago del siglo III

De sus relaciones homosexuales se suele mencionar, entre los más conocidos, al histrión griego Mnéster y a su primo Emilio Lépido. Este último ejerció un papel protagonista a nivel político hasta que, a finales del 39, el Emperador le acusó de encabezar un complot contra él y ordenó su ejecución. Lépido reconoció antes de morir que había tenido relaciones sexuales con el Emperador y que tenía el vientre dolorido de la pasión que en ellas había puesto, lo que insinuaba que había ejercido él el papel activo en el acto sexual. En este sentido, los romanos, más tolerantes que los griegos con los homosexuales, daban mucha importancia a quién ejercía el papel de activo y quién el de pasivo en la pareja, tanto a nivel sexual como social. La pasividad era sigo de debilidad.

El caballo que quería ser senador

Cuando saltó esta primera conjura contra el Emperador, Calígula reveló otra de sus monstruosidades al deleitarse con la tortura de cada uno de los conspiradores. Observar cómo torturaban a otros era algo que le gustaba hacer desde tiempos de Tiberio. Advertido por esta primera conspiración, Calígula quiso demostrar que era un hombre cabal dirigiendo una campaña militar en Britania. Sin embargo, la invasión fue pronto abortada y el Emperador ordenó a los soldados que recogieran conchas de la playa para justificar que había sido Neptuno quien malogró el ataque.

Las conchas debían ser en Roma la prueba de la gran batalla librada entre su imperial deidad y el dios de los mares, pero lo fue de la locura de Calígula. De vuelta a la ciudad, escandalizó a todo el mundo al anunciar que quería nombrar senador a su caballo Incitatus.

Los restos de uno de los barcos de Calígula
Los restos de uno de los barcos de Calígula

Un gran número de senadores y miembros del ejército romano prendieron una nueva conjura ante las extravagancias y violencia crecientes de Calígula. El 24 de enero del año 41 d.C, un tribuno de la guardia de corp imperial apuñaló a Calígula cuando estaba absorto en la contemplación de un espectáculo teatral. El cerebro de la trama fue un oficial pretoriano llamado Casio Querea, que planeó el asesinato usando el cryptoporticus, esto era, el túnel subterráneo que unía los palacios del Monte Palatino.

Haciendo caso a Suetonio, el pretoriano organizó el asesinato para vengarse de Calígula por burlarse a diario de su voz afeminada, llamándolo Príapo o Venus o dándole la mano para que la besara con actitud exagerada. La participación de los pretorianos en la conspiración sentó un precedente que condenó a Roma a un largo tiempo de inestabilidad.

Pero, ¿son ciertas todas las perversiones que se relatan de Calígula? Para Suetonio y Dión Casio, no cabe duda de que fue un monstruo cruel. Pero siempre es importante desconfiar de las intenciones de los que escriben la historia. Lo único comprobable del caso de Calígula es que, en efecto, se comportó de forma despótica, despreció al Senado y descuidó sus responsabilidades como gestor. Eso convirtió sus extravagancias, fueran exageradas o completamente ciertas, en el lugar de trabajo predilecto para los propagandistas, casi siempre miembros de la casa ecuestre, que querían advertir a futuros dirigentes de lo inadecuado de apartar a los senadores del poder. Escribir sobre los vicios sexuales en una sociedad que felicitaba la moderación era la mejor forma de despreciar a los gobernantes a ojos del pueblo.