Muchos padres se sienten perdidos ante un diangóstico de TDAH en la familia
Muchos padres se sienten perdidos ante un diangóstico de TDAH en la familia - ABC

Día del TDAH«Los padres de un niño con TDAH, de manejo más complejo, no suelen contar con herramientas»

Qué hacer cuando el diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad llega a casa, según una psicóloga

Mi hijo tiene TDAH, ¿y ahora qué?

MADRIDActualizado:

Tienen dificultades para mantener la atención en tareas o en el desarrollo de actividades lúdicas. Evitan comprometerse en trabajos que requieren un esfuerzo mental sostenido. No pueden permanecer sentados en situaciones que lo requieren y, cuando están sentados, cambian de postura con frecuencia y mueven los pies y las manos constantemente. Interrumpen constantemente conversaciones y juegos. Suelen resistirse a la disciplina...

Por lo general, un diagnóstico de Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, más conocido por sus siglas, TDAH, es recibido por las familias como un jarro de agua fría. Muchos padres se sienten perdidos, no saben cómo manejar a sus hijos, o cómo responder ante amigos y parientes. Natalia García, responsable del departamento de psicología clínica y educativa de Psikids, opina al respecto.

Lo primero… ¿cómo asumen los padres un diagnóstico de estas características, a los 6 añitos…?

Con frecuencia con alivio, por fin encuentran una explicación a las conductas y dificultades de sus hijos. Es importante darles un enfoque positivo, desde la perspectiva de que un diagnostico precoz es un predictor positivo de buena evolución. Es cierto que les surgen multitud de dudas, en relación a la evolución y al diagnóstico, incluso, a cómo tienen que tratar el niño a partir de ese momento, si han de ser más tolerantes ante determinados comportamientos, o si, por el contrario, han de ponerle límites más claros y firmes. Por esta razón es tan importante la psicoeducación en una fase inicial del tratamiento, dando a los padres un espacio de comprensión del diagnóstico y orientándoles en el manejo que deben llevar a cabo.

Muchas familias se quejan de que sus allegados, ya sean amigos o familiares, les comentan, les indican, les sugieren qué hacer con el niño. ¿Qué pueden responder?

Creo que este tipo de comentarios son inevitables, y nacen del desconocimiento de lo que es el TDAH. Los padres, bien informados sobre el tema, tendrán respuestas para este tipo de comentarios, explicando cómo los síntomas nucleares del trastorno que presenta su hijo inciden en su comportamiento. Con frecuencia nos encontramos con progenitores que llegan a consulta cargando un gran saco de culpa, acerca de su responsabilidad en la conducta de su hijo, porque no saben cómo hacerlo, y sienten que no son capaces de educarlos. Yo siempre les explico que los padres venimos con unas competencias de serie -vamos, las que nos da el sentido común de cada cual- y que cuando tenemos un hijo de manejo más complejo, por cualquier circunstancia, no contamos con las herramientas necesarias para hacer frente. Educar es una de las tareas más complejas que llevamos a cabo en nuestra vida, y para la única que no tenemos que examinarnos, nadie nos enseña, nadie nos entrena.

Cuándo un niño con TDAH se coge una rabieta, estas son el triple de explosivas. ¿Cómo gestionarlas?

Es cierto que la impulsividad les dota de un plus en las dificultades para gestionar las emociones. Además, suelen ser niños con baja tolerancia a la frustración, así es que no sólo pueden ser más intensas, sino también más frecuentes. Con los niños con TDAH, debemos actuar como con el resto de los niños frente a una rabieta, tratar en un primer momento de acercarnos, para que sientan que nos preocupamos por él, y luego darle tiempo y espacio para que se tranquilice. Tanto a los padres como a los niños, en terapia, se les entrena para que tengan un rincón de relajación donde apartarse en los momentos de descontrol. Allí tendrán los recursos que aprenden y elaboran con el psicólogo, y cosas que le ayuden a tranquilizarse como peluches y cojines. Una vez que se tranquilice, es importante hablar con el niño, más que de qué ha pasado, que con frecuencia ni él sabe porque se inició la rabieta, de cómo se ha sentido, de cómo cree que se sienten los demás cuando se comporta de esa manera. Progresivamente hay que ir dotándole de mayor conciencia de sus actos, de manera que poco a poco mejore en autocontrol.

¿Qué se puede esperar de este tipo de niños?

¡Todo¡ son niños que diagnosticados de manera prematura, tratados desde una intervención multidisciplinar, y con el seguimiento adecuado, no tienen por qué tener ninguna limitación insalvable. Es verdad que en las diferentes etapas de su infancia las expresiones del trastorno pueden ir cambiando y generando diferentes áreas de afectación, y en la adolescente serán otros problemas diferentes. Solo tenemos que ir adaptándonos a las necesidades de cada etapa. En este punto es importante las expectativas que proyectemos en ellos, siempre tienen que promover la superación, no la limitación, a veces de una manera inconsciente y en el afán de modular las repercusiones del trastorno, se les sobreprotege y eso limita su evolución y su crecimiento personal.

Con todos los niños es necesario el orden, pero con estos, ¿más? ¿En estos casos hay que ser extremadamente rigurosos con horarios, sueño, etc.?

Los niños y adultos con TDAH suelen tener dificultades en las funciones ejecutivas, es decir, en aspectos como la planificación, la organización o la gestión del tiempo, por lo tanto requieren de una estructura externa consistente que les ayude a compensar esos déficits. Pero igual de importante es saber dotarle de ese apoyo, como irles dando una progresiva autonomía para que, llegado el momento, sepan funcionar de una manera independiente.

¿Cómo ayudar a mejorar esas funciones ejecutivas con sencillas pautas en casa?

La recomendación que solemos dar a los padres es que les entrenen en el uso de herramientas y soportes externos que les ayuden a compensar los déficits en las funciones ejecutivas, de manera que no sean ellos los que se convierta en «la herramienta». Es un poco el concepto de enseñar a pescar en lugar de dar un pez para comer al día. Por ejemplo, ante la dificultad de gestionar el tiempo de manera eficiente, podemos usar relojes de arena, de manera que la rutina de la mañana vaya medida con este recurso, segmentándola en pequeñas tareas- desayuno, vestirse, peinarse y lavarse los dientes. Para un niño con TDAH, decirle que tenemos que salir de casa a las 8:30 para llegar puntuales al colegio, es como no decir nada, y eso frustra a los padres, quienes cargan de tensión sus intervenciones, lo que les hace menos eficaces en la consecución de su objetivo: llegar puntuales al colegio. Cuando son pequeños, presentarles las tareas de forma visual suele motivarles. Además podemos hacerlo de tal manera que puedan marcar cada vez que cumplen una de ellas, e incentivarles al final del día si han conseguido llevarlas a cabo.

Estos niños suelen tener también problemas de socialización. ¿Cómo ayudarles a crear y mantener amistades? ¿Deben los padres involucrase más en este aspecto?  

De nuevo en esta área la impulsividad les puede pasar malas jugadas, haciendo que tengan dificultades para adecuarse a las normas de los juegos, esperar el turno o sobrereaccionando cuando pierden. Esto en los primeros años de vida, cuando el juego es poco estructurado, no suele ser un problema, pero en los primeros cursos de primaria esto comienza a generar interferencia en sus relaciones sociales. Los padres pueden propiciar situaciones que favorezcan contactos positivos, invitando a casa, que es un contexto controlado, a uno o dos amigos, supervisando de manera discreta la conducta del niño, para luego poder trabajar con él las interacciones que hayamos observado, que no sean adecuadas. De esta manera tenemos la oportunidad de observar su comportamiento, pues con frecuencia los conflictos ocurren en el colegio y no sabemos cómo se han originado ni cómo han evolucionado, por lo que nos es complicado ayudarles. Hay que tener mucho cuidado con los consejos que les damos para solucionar los problemas, ya que con frecuencia tendemos a decirles: tú lo que tienes que hacer es… y no nos damos cuenta que por sus características personales, no van a ser capaces de poner en marcha la solución que le proponemos, por lo que vamos a generarle más frustración. Incluso pueden dejar de contarnos sus problemas porque no se sientan comprendidos.

¿Qué aplicaciones de juegos son recomendables utilizar?

Actualmente hay multitud de opciones de videojuegos y apps que en teoría podrían ayudar a estos niños a trabajar la atención, y otras funciones cognitivas afectadas, pero lo importante es que los padres entiendan que no todas sirven como recurso terapéutico. Para que sea así, tiene que poderse adaptar al perfil de las necesidades de cada niño, cuales son las áreas a estimular, y que se haga un seguimiento de su evolución.

Estos niños necesitan una estimulación elevada para que se activen sus procesos atencionales por los déficits que presentan en esta función, característica que cumplen los videojuegos. Por lo tanto, es un recurso que puede motivarles, pero también, sin el control adecuado, pueden llegar a hacer un uso abusivo con más facilidad, al encontrar aquello que por fin consigue mantenerles centrados en una tarea.

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