«Hay niños etiquetados como vagos que lo que tienen es un problema de visión (que no de vista)»

Al menos entre el 35 y el 40 % de los niños con problemas de aprendizaje tienen problemas visuales, apunta Pilar Vergara, autora de «Tanta inteligencia, tan poco rendimiento».

MADRIDActualizado:

Quizás usted tenga o conozca a un niño o una niña inteligente que no está trabajando en todo su potencial. Su familia ha probado diferentes métodos, distintas evaluaciones por diferentes profesionales, incluso ejercicios de refuerzo con un profesor o una profesora particular, pero los resultados escolares no mejoran. Mientras tanto, este niño o esta niña inteligente cada día se enfrenta a una mayor frustración: en clase va por detrás de sus compañeros, va perdiendo autoestima y tiene el sentimiento de que todo lo hace mal. A veces estos niños y niñas son etiquetados de vagos o acusados de que no trabajan lo suficiente. Pero ni son vagos, ni trabajan poco.

Así lo sostiene la optometrista Pilar Vergara en su libro «Tanta inteligencia, tan poco rendimiento», donde asegura que los problemas visuales a menudo son pasados por alto por parte de los padres, médicos y educadores, sin embargo, estos pueden ser uno de los principales muros que un niño encuentra cuando aprende a leer o escribir. Ella ha tratado de recoger en su libro los indicios y las soluciones que encontramos ante una de las causas más habituales: un sistema visual inmaduro.

La gente confunde vista con visión, advierte usted en su libro. ¿Cuál es la diferencia?

La visión es más que tener una vista de una agudeza del 100%. La vista o la agudeza visual es simplemente la habilidad para ver algo con claridad, es solo una pieza más del puzzle. La visión va más allá, y se podría definir como la capacidad para comprender lo que vemos. Se trata de un proceso complejo que apenas es detectado en los exámenes de vista.

Lo principal es entender, como digo, la diferencia entre vista y visión. Vista es veo claro, veo borroso. El óptico u oftalmólogo es el que pone las letritas lejos y pregunta al niño si las ve o no. A partir de ahí, hay que explorar otras habilidades, como son la agudeza visual, el control de los movimientos oculares, la habilidad de enfoque, la coordinación ojo-mano, la memoria visual y la visualización... ¿Esas habilidades con qué tienen relación? Con toda la actividad que se hace de cerca, la lectura, la escritura, los cambios para copiar de la pizarra, la atención...

Es fácil detectar una miopía, una hipermetropía, o un astigmata. ¿Pero cómo se detectarían los problemas de visión?

Al menos entre el 35% y el 40% de los niños con problemas de aprendizaje tienen problemas visuales, porque cerca del 80% de lo que el niño percibe, comprende y recuerda depende de la eficacia del sistema visual. Esa sería una buena pista que debería llevar a los padres a buscar un profesional para investigar más a fondo la visión de su hijo. Hay demasiados niños etiquetados como vagos cuando muchas veces lo que tienen es un problema en el procesamiento visual de la información.

Si existen sospechas, es un profesional el que debe valorar las diferentes habilidades en el niño. Cómo mueve los ojos al leer (hay unos movimientos especiales de lectura), si se salta un renglón, si sigue con el dedo, si el músculo del ojo está bien...

Que un niño tenga dificultades en la visión podría ser una de las causas de la baja atención.

Sí, pero que quede claro que no todos los problemas de atención, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) son causados por la visión. Pueden estar agravados... Y nosotros desde nuestra especialidad podemos ayudar a ese niño en esa parte concreta que supone su problema de la visión. Lo ideal es un hacer un abordaje completo entre los distintos profesionales implicados en el tratamiento del trastorno.

La buena noticia es que la visión se puede aprender como la habilidad de andar o hablar, dice usted.

Se puede reeducar, que es lo que hacen los optometristas. Es mucho más frecuente de lo que parece no tener estas habilidades. Un ejemplo muy claro y estudiado es la insuficiencia de convergencia, que hace que los niños vean doble. Esos niños que piensan que las letras se mueven... Si alguien tiene un hijo con problemas de aprendizaje, lo primero que se debería explorar es esto. La visión es fundamental e, insisto, no es suficiente mirar la vista. Esa revisión sería incompleta.

Otra cosa curiosa que usted señala es que el niño pequeño piensa que todo el mundo ve como él.

El niño nunca va a decir que ve doble, porque siempre ha visto así. A muchos niños que a pesar de sus problemas leen, habría que darles no un capón sino una medalla. Es sorprendente la cara de los papás cuando preguntamos al pequeño el primer día de consulta cosas como: ¿ves doble las letras al leer? «Claro», contestan. Pero ¿cómo no lo has dicho antes? y responden: «¿es que tú no las ves doble, mamá?». Cuando el problema visual está presente desde el principio ellos no saben cómo se supone que deben ver, o cómo se maneja el mundo, ni que se puede ver de otra forma y piensan que todos vemos así. Recuerdo un niño de 8 años que no podía leer y cuando le pregunté por qué pensaba él que no era capaz me contestó: «¡Sería más fácil leer si las letras no se movieran!».

Por esta razón es importante que el profesional del cuidado de la visión esté bien formado, bien equipado, sea creativo y capaz de ejecutar una evaluación exhaustiva... porque estos pequeños a menudo no pueden responder a los métodos de evaluación tradicionales, o dan resultados que no son indicativos de sus habilidades o capacidades reales.

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