María José Mas, la neuropediatra más viral: «El mito del desarrollo cerebral hasta los 6 años está ya superado»

Entrevista con la médico especialista en Pediatría y Neuropedatría María José Mas, autora del libro «La aventura de tu cerebro»

MADRIDActualizado:

La cuenta de Twitter de la neuropediatra María José Más, desde donde lanza a diario pequeñas píldoras e hilos explicando el intrincado mundo del neurodesarrollo infantil, es de las más seguidas en Twitter, la red social donde esta especialista en el cerebro infantil se bate con soltura. Allí explica a los internautas de una manera clara y concisa en qué consisten términos como TEA (trastornos del espectro autista), TEL ( trastorno específico del lenguaje), o cómo influyen la herencia y el ambiente en el desarrollo de la persona.

Esta neuropediatra cree firmemente que la divulgación y la docencia forman parte de sus obligaciones como médico, y por eso no duda en aclarar y compartir por este y otros medios sus conocimientos. Su último libro, «La aventura de tu cerebro» (Next Door Publishers), es buen ejemplo de ello.

«¿Sabemos por qué un bebé sonríe a su madre por primera vez? ¿Por qué un párvulo se sorprende cuando se da cuenta de que las letras "c-a-s-a" responden al concepto de "casa"? ¿Por qué un adolescente lo cuestiona todo, y vuelve a dormir y a comer como un bebé?», pregunta Mas, en animada conversación entre consulta y consulta. Estas escenas, prosigue, «forman parte del maravilloso proceso de crecimiento y capacitación que experimenta el desarrollo nervioso durante la infancia y adolescencia y suelen pasar desapercibidas para las familias, por lo que no todos los padres disfrutan por igual de este proceso extraordinario».

Usted comparte sus conocimientos en neurodesarrollo infantil para que los padres disfruten de ese proceso, pero también para que tengan pistas y sepan detectar posibles desfases en el desarrollo cerebral de sus hijos. ¿Cuándo deben saltar las alarmas?

Hay que tener en cuenta que hablar de neurodesarrollo implica señalar etapas y edades, y que la variabilidad individual es enorme. Muchos niños sin dificultades en su evolución madurativa son precoces o tardíos en capacitarse para una habilidad concreta, sin que esto indique que exista un problema. Las edades del libro son las más probables para que aparezca una competencia nueva, y en ningún caso deben tomarse como absolutas. El desarrollo individual de un niño debe valorarse en su globalidad por el pediatra. Y si el padre tiene una intranquilidad sobre el neurodesarrollo del niño en particular, lo más sensato es resolverla cuanto antes consultando a este profesional.

En cualquier caso, y como concepto general, una de las razones para observar el neurodesarrollo es, en efecto, comprobar que no hay anomalías ni retrasos que nos hagan sospechar de un problema subyacente. Queremos detectar cuanto antes la posible aparición de alteraciones en la formación del entramado de los circuitos que estructuran el cerebro y así actuar enseguida para intentar minimizar las consecuencias. Pero no es posible definir de forma categórica cuándo se produce un retraso. Solo podemos decir que cuanto más se aleje el neurodesarrollo de un niño concreto de este patrón común a todos, más probable será que tenga un problema real. Por desgracia, las alteraciones del neurodesarrollo solo se hacen evidentes cuando las facultades esperadas a una determinada edad no aparecen.

¿Es solo una impresión o se detectan más trastornos del neurodesarrollo ahora que antes?

El problema, o la realidad, es que los trastornos del neurodesarrollo se diagnostican en base a unos criterios clínicos. Todos hacen referencia a cuestiones cualitativas. Puede haber un factor cuantitativo (un niño que no tiene lenguaje), pero ¿cómo mides que un niño habla más palabras o menos? ¿Cuentas las palabras? ¿Hay facilidad de vocabulario? Aunque existen test y escalas para ello, al filnal hay que basarse en criterios clínicos.

En el autismo, por ejemplo, se habla de dificultades del lenguaje, interacción social inadecuada, pocos intereses y particulares... Esto es difícil de valorar. En los casos con síntomas claros, el diagnóstico es inmediato, pero cuando existen síntomas más sutiles puede ser más difícil. Además, pese a tener un altísimo componente genético, sabemos que ha aumentado, lo que nos hace más sensibles y cautos con el diagnóstico.

No entendemos por qué exactamente, pero ha crecido. El 25% de dicho aumento se debe a criterios diagnósticos (y lo que antes llamábamos discapacidad cognitiva o retraso mental se ha transformado en autismo). Otro porcentaje parece que viene dado por la edad de los padres. Otra parte, debido al aumento de niños que sobreviven a procesos natales graves. Se sospecha también de factores ambientales... Pero tampoco está claro. Y luego hay un grupo nada despreciable que no tiene explicación alguna.

Asimismo, indica en su obra que hay periodos donde determinadas habilidades se desarrollan con más facilidad. Se refiere con esto a las llamadas «ventanas de oportunidades». ¿Cómo están establecidas esas fases?

Esta es una cuestión muy relevante. Desde el nacimiento a los tres años (edades relativas) se produce el gran crecimiento del andamio anatómico de la estructura cerebral. Es cuando se forman todos los circuitos que luego usaremos. Si hay algo que está mal construido, luego no se podrá deshacer. Podrás modificar ese circuito, pero si no es temprano, si no sucede en ese momento, después será muy dificil de modificar. Estamos hablando de un periodo (0-3 años) donde en el cerebro del niño genera de media cada segundo entre setecientas y mil conexiones neuronales nuevas. Sucede de forma natural, a una velocidad extraordinaria que, aunque decrecerá con la edad, permite alcanzar los aproximadamente ochocientos sesenta billones de conexiones que tiene el cerebro adulto.

Después concreta que la siguiente etapa el neurodesarrollo abarca desde los 3 a los 10, aproximadamente.

Entre los tres y los diez años, el niño aprende y comprende su hábitat. Sus redes cerebrales crecen para albergar estos nuevos conocimientos y el dominio cada vez más preciso del lenguaje le permite estructurar sus ideas e interiorizar poco a poco las enseñanzas culturales para entender el mundo y a las personas que lo habitamos. Sería la etapa del neurodesarrollo del lenguaje y del conocimiento del medio.

La siguiente etapa se establece en los diez años. ¿Que ocurre ahí?

Por fin, de los diez años a la edad adulta es cuando se aplica la toma de decisiones con las que se irán especializando los circuitos nerviosos, trazando así los patrones de pensamiento y los gustos que definirán la personalidad única del individuo. Esta es al etapa del neurodesarrollo de la identidad.

¿Hay alguna cuestión de neurodesarrollo que indique que la atención temprana finalice a los 6 años?

Es una cuestión económica. El concepto de desarrollo cerebral hasta los 6 años está ya ampliamente superado. Es verdad que antes se pensaba que el cerebro no sufría grandes cambios a partir de esa edad, pero no es así. Después se forman menos sinápsis, pero el cerebro se modifica durante toda nuestra vida en función del ambiente, de los estímulos... Una idea que debe quedar a nuestros lectores: nunca hay que parar de estimular el cerebro.

Advierte usted que los padres tienen mucho que ver con le neurodesarrollo de sus hijos. ¿Hay algo concreto que es bueno hacer en casa para que ese desarrollo se suceda de forma óptima?

Es tan importante que, según el modo en que un niño reciba cuidados y educación, se modificará e influirá en su neurodesarrollo, y así como puede mejorarlo, también puede causar una patología. Cuando el desarrollo es normal, lo que tenemos que hacer en casa es tener sentido común. Y el sentido común te dice que ofrezcas un ambiente no caótico, en el que se introduzcan novedades a un ritmo suficiente, de forma previsible y constante. Necesitamos tener un ambiente estructurado, en el sentido del orden, donde los estímulos tengan una duración suficiente para poder aprender de ellos. Los entornos ricos en estímulos favorecen la formación de nuevos circuitos neuronales porque ofrecen muchas oportunidades educativas. Si además están ordenados, bien estructurados y se repiten, el ambiente será propicio para que el uso de esos nuevos circuitos culmine en su consolidación.

Por contra, si el medio ofrece pocos estímulos, o las experiencias tienen resultados imprevisibles y cambiantes, si predomina el caos sobre la constancia, la oportunidad de desarrollar y consolidar circuitos cerebrales sanos y eficaces disminuirá. En este sentido, poner límites a la conducta y establecer rutinas de tiempo y espacio mejora la eficacia de la plasticidad neuronal.

Muchos padres se sienten culpables cuando llega el diagnóstico de un trastornos del neurodesarrollo.

La culpa suele estar ahí pero no es real, y es preciso olvidarse de ella. Excepto en algunos casos de negligencia real (entornos de maltrato o padres con una enfermedad mental con actos de delirio...), los trastornos del neurodesarrollo tienen un componente genético muy potente, con un peso muy fuerte. Por supuesto que, salvando mucho las distancias, es como tener tendencia al colesterol y seguir con una dieta con pocas grasas. Será menos probable que aparezca pero puede aparecer igual.

En el caso concreto del autismo, por ejemplo, hay un 80% de predisposición genética. Es decir, de riesgo de que esa característica aflore porque está en su genoma, aunque no hayamos descubierto aún dónde. Pero no es forzosamente heredado. No siempre hay otros casos familiares que expliquen ese rasgo... Tener autismo no es algo que puedas modificar por el ambiente. En el caso del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) esa predisposición genética es de más del 50%.

Cuando hay una sospecha de trastorno del neurodesarrollo, ¿qué hay que hacer?

Lo primero, detectarlo. Parece una tontería, pero no lo es. Y describirlo, porque cada niño es distinto. Hay que conocer a ese niño para ver cuáles son sus dificultades y sus fortalezas. Lo tercero, potenciar las fortalezas, y disminuir sus dificultades. Pero para eso hacen falta medios, profesionales, tiempo, dinero, y ganas. España está infradotada en atención a la infancia necesitada con trastornos del neurodesarrollo.

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