Apego seguro: «Los niños no se crían solos, tal y como se suele decir. Hay que cuidar al que cuida»

Crean un programa de apoyo psicológico materno infantil para los primeros 18 meses del bebé

MADRIDActualizado:

«Es más difícil de lo que imaginaba». «No duerme y no sé qué hacer. Esto es agobiante». «¿Por qué está llorando? ¿Cómo le calmo? A veces es desesperante». «Esto es agotador, qué cansada estoy, no tengo tiempo ni para respirar». Tras la llegada del bebé a casa, muchas familias sufren episodios de estrés y ansiedad debido a este tipo de pensamientos. Ayudar a las madres y a los padres a afrontar esta dura etapa de crianza, y favorecer así el desarrollo emocional saludable de los niños es el objetivo del programa de apoyo psicológico materno infantil Papmi, creado por María Ángeles Cerezo, catedráctica de Psicología de la Universidad de Valencia, directora científica de Ipinfa (Instituto Psicológico de Infancia y Familia), para quien es «altamente necesario reconocer la dificultad de criar».

Expertos en crianza

«Es normal que las familias no sean expertas en crianza, o que tengan las claves pero en algún momento puntual lo pasen mal», corroboran Patricia Gutiérrez y Patricia Sánchez, psicólogas de Centro TAP, uno de las pocas instituciones en ofrecer este servicio. «Debería estar normalizado que con la llegada de un nuevo miembro de la familia las personas encargadas de su cuidado tengan asesoramiento de los profesionales de la psicología, igual que se consulta al ginecólogo durante el embarazo, o al pediatra para garantizar el cuidado del menor en materia de salud física».

«La realidad es que el sistema está enfocado en los cuidados prenatales de la madre y del bebé, y parece que se olvida de que la parte de la crianza, donde el sueño, el llanto, la alimentación son constantes y pueden hacer mella en la conexión entre padres e hijos… Hay que cuidar al que cuida. Porque son dificultades que, con un buen asesoramiento, se convierten en oportunidades de aprender y disfrutar la rápida evolución de sus bebés, evitando a la postre conflictos innecesarios. ¿Cómo no ayudar a las familias a que naveguen con un poco más de timón?», se pregunta Cerezo.

Los primeros 18 meses

La pregunta no es banal. A esta primera fase, «difícil e irrepetible, quizá no se le esté dando toda la importancia que tiene», advierte la doctora y creadora del Papmi, quien cuenta con una experiencia de más de treinta años ayudando a los padres a promocionar un apego seguro en sus bebés en las primeras etapas del desarrollo. «En los primeros 1.000 días de vida se produce el 85% del desarrollo cerebral infantil, y se construyen los cimientos de la capacidad de relación de las personas. ¿Cómo? A partir de la experiencia de interacción con las personas de referencia (madre o padre, cuidador...). El niño, al verse en la mirada del otro, aprende los mecanismos y primeros rudimentos de relaciones sociales. A través de su conexión con nosotros, los progenitores, hacen su tránsito hacia el mundo. Por eso es tan importante que el bebé tenga un buen entorno socio-afectivo», remarca Cerezo. «El apego es un sistema de protección que desarrolla el bebé en su primer año de vida. Favorecer su construcción de forma segura es acompañar al bebé, siendo nosotros (los adultos de referencia) los que traducimos su mundo y sus necesidades corporales, su malestar... dándoles estabilidad y seguridad afectiva», insiste.

Pasaporte de éxito en la vida

Tal y como explica esta experta, las consecuencias de forjar estos lazos son enormememente positivas, «ya que un apego bien construido favorecerá la competencia social de los niños a la hora de entrar al medio escolar». Es decir, explica Cerezo: «una infancia con seguridad y autonomía emocional da recursos al niño para afrontar las adversidades de la vida con resiliencia. Tener seguridad emocional es un pasaporte para ser exitoso a todos los niveles. No tener esa mochila puede llevar al niño a pasarlo mal, a sufrir, y a tener mucho potencial consumido».

De hecho, la ciencia ya establece, insiste esta doctora, «una clara conexión entre las experiencias tempranas desde el nacimiento con la capacidad de aprendizaje futura y la salud física y el bienestar mental infantil. Un desarrollo emocional adecuado es la base de una vida emocional saludable, que se refleja en la capacidad de establecer y mantener relaciones sanas con familia, compañeros, amigos… Es necesario para el desarrollo humano y, por ende, para el progreso social». «Hay que concienciar de la importancia de la relación psicosocial de los bebés», insiste.

Cómo lograrlo

Porque –y así lo remarcan desde Centro TAP las psicólogas Patricia Gutiérrez y Patricia Sánchez–, «los niños no se crían solos, tal y como se suele decir. Salen adelante, eso sí». La crianza, insisten, «no son solo revisiones pediátricas periódicas. Eso está muy bien, porque tenemos que saber si el niño está en las medidas que le corresponden por percentil, pero lo ideal es saber también si psicológica y emocionalmente está bien». «Si no se evalúa al bebé periódicamente, no se puede saber si hay un desfase orgánico. Y es importante la detección temprana para evitar, por ejemplo, demoras en la adquisición del lenguaje y otros hitos importantes en su desarrollo».

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