Escena de 'Jauría'
Escena de 'Jauría' - Teatro Kamikaze

JauríaNo eran manada, eran jauría

El caso de la Manada en los Sanfermines de 2016 marcó un punto de inflexión en la sociedad y en las leyes españolas. Pendiente aún de la última resolución tras la apelación de los acusados, el teatro Kamikaze crea Jauría, la representación del suceso «sin añadir texto alguno de ficción»

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Lo que van a ver y a escuchar a continuación es una ficción-dramática construida a partir de los fragmentos de las declaraciones que tanto denunciante como acusados pronunciaron delante de la fiscalía. Las declaraciones han sido reordenadas, fragmentadas o reducidas, y en ningún momento se ha añadido texto alguno de ficción.

Acto seguido, se ilumina un pequeño cubículo donde se encuentran la víctima y los violadores, que comienzan a tocar palmas mientras cantan: 1 de enero, 2 de febrero, 3 de marzo… Cada vez más alto, y lo que debería reflejar una situación de fiesta y celebración se convierte en un grito molesto. 7 de julio… ¡SANFERMÍN! En menos de cinco minutos, el estómago del espectador ya se ha encogido al menos una vez.

En la cola para entrar al teatro se escuchan las mismas preguntas: si es ético llevar a un escenario un caso así; si le habrán preguntado a la víctima su opinión al respecto; si es buena idea invertir una noche con amigos para acudir a un espectáculo del que saldrás roto… María Hervás, la actriz que se pone en la piel de la chica responde sin dudas: «Si yo no pensara que esta obra no trasciende más allá de lo que han mostrado los medios no lo estaría haciendo».

Jauría te transforma en espectador, pero también en juez y parte. Por un lado, te reactiva ante la normalización del suceso, consecuencia de la gran mediatización: «tú estás leyendo un periódico y es más difícil empatizar porque transformas las palabras en imagen; pero cuando estás viéndolo en un escenario ves cuerpos moviéndose, emocionados y sintiendo las cosas como sucede en la vida. Entonces, el enfoque cambia». Por otro, te enfrenta a ti mismo. Recoge todas las veces en las que pensaste lo mal que lo había hecho ella al quedarse sola, hablarles, besarse, y no tratar de escapar, para ponerte en frente y hacerte reflexionar: ¿y si en vez de culparla por no evitar una violación, enseñamos a no violar? En palabras de Hervás, Jauría «coloca espejos delante de cada uno para ayudar a reconocer las zonas erróneas».

La crudeza del relato deja al espectador noqueado. «Acaban de pasar por un proceso fuerte donde todos limpiamos mucho. La gente empatiza, no solo con la tragedia de la chica; si no también con la del débil»

La representación de otra realidad

En la obra se resumen los diálogos, los gestos y las actitudes de los acusados y denunciante en el juicio. Para preparar su papel, María Hervás construyó el universo de la chica a través de la palabra, «la transcripción literal te ayuda a poner en tu boca las palabras tal y como las construye la persona. Sin darte cuenta te metes en su cabeza y en sus emociones. Elaboramos el lenguaje en relación a cómo vemos el mundo, así que aprendiéndome exactamente lo que ella dijo, me fue naciendo un poco el personaje».

Con esta forma de construir el relato- a través de las palabras literales-, el espectador entra en la realidad de los acusados y ve cómo se jactan de no usar nunca preservativos en sus relaciones, cómo se ríen durante la proyección de los vídeos y cómo se jalean entre sí cuando el Prenda responde con soberbia a la fiscal: «antes de llover, chispea»; o cuando Antonio Manuel Guerrero, el Guardia Civil, reconoce que robó el móvil a la chica, porque «usté sabe, la avaricia».

La segunda violación

A medida que los abogados realizan sus preguntas, estos acaban arrastrando a la víctima de nuevo al cubículo: No recuerda nada una vez entró en el portal. Sin embargo, recordaba la contraseña de su móvil; no quería nada con ellos, pero reconoce haberse besado con uno de los acusados; ¿estaba usted así sentada (pie izquierdo en la base de la silla, bajo la pierna derecha) cuando fue atendida por la policía? ¿no estaba molesta?; subió fotos a Instagram 3 días después; contó a todos que lo había pasado bien; y para acabar, en los vídeos sale con los ojos cerrados ¿hizo alguna señal para hacerles entender que no quería que siguiesen?

En este punto de la obra se escenifica el momento en el que la sesión debe hacer un receso por el ruido que entra desde el exterior, fuera del juzgado se ha organizado una manifestación de unas 300 personas que gritan «yo si te creo».

El antes y después de «La manada»

Grupo de WhatsApp de la Manada tras la detención:

- Pero 6 notas. Y q una tía q folle con 5. no es tan normal. Aunque haya ml de gente.

+ Es que es eso. Y encima todos los los móviles apagados. Tss.

- Iyo, que son ellos tío.

El tribunal determinó en diciembre de 2018, que la condena para la manada sería de nueve años de cárcel por abuso sexual. En la sentencia se evidenciaba las discrepancias entre los jueces y la dificultad de interpretación de la ley en base a los hechos, por muy evidentes que pareciesen.

Desde entonces, en la sociedad española se ha abierto el debate sobre el consentimiento, cualquier tipo de agresión física entre pareja o expareja es considerada violencia de género por el Supremo, y el Poder Judicial cuenta con una comisión especial para la revisión de los delitos sexuales, integrada por 12 mujeres y 13 hombres (en un inicio estaba compuesta solo por hombres). Para la formación de este comité, el entonces ministro de Justicia, Catalá, declaró que la conclusión sea que no hay violencia o intimidación a mí me sorprende, la verdad». Y añadió que parecía «razonable, a la luz de la nueva sociedad española, valorar si ese tipo penal- que data del año 95- es adecuado o si hay que perfilarlo mejor».

La obra termina con una declaración de intenciones. Hervás aparece sentada en una silla iluminada por un foco: «Tenía que salir, tenía que seguir porque al final no podía dejar que esto cortara mi vida, tenía que seguir. Tengo 20 años, me queda mucho».

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