Karl Lagerfeld
Karl Lagerfeld - Reuters

Karl Lagerfeld: el solitario genio de la moda

Comenzó a colaborar con la casa Fendi hace 50 años y con la maison Chanel hace más de 30, construyó su propia marca hace décadas y lideró la creatividad de Chloé durante años

MadridActualizado:

«A mi madre no le gustaban mis dedos, cortos y gruesos. A mi tampoco. Siempre los escondo con mitones de cuero». Acomplejado por no haber sido un adonis, generoso, agudo, exigente, lector compulsivo, reservado y sarcástico, Karl Lagerfeld ha sido probablemente la persona que más ha marcado la moda global durante los últimos 50 años. Su adiós, planificado y bien gestionado, deja no obstante un gran vacío entre sus colaboradores y en la moda mundial.

«Todas las tendencias puedan coexistir en el mismo momento», declaraba Karl en una cadena de radio hace tres años. Consciente de los permanentes cambios en el mundo de la moda, Lagerfeld siempre se esforzó por estar al tanto, por reciclarse: «Me gusta reinventarme, es parte de mi trabajo», declaraba. Y reconocía necesitar cierta soledad para poder recargar «las pilas»de su creatividad, ser un rencoroso sin remedio y guardar su privacidad hasta el punto de tener su casa y -no excesivamente lejos- la casa para recibir a los amigos. En los últimos años, en lugar de ir a las oficinas de las distintas marcas con las que colaboraba, recibía en su estudio particular a cuatro o cinco colaboradores que trasmitían más tarde sus órdenes en cascada. Entre sus mas cercanos, han estado Sebastian Jondeau, compañero, asistente personal y chófer; Eric Pfrunder, director de imagen de Chanel Moda; Brad Kroenig, modelo y amigo; y Virginie Viard, jefa del estudio creativo de Chanel y su sucesora.

«Los dosieres de tendencias son para los industriales, yo no los necesito», explicaba el creador, capaz de diseñar a mano alzada con gran detalle. De pequeño quiso ser caricaturista o panadero, pero, según sus propias palabras, su madre le supo guiar hacia una profesión donde los ingresos pudiesen ser más adecuados al nivel de vida al que estaba acostumbrado. «Ahora de mayor, soy incluso discreto y humilde, comparado con el niño creído que fui. Menos mal que mi madre intentaba que tuviese los pies en la tierra».

Lagerfeld, que comenzó a colaborar con la casa Fendi hace 50 años y con la maison Chanel hace más de 30, construyó su propia marca hace décadas y lideró la creatividad de Chloé durante años. Se declaraba un «robot», una máquina de trabajar. Era, en realidad, una persona con voluntad de hierro, capaz de convertir su físico de comilón impulsivo, vestido en túnicas de Yohi Yamamoto, en una silueta rectilínea embutida en los pantalones pitillo de Hedi Slimane para Dior. Todo a base de Coca-Cola Light y privaciones.

De joven, su rivalidad con Saint Laurent le había marcado: no en vano, Yves le había «birlado» con toda justicia el primer premio en un concurso del Secretariado de la Lana y, años más tarde, le había quitado un novio, Jacques de Bascher. El «Káiser» se prometió ser el numero 1, y eso ha hecho, colaborando de modo externo con varias marcas de altísimo nivel.

Eterno insatisfecho

Solo confiaba en sus empleados más leales y rigurosos. Vestido con sus trajes, sus cuellos de camisa encañonados y de gran tamaño y sus eternos botines de Raymond Massaro hechos a medida, Lagerfeld, polémico e inconformista, ni siquiera estaba satisfecho de su propio trabajo.

Las notas de prensa de Fendi y Chanel tras su muerte, destilan el pesar de los equipos de trabajo de Karl. Afectados por su muerte, deberán mantener in mente su clave de éxito: «Mi trabajo no es replicar lo que hizo Coco Chanel, sino llevar a cabo lo que ella hubiera hecho ahora». Ni la casa Chanel ni Fendi dejarán de triunfar, ya consolidadas desde hace décadas. Pero el mundo no será lo mismo sin Karl Lagerfeld. Auf wiedersehen.