Shaw Lan Wang junto a Alber Elbaz, fueña y responsable respectivamente de Lanvin
Shaw Lan Wang junto a Alber Elbaz, fueña y responsable respectivamente de Lanvin - abc
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Las razones de Shaw Lan Wang para vender Lanvin

La empresaria taiwanesa, de 75 años y dueña de la firma, estudia desprenderse de ella

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La histórica casa de modas francesa Lanvin podría encontrarse de nuevo a la venta. Su propietaria, la empresaria taiwanesa Shaw Lan Wang, duda si desprenderse o no de esta pequeña joya de la costura gala. Desgranamos algunas de las razones que puede haber detrás.

Jeanne Lanvin fundó su casa de modas en 1885. Como tantas otras creadoras de la época, incluida Chanel, había comenzado como sombrerera. Cuando empezó con la ropa fue inicialmente para vestir a su hija. Pronto, las clientas pidieron ir vestidas con los mismos modelos. Fue novedosa, adentrándose en el mundo de la perfumería y creando líneas de decoración para interiores, pieles exóticas, lencería y ropa de hombre, una amalgama realmente revolucionaria en el momento.

Tras su muerte en 1946, un rosario de diseñadores se ocupó sucesivamente de la casa sin gran éxito: Antonio del Castillo, Giorgio Armani, Claude Montana, Ocimar Versolato o Cristina Ortiz, fueron algunos de los más conocidos. Desde 1980, la empresa pasó a ser propiedad de varios grupos: el banco británico Midland, Orcofi –un holding propiedad de la familia Vuitton– y finalmente L’Oreal, que recompró progresivamente la marca desde 1993 a 1996. El gigante francés de la perfumería y la cosmética mundial acabó renunciando por completo a la parcela de costura de la marca, permaneciendo activo únicamente con los perfumes.

Shaw Lan Wang, heredera de una importante familia de editores de periódicos taiwaneses, compró Lanvin a L’Oréal en 2001. Realizó entonces el proceso contrario, vendiendo el negocio de fragancias y cosméticos a Interparfums en 2007, para impulsar a fondo solamente la faceta de la moda de la casa fundada por Jeanne Lanvin. Puso a cargo del proyecto al creativo Alber Elbaz, que contaba con una variada aunque irregular experiencia en moda; había pasado, no obstante, por Geoffrey Beene, Guy Laroche, Yves Saint Laurent y Krizia. Wang apostó por él ciegamente, dándole carta blanca. Elbaz inventó elegantes vestidos de cocktail y gala, una bisutería espectacular, bolsos muy comerciales e incluso una colección de zapatillas de deporte que Michelle Obama ha llegado a lucir en varias ocasiones. Las ventas anuales de la empresa están en torno a los 250 millones de euros.

Pero Shaw-Lan Wang podría estar pensando vender Lanvin. Para empezar, Shaw Lan cumplirá el año que viene 75 años. Ya ha conseguido que una empresa olvidada gane en valor y es el momento de hacer caja. Desde hace unos años, Shaw Lan no gestiona los periódicos de su grupo editorial y la moda, al fin y al cabo, no es su sector. Además, los resultados de Lanvin, si bien han ido mejorando, no son relevantes comparados con los de otras grandes marcas. Los costes de fabricación son altos al trabajar con calidad y sin economías de escala.

Wang reconoce que la competencia de Lanvin en el seno de grandes grupos de moda es mucho más robusta y tiene más recursos que su propia marca. Incluso las pequeñas Givenchy o Celine se apoyan en sus grupos respectivos para salir adelante. Y es que la moda no es un negocio fácil. Quizás los grandes grupos europeos –LVMH, Kering, Della Valle– siempre ansiosos por acumular marcas, busquen hacerse con Lanvin. O puede ser que el creciente grupo inversor de la Familia Real de Qatar, que ha comprado Valentino, busque novedades para su portfolio.

Pero parece más probable que sean otros grupos chinos los que se lleven el gato al agua. Podría ser el enorme grupo multidisciplinar Li & Fung, propietarios de otras marcas de prestigio como Robert Clergerie, Delvaux o Sonia Rykiel, el que intente –a través de otras cesiones industriales– realizar la operación.

No obstante, la señora Wang no está dispuesta a ceder su joya a cualquier precio y aunque ha recibido durante años múltiples ofertas, nunca las ha atendido. Quizás la edad o la salud, también influyan ahora en su decisión final y sea el momento de hacer caja, «casando» finalmente a su bella Blancanieves –Lanvin– con un potente príncipe que cotice en bolsa.