Galliano, disfrazado de Napoleón en un desfile en 2005
Galliano, disfrazado de Napoleón en un desfile en 2005 - epa

John Galliano, segundo golpe de efecto

El diseñador gibraltareño ha vuelto al ruedo de la moda al frente de la firma Maison Margiela

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Ana Guillén, sentada en su casa de La Línea de la Concepción, analiza con cierta desidia cómo la prensa descifra el primer desfile de su hijo para Maison Margiela. Como buena andaluza, siempre llevó a sus hijos de punta en blanco, limpios y bien peinados. Fue ella la que inculcó a Juan Carlos –alias John Galliano– la importancia del vestido. Su hijo ha vuelto a utilizar la varita mágica, reviviendo otra marca de la noche al día.

Como todos los grupos sedientos de nuevas marcas, OTB compró Maison Martin Margiela en 2002 y no dudó en deshacerse del creador más tarde, sin darse cuenta de que muerto el perro se acaba la rabia. Tras años de letargo, Maison Margiela resurge de nuevo.

Juan Carlos Galiano Guillén es el responsable. Nacido en Gibraltar, llegó al Reino Unido a los 6 años. Con un esforzado padre fontanero y una madre ama de casa, cuando se decantó por el diseño de moda lo tomaron por lunático. Pero ese joven problemático y pertinaz supo escalar peldaños hasta llegar a la casa Givenchy, entonces despojada de todo interés, escalón que le permitió más tarde llegar a Christian Dior. John fue capaz de insuflar a una casa con síntomas de "rigor mortis" grandes dosis de vida, pasión y creatividad. Y Dior volvió a brillar como nunca lo había hecho desde la muerte de su fundador, en 1957. Despedido por una conversación privada con insultos de corte nazi, siempre se supo que sus superiores no podían controlar a este "llanito" rebelde.

Segunda oportunidad

En su segunda oportunidad, ahora a bordo de Margiela, John Galliano no ha decepcionado. Ha presentado una colección cruce perfecto entre el estilo Maison Margiela y el suyo propio. Se trata de una propuesta simbólica, porque en esta fecha es ya técnicamente imposible que se realicen pedidos para servir en primavera. Pero Galliano ha salido rápido a la palestra para despejar dudas sobre sus capacidades y poner cuanto antes Maison Margiela en órbita.

Los pocos minutos que duró un desfile austero y esperado, han dado más renombre a la marca que sus veintiséis años de vida. La repercusión mediática ha sido espectacular. La colección tiene el punto artesanal y riguroso de Margiela; el desfile tuvo lugar en una austera sala blanca al estilo de las tiendas de la marca. Con plazas limitadas y sin ornamentos decorativos, John saludó vestido con la clásica bata de médico que llevan los empleados de las tiendas de Margiela. Se había cortado el pelo y lucía un aspecto impecable, un cambio radical para el Galliano de Dior, siempre disfrazado de torero, Napoleón o gondolero.

Martin Margiela revindicaba la moda como un arte en vez de un negocio. Reciclaba e ideaba prendas raras. No aparecía jamás ni hacía declaraciones a la prensa. Ha sido siempre prudente, intelectual, minimalista y tímido. En contrapunto, las colecciones de Galliano para Dior eran siempre las más teatrales, espectaculares y surrealistas del globo. John se convertía en parte crucial de cada desfile, con los más divertidos efectos especiales. Mediático, exagerado, ruidoso, maximalista, exhibicionista e irregular, Galliano ha sido siempre el contrapunto de Margiela.

Su primera colección para la marca ha presentado profusión de sombreros y tocados, guantes, escotes raros, combinación de materiales y mezcla de estilos: un toque más típico de John que de Martin Margiela. Abría el desfile una original, pero elegante, chaqueta-vestido mini en ante, con medias bicolor y plataformas. Ha mezclado corsés con guantes largos de pedrería, capas negras, shorts y pamelas; tampoco olvidó idear vestidos largos con broches gigantes.

Al modo Margiela

Pero parece ser que a partir de ahora las cosas se harán al "modo Margiela"; es decir, con discreción y rapidez. De hecho, se ha modificado el nombre de la casa de modas sin anuncios ni explicaciones, desprendiendo a Maison Martin Margiela del "Martin" central. Ahora solo falta "engordar" una marca ya en lanzamiento y sacarle partido, haciendo caja con artículos más vendibles que los vestidos de los desfiles. Es necesario recordar que tras los sofisticados desfiles de Galliano para Dior, lo que más subían eran las ventas de las laca de uñas de la casa a 20 euros, los perfumes a 60 y algún bolso curioso. En Maison Margiela tienen tarea por delante, pero el primer paso ha sido de gigante.