Cómo sobrevivir al «Vogue»

Siete años después, el posado de las ministras del primer Gobierno de Zapatero para la revista «Vogue» es la mejor metáfora de postrimerías: ya ni hay paridad ni motivo para tantas sonrisas

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1. Magdalena Álvarez, «doblá» de sueldo

El hecho de que al buscar el nombre de Magdalena Álvarez en Google el primer concepto adicional que aparezca sea el de «bikini» demuestra que las bibianistas en cruzada contra el sexismo tienen razón en ocasiones. Porque no se separa el grano de la paja cuando se bucea en los chapuzones estivales de la ex ministra de Fomento y no en su dorada travesía política tras su salida del Gobierno en 2009. Entonces recaló en Bruselas como eurodiputada (una «bagatela» por la que ya se percibe un sueldo superior al de ministro), y hace un año Zapatero la situó como vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI), con un salario que supera los 20.000 euros al mes. Y ahora, «in extremis», trata de promoverla para la presidencia de esa institución comunitaria. Álvarez no ha acabado ni «partía» ni «doblá» porque lo único que se ha doblado ha sido su sueldo. Eso sí, no es una chusquera de la política, sino inspectora de Finanzas del Estado por oposición.

2. Cristina Narbona, ave fénix en el PSOE

Gran paradoja: Cristina Narbona pasó de avalar la interconexión mediante trasvases entre todas las cuencas fluviales de España mientras fue secretaria de Estado (1993) a demonizar esas obras de infraestructura cuando Zapatero la hizo ministra de Medio Ambiente en 2004. Había que terminar de amortizar la «batalla del Ebro». Pero como no supo aplacar la rebelión de Levante y sus desaladoras hicieron agua, no renovó cartera. Eso sí, su mentor monclovita le buscó confortable acomodo: el cargo de embajadora de España ante la OCDE, en el que aún sigue. Y ante su previsible relevo tras el 20-N ha tenido la habilidad de recuperar posiciones internas en el PSOE y convertirse en pieza clave del equipo de Rubalcaba, como coordinadora de la ponencia política: y ya ha logrado pasear a Felipe González por Ferraz. Así sobrevive «políticamente» a su pareja, José Borrell.

3. Carmen Calvo, del entusiasta idilio a la ira

Atrás quedó la gozosa inmersión de Carmen Calvo en las manifestaciones más folclóricas del zapaterismo. Si en 2005 se aferró a la pancarta de la manifestación del Día del Orgullo Gay porque se acababa de aprobar el matrimonio entre homosexuales, seis años después es una «indignada» con el jefe del Ejecutivo que, si pudiera, acamparía en La Moncloa para cantarle la gallina. La de Cabra no solo se queja de que nadie le explicó el porqué de su relevo al frente del Ministerio de Cultura en 2007, sino que ahora ha percibido como un nuevo bofetón el empeño de Ferraz en colocar a su enemiga Rosa Aguilar al frente de las listas de Córdoba para las generales. Así que ha dado un portazo y ha anunciado que después de más de quince años en cargos públicos volverá a dar clases en la Facultad de Derecho de la Universidad de Córdoba, de la que llegó a ser vicedecana.

4. Elena Espinosa y su discreción en retaguardia

Casi un récord: la discreta Elena Espinosa, licenciada en Económicas y soltera, aguantó seis años como ministra tras la foto de «Vogue», todos ellos en el ramo de Agricultura y Pesca, ya fuera con ese enunciado (primera legislatura) o con el cursi pergeñado después de «Medio Rural y Marino». Sin mucho ruido, Espinosa se ha mantenido replegada y aparentemente cómoda en su condición de diputada rasa porque no piensa abandonar la política. Por eso ahora se ha visto envuelta en una riña navajera por las listas: una facción del PSOE de Orense, su tierra, la postulaba a ella como número uno de la provincia, y otra prefería a Laura Seara, la secretaria de Estado de Igualdad que ha relevado a Bibiana Aído tras su marcha al abrevadero de la ONU. Espinosa ha salido derrotada en esa batalla y será finalmente la número dos. En condiciones normales y salvo catástrofe, renovará acta. Es la capacidad de resistencia de quien ocupó su primer cargo político en 1985, a cobijo de los socialistas gallegos. Y ahí sigue.

5. Fernández de la Vega, decepcionada

Las maniobras envolventes de Alfredo Pérez Rubalcaba y la inacción de Zapatero minaron el férreo poder de María Teresa Fernández de la Vega en La Moncloa y lo liquidaron definitivamente hace ahora un año. Desde ese momento, la ex vicepresidenta no se pronuncia en público, pero se explaya en privado. Retirada a su pesar en el balneario político del Consejo de Estado, no estima que se le hayan agradecido en condiciones los servicios prestados al zapaterismo como parapeto y «cortafuegos» frente a la opinión pública. Está que trina. Con la perspectiva del tiempo transcurrido y a pesar de lo nutrido de su fondo de armario, tampoco ve como un acierto el episodio «Vogue», inspirado por las sofisticadas técnicas de mercadotecnia del marido de Carme Chacón, Miguel Barroso. Y más por razón de la intensidad de su trabajo durante dos legislaturas que por motivos generacionales (tiene 62 años), ni se plantea volver a primera línea.

6. María Jesús San Segundo, q. e. p. d.

Hace once meses falleció María Jesús San Segundo, a los 52 años, y la pátina intelectual que Zapatero pretendió dar a su primer Gobierno quedó aún más huérfana, tras el efecto devastador y revelador del paso de los años. Fugaz en su paso por el Gobierno (fue destituida dos años después de su nombramiento, en 2006), San Segundo procedía de la izquierda ilustrada y universitaria patrocinada por Gregorio Peces-Barba. De hecho, antes de ser titular de Educación ejercía como vicerrectora de la Universidad Carlos III de Madrid, institución educativa levantada por el ex presidente del Congreso. Tras ser sustituida por Mercedes Cabrera, San Segundo volvió a la docencia y fue nombrada embajadora permanente de España ante la Unesco, cometido que desempeñó hasta un mes antes de su muerte.

7. Elena Salgado, la refinada superviviente

La declaración de bienes de los diputados certificó lo que ya había sido comidilla de mentideros: que la orensana Elena Salgado tiene un pisito en la Costa Azul. Son los gustos refinados de quien puede disfrutar de ellos por su carácter cosmopolita y por un don de lenguas raro entre nuestros representantes públicos: habla perfectamente francés e inglés. Menuda pero en absoluto frágil, ha resistido el embate de todas las remodelaciones ministeriales, en las que, cuando ha cambiado de negociado, ha sido para ascender. No en vano es aficionada al montañismo. En el Congreso deja una estela de «savoir faire» y es exquisita en su trato con los medios, pese a haberse ganado la imagen de estricta gobernanta en su etapa de Sanidad. Eso sí, la vicepresidenta económica se ve capacitada para no seguir viviendo de la política y ha renunciado a ser candidata.

8. María Antonia Trujillo, o la independencia

«A la política hay que llegar ya cotizado», opina la ex ministra de Vivienda María Antonia Trujillo, quien llegó al Gobierno sin ser militante del Partido Socialista y con su bagaje de profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Extremadura. Lastrada por las chanzas sobre las zapatillas «kelifinder» y los minipisos, Trujillo fue reciclada en la segunda legislatura zapateril como cabeza de lista por Cáceres, pero ahora ha renunciado a volver a ser diputada y reingresará en la docencia, actividad que aliñará con sus asiduas incursiones como tertuliana televisiva. Divorciada y madre de un hijo, Trujillo salió del Ejecutivo por la presión del PSC para que se diera entrada a Carme Chacón. En los últimos tiempos puede atribuírsele el mérito de una «disidencia controlada», escenificada sin demasiadas estridencias en los almuerzos de «maltratados» por Zapatero que celebra periódicamente con sus amigos Carmen Calvo y Jordi Sevilla.