Jorge Sanz: «El éxito es que no olviden tu nombre»

Sus idas y venidas artísticas se las toma con humor. Hoy, se siente recuperado con el teatro y la televisión

MADRIDActualizado:

Niño prodigio, chico de moda, galán imbatible, ídolo destronado o vieja gloria con una enorme capacidad para reírse de sí mismo. En cualquier caso, Jorge Sanz (47 años) es un actor de raza y, además, un buen tipo. Está de vuelta de muchas cosas, tras casi 40 años en el oficio de encarnar vidas ajenas (debutó en el cine bajo la dirección de Pedro Masó en «La miel», en 1979), pero ahora se encuentra en el camino de revivir aquellos grandes momentos en los que estaba en boca de todos. Una obra de teatro, «Tiempo» -«es teatro con mayúsculas, aunque yo me veo más fino como actor de cine», reconoce-, y la serie «¿Qué fue de Jorge Sanz?», han contribuido a rescatarle del ostracismo en el que el paso del tiempo y la vida misma le habían situado. Como él comenta, «al fin y al cabo, Jorge Sanz fue parte de una generación.

-Viendo «¿Qué fue de Jorge Sanz», uno tiene la sensación de que usted lo pasó francamente muy mal durante una época de su vida...

-Se muestran diferentes momentos, lo bueno y lo malo, algunos reales y otros, pura ficción. De vez en cuando nos centramos en la cara B de la fama. Algo así como que, en las alfombras rojas, los trajes son prestados.

-¿Pero vivió realmente esos malos momentos?

-Hombre, claro que los viví, y no una o dos veces... Pero el éxito es permanecer en el tiempo y que no olviden tu nombre. El que de verdad triunfa es aquel que la gente sabe cómo se llama.

-¿Quizás le llegó a usted ese éxito del que habla demasiado pronto?

-Por supuesto, aunque cuando llega siempre es bien recibido. Pero cuando era niño y hacía cine era porque mis padres veían que me seguía aplicando en el colegio. Si no aprobaba todo, ellos no me permitían hacer pelis.

-En la serie, se cuenta que Jorge Sanz cayó en el alcohol y las drogas. ¿Eso también tiene algo de ficción?

-Todo está muy exagerado. Por supuesto que, con 18 o 20 años, uno cae en todo lo que puede. Yo trabajaba y viajaba solo. Imagínate... Llevas una vida disipada. El éxito me cambió en todos los aspectos.

-¿Y por qué cuando estaba tan encumbrado usted dejó de interesar?

-Porque es lo normal. Esto siempre es así. En este oficio puedes estar arriba unos cuantos años y, después, bajas. Y tiene que ser así porque esa nueva situación te obliga a reciclarte, a pensar en nuevas cosas, a reinventarte...

-¿Cuál es la clave para volver tras caer de un pedestal tan alto?

-A mí me gusta mucho esta profesión. Me gustaría dedicarme a esto toda mi vida. Pero le digo una cosa, lo importante es ser fotogénico y que le gustes al público.

-¿Dónde radica su tirón con las mujeres?

-Todo leyenda, todo leyenda. ¡Que voy a ser yo un mujeriego, hombre!

-Esa es la fama que tiene desde pequeño...

-La fama es la fama y, después, la vida te obliga a andar de otra manera. Mi vida sentimental ha sido totalmente normal.

-¿Y cómo es su vida diaria?

-Totalmente normal, como cualquier otra persona. Eso sí, tengo tres hijos con tres madres distintas.

-¿Alguno de ellos sigue sus pasos?

-Sí, el mediano, que se llama Merlín. Podría dedicarse a otra cosa, porque en la profesión tenemos casi un noventa por ciento de paro. De cualquier forma, Merlín es un actor buenísimo, mejor que yo. Pero uno siempre tiene que seguir haciendo lo suyo. Los actores somos artesanos, que vas y vienes. Te olvidan y, luego, la gente te vuelve a retomar, te redescubre, que es lo cojonudo. No hay que ir detrás de la fama, pues es circular y lo que se va siempre vuelve.

-Se dice que tuvo una hija secreta...

-¿Secreta? Tiene 26 años y se llama Marta Sanz, así que no creo yo que sea secreta. La quiero mucho... Y, además está Lope, el pequeño, que tiene 2 años.

-¿Se arrepiente de algo?

-Estoy feliz de la vida con toda mi carrera. Lo cierto es que no me arrepiento de nada.

-Lo tuvo en sus manos, pero no cuajó su aventura americana...

-Hollywood me venía grande. Lo intenté. Fui a la William Morris. Papeletas tenía, tras el éxito de «Amantes», de Vicente Aranda, y el Oscar de «Belle Époque», de Fernando Trueba, pero me proponían películas que no me terminaban de gustar. Tenía que hacer de guatemalteco y de otras nacionalidades y a mi los acentos no se me dan nada bien.

-¿Cómo definiría este momento de su vida?

-El momento en que más estoy disfrutando de mi profesión.