La Princesa Diana con el Príncipe Enrique
La Princesa Diana con el Príncipe Enrique - REUTERS
Documentales

Los hijos de Lady Di la recuerdan como «la más traviesa de las madres»

La evocan con cariño en un documental televisivo con motivo del 20 aniversario de su muerte, que se emite hoy en Reino Unido con motivo del 20 aniversario de su muerte en París

LondresActualizado:

La princesa Diana perdió la vida en el túnel del Alma de París, el 31 de agosto de 1997, con solo 36 años. El coche en el que viajaba con su pareja, el empresario y playboy de origen egipcio Dodi Al Fayed, se estrelló cuando circulaba a gran velocidad huyendo de los paparazis.

Aquel accidente desbordó emocionalmente al pueblo británico y cuestionó hasta la figura de Isabel II, acusada de frialdad simplemente por comportarse con la contención que siempre había distinguido el carácter inglés. Diana sigue viva en el recuerdo popular cuando se acerca el veinte aniversario de su muerte, con las verjas del palacio de Kensington, donde vivió, ya engalanada con flores y carteles en su memoria.

Para algunas miradas fue una mujer más bien frívola y enormemente sobrevalorada. No para sus hijos, por supuesto, que se han propuesto proteger su memoria. Han promovido una nueva estatua en su honor en los jardines de Kensington y han concedido dos entrevistas televisivas evocándola.

La «cadena ITV» ofrecerá hoy en horario nocturno estelar el primero de los dos documentales con participación de sus hijos. El Príncipe Guillermo tenía quince años cuando murió y su hermano Enrique, doce. Ojeando un álbum con fotos familiares inéditas, la recuerdan como «muy divertida, le encantaban la risa y la diversión».

Añaden que era «la más traviesa de las madres, como una niña total y completa». «Uno de sus lemas conmigo era: “Tú puedes ser tan travieso como quieras, simplemente que no te pillen”», revela Enrique, que en su veintena se aplicó el consejo, aunque lo pillaron un par de veces en farras sonadas, una disfrazado de nazi y otra con una bailarina de destape en Las Vegas.

Visita sorpresa

El Príncipe Guillermo cuenta que cuanto estudiaba en el colegio le enviaba «tarjetas con imágenes muy embarazosas, que luego tenían dentro una carta muy agradable». En una ocasión, se encontró con que su madre había invitado la crema de las súper modelos de los noventa: Cindy Crawford, Christy Turlington y Naomi Campbell. «Yo era un niño de doce o trece años que tenía posters de ellas en la pared, me puse todo colorado, no sabía que decir…».

Los hijos de Diana recuerdan con gran pesar en el documental su última conversación telefónica con ella, porque fue muy apresurada, con ganas de colgar por parte de ellos, que estaban de vacaciones con sus primos en Balmoral, disfrutando a tope en el palacio de la Reina. «Enrique y yo estábamos desesperados por decir adiós, ya sabes, “te veo más tarde”.

Si hubiésemos sabido lo que iba a pasar obviamente no habría sido así». Guillermo dice que todavía retiene las últimas palabras que le dijo, pero no las destapa. Enrique por su parte señala que «me arrepentiré el resto de mi vida de cómo fue aquella llamada».

Rompiendo con el magisterio de la Reina, de la vieja escuela del estoicismo y el silencio, los príncipes han optado por exponer sus sentimientos en las televisiones. Han llegado a decir incluso que la introversión emocional clásica inglesa, el famoso «labio superior rígido», provoca problemas mentales.

Harry ha reprochado a sus mayores que con doce años lo obligasen a caminar tras el ataúd de su madre. En el documental destapa que solo dos veces ha llorado por ella: «Hay un montón de pena que todavía necesita salir».

Homenaje a Althorp

A comienzos de mes, el día en que Diana habría cumplido 56 años, acudieron a un oficio religioso en su tumba de Althorp, que estaba penosamente descuidada hasta que ha sido por fin rehabilitada al hilo del aniversario. Althorp es la magnífica finca familiar de los Spencer, que la poseen desde hace cinco siglos, y se encuentra un centenar de kilómetros al Noroeste de Londres.

Diana reposa en una pequeña isla de la propiedad, en el llamado Lago Oval. Guillermo acudió acompañado de su mujer y sus dos hijos pequeños, Jorge y Carlota. Asegura que les habla «constantemente de su abuela Diana». Cree que su madre «sería una abuela adorable, le encantaría, aunque también sería una pesadilla, me imagino sus fiestas de espuma en el baño con los niños».

El príncipe Carlos, de viaje oficial en Canadá, no asistió al oficio. Los príncipes creen también que ha llegado la hora de que su madre sea recordada como se merece, con una gran estatua en los jardines de Kensington, el palacio donde vivió desde su boda con el Príncipe de Gales, en 1981, hasta su sonadísimo divorcio en 1996.

«Han pasado 20 años desde la muerte de nuestra madre y es tiempo de reconocer con una estatua permanente su positivo impacto en el Reino Unido y en el mundo. Nuestra madretocó muchas vidas». Para honrar su memoria destacan su compromiso humanitario con las causas de la lucha contra el sida, las minas y las personas sin hogar.