Argilagos en la exposición de Cristóbal Balenciaga de Guetaria del año 2000, donde surgió la idea de crear el museo
Argilagos en la exposición de Cristóbal Balenciaga de Guetaria del año 2000, donde surgió la idea de crear el museo - Rubén Cacho

En Guetaria nadie espera al arquitecto intruso del caso Balenciaga

El exalcalde Mariano Camio es juzgado por corrupción en la puesta en marcha del museo. Su «íntimo amigo» Julián Argilagos está huido

MADRIDActualizado:

Diez años después, en el Juzgado de lo Penal número 2 de San Sebastián, esta semana arrancaba el juicio por el caso Balenciaga. En la vista se tratarán de dirimir responsabilidades sobre las irregularidades cometidas en la rehabilitación del palacio Aldamar en Guetaria -la antigua residencia de los padres de Fabiola de los Belgas- y su ampliación para albergar el museo de Cristóbal Balenciaga: un proyecto donde se puso la primera piedra en 2001 con un presupuesto de 4,8 millones de euros y que acabó costando 30 millones.

El exalcalde Camio esta semana
El exalcalde Camio esta semana - EFE

Mariano Camio, exalcalde del PNV en el municipio e impulsor del museo, se sentó el miércoles en el banquillo de los acusados. La Fiscalía pide para él ocho años de cárcel por los delitos de administración desleal, falsedad en documento mercantil y malversación de caudales públicos. A la vista no se presentó otro de los principales acusados: Julián Argilagos, el arquitecto cubano que dirigió la obra en sus inicios y sobre quien pesa una orden de búsqueda y captura internacional. El Ministerio Público pide para él cuatro años de cárcel por delitos de administración desleal e intrusismo profesional, ya que no tenía el título de arquitectura homologado en España. En Guetaria no saben nada de él desde 2005, cuando se fue a Miami, alegando que desde allí continuaría con el proyecto, que supervisaría en persona otro arquitecto cubano, Rolando Paciel, para quien la Fiscalía pide cuatro meses de cárcel.

Las claves de la trama

El caso Balenciaga tiene todos los ingredientes de una novela. En la trama principal conviven las corruptelas y artimañas políticas con una supuesta historia de amor entre Camio y Argilagos que habría terminado con la fuga del arquitecto. De fondo pululan «los nobles», así llamaban a quienes formaban el patronato de la fundación -Hubert de Gyvenchy, Sonsoles Díez de Rivera, Óscar de la Renta, Yves Saint-Laurent o Plácido Domingo- y que trabajaron con ilusión para plasmar la huella que dejó el diseñador de alta costura más internacional que ha tenido España. Díez de Rivera, Silvia Arburúa, Mona Bismarck y Rachel Mellon (íntima de los Kennedy y diseñadora del jardín de rosas de la Casa Blanca) donaron piezas al museo. Ramón Esparza (último colaborador de Balenciaga) entregó 90 piezas. De esta última remesa salieron los pañuelos valorados en 600 euros que Camio regaló a «esposas, familiares y amigos de concejales y cargos del PNV», según el Ministerio Público. Camio siempre dijo que esos pañuelos habían sido un regalo que Esparza le había hecho a él.

El evadido de la Justicia con Hubert de Gyvenchy
El evadido de la Justicia con Hubert de Gyvenchy - JJ.AYGÜES

Cuando en 2009 la Fiscalía presentó el escrito de acusación, se confirmó lo que hasta ese momento era un secreto a voces: que entre Camio y Argilagos había algo más que una amistad. En realidad esa historia de amor sigue siendo una incógnita. «Es pura rumorología. Se les veía mucho juntos porque compartían la gestión del Hotel Grand Central de Biarritz y, además, aparecían en las actividades del museo Balenciaga, ya que uno era el arquitecto y el otro el factótum, pero sobre su relación no puedo decir más porque no se sabe», explica Nerea Azurmendi, periodista del «Diario Vasco», a ABC. Ella localizó a Argilagos en 2011. ABC se ha puesto en contacto con él sin éxito, pero en la conversación telefónica que Azurmendi mantuvo con él desde Miami, lo primero que desmintió fue que estuviera ilocalizable y que no quisiera declarar en la fase de instrucción, que comenzó en 2007.

«He tratado de ponerme en contacto con la juez para decirle que quiero declarar, pero no tengo medios para desplazarme a España», afirmó Argilagos. Y añadió: «A los 60 años, mi vida está destruida. No tengo dinero ni tarjetas de crédito. Vivo en mi casa como un okupa, sin agua y sin electricidad, y como gracias a los vales que me da el gobierno». Aseguró entonces que antes de que se creara la Fundación Balenciaga todos sabían que su título no estaba homologado. «De hecho, jamás firmé nada como arquitecto», dijo.

Argilagos calificó de «mentiras y calumnias» las especulaciones sobre su vida privada, aunque el texto de la Fiscalía parececía la crónica de una tarde en «Sálvame». Camio le empadronó en su casa de Guetaria junto a su exmujer y el hijo de ambos. «Fue empeño personal y exclusivo» de Camio dar responsabilidades a Argilagos, por eso sostienen en el escrito que el exalcalde realizó una gestión «gravemente dañosa» del museo con el fin «de enriquecer» al arquitecto, con quien «mantenía una intensa relación sentimental». Por «enriquecer», la Fiscalía se refería a una cláusula del contrato del arquitecto, que decía que sus ganancias se incrementarían si el presupuesto para las obras ascendía. Argilagos pasó de cobrar 510.860 euros a 1,7 millones de euros. Mientras Camio defendía esta semana su inocencia, Balenciaga, que era alérgico al protagonismo, estaría tranquilo de ver que el museo ahora está en buenas manos.