Cayetano Rivera y Carmina Ordoñez - EFE

Carmina Ordóñez, la «divina» que no estaba «divinamente»

Tras catorce años de su muerte las declaraciones de su hijo Julián Contreras Jr. descubren que realmente su madre no estaba tan bien como ella persumia

MadridActualizado:

El 23 de julio de 2004, Eva Carreño, una chica del servicio, encontró a Carmina Ordóñez muerta en la bañera. Tenía 49 años, y como si supiera cual era su destino, «la divina», como muchos la apodaban ya que cuando le preguntaban afirmaba estar «divinamente», siempre repetía ante los medios: «No voy a llegar viva a los cincuenta». Desgraciadamente su profecía se cumplió.

La hija del torero Antonio Ordóñez y Carmen Cristina González tuvo una vida fácil y cómoda debido a los esfuerzos de sus padres. «Gracias al sacrificio y a la entrega de mi padre, me ha dado cantidad de cosas. Pero también recuerdo de niña que ha habido muy pocos días de Reyes que he pasado con papá, porque estaba toreando en América. Eso es duro», expresó la «divina» durante una entrevista en su juventud.

Carmina y el amor

Una niña de bien, educada en los mejores colegios, con las mejores ropas, caprichosa y con una belleza espectacular, así la definieron aquellos que la conocieron. Siempre hizo lo que quiso: siendo menor de edad, con 17 años, se casó con su primer marido el torero Paquirri, pese a la negativa de sus padres. Del amor entre estos dos jóvenes nacieron Francisco y Cayetano Rivera Ordóñez. Se dice que ella fue el verdadero amor de Paquirri, quien después se casaría con Isabel Pantoja. La hermana de la «divina», Belén Ordoñez, afirmó que el torero llamó a casa de su hermana el día que se iba a casar con la tonadillera para decirle que «si ella quería, paraba la boda». Sin embargo, no fue el único matrimonio de Carmina . Carmuca, para los más cercanos, se casó hasta dos veces más: con Julián Contreras, padre de su tercer hijo, Julián Contreras Jr, y con Ernesto Neyra, quien le haría el mayor de los daños.

Su segundo matrimonio tuvo lugar en Miami, por medio de una ceremonia civil, y, aunque años después renovaron sus votos con un acto religioso, la pareja se separó en 1994. El bailarín Ernesto Neyra fue su tercer y último marido. El matrimonio se dio el «sí, quiero» a los pocos meses de conocerse en el Rocío de 1997. Una relación de la que jamás se podría olvidar Carmina y no precisamente por el amor que el bailarin le brindó, sino por todas las palizas que le dio. La «divina» se sentó en un plató de televisión para hablar de sus problemas conyugales y, posteriormente, denunció los hechos ante la Justicia, aunque no le sirvió de nada, pues el bailarín salió impune cuando le absolvieron de los hechos imputados.

El declive final de la «divina»

En «Lazos de sangre», Julián Contreras Jr. habló de una Carmina que no estaba tan «divinamente» como siempre presumía ante las cámaras. «Mi madre se rebeló contra mi abuelo, mi madre se rebeló a la sociedad, mi madre se rebeló a sus hijos, el problema es que al final se rebeló a sí misma, también», así define a Carmen Ordóñez el menor de sus tres hijos.

Pese a que el final de este alma libre llegó hace catorce años aún se sigue hablando sobre que le llevó a la muerte. Se especuló sobre sus problemas con la droga como causante de una sobredosis, pero aquellos quienes más la conocían aseguraron que ya estaba totalmente recuperda. La autopsia no se hizo pública a petición de sus tres hijos, pero por lo que la Policía desveló, Carmina pudo resbalar en la ducha, ya que presentaba un golpe en la cabeza y se descartó cualquier tipo de muerte violenta.