Franco, su esposa, Carmen Polo, y su única hija, Carmen, en la Semana Santa sevillana en 1940 - ABC / Vídeo: 'Carmencita', la hija a la sombra de un hombre frío

Carmen Franco, a la sombra de su padre

No encaró la biografía propia hasta que le llegó la soltería de padecerse viuda, allá en el febrero de 1998, cuando murió Cristobal Martínez-Bordiú

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Nunca fue párvula de escuela, ni tampoco echó un rato en la cocina. Tuvo siete hijos, todos en un tramo intenso de trece años de matrimonio con Cristóbal Martínez-Bordiú. En el deneí de hija única ponía María del Carmen Ramona Felipa de la Cruz Franco Polo, y la viudedad le trajo la libertad, que naturalmente es una suerte de felicidad. Porque Carmen Franco vivió bajo la sombra severa del padre, primero, y luego bajo la sombra también jerárquica del marido, cardiólogo de oficio, que cargó fama alegre de doctor de seducciones diversas.

Quiere decirse que la vida de Carmen Polo incluía el acatamiento, usando sin descuido el dudoso prestigio de no exhibir las emociones. De modo que no encaró la biografía propia hasta que le llegó la soltería de padecerse viuda, allá en el febrero de 1998, cuando murió Martínez Bordiú. Se despreocupaba así de la desobediencia la que fuera una adolescente de dieciocho años al final de la Guerra Mundial. Ella misma entornó, algún día, que no siempre fue feliz, y eso mismo vino a avalarlo, hace poco, la hija Carmen, que practica las ganas de discutir poco y viajar mucho, como su propia madre.

Carmen Franco nació en Oviedo, la adiestraron dos institutrices francesas, creció en soledad, y remató un bachillerato que nunca desembocó en mayores ambiciones universitarias. Al matrimonio con Cristóbal Martínez Bordiú llegó ilusionada, y tras dos años de noviazgo. Venía de una infancia de alternar cuarteles y palacios, de un adolescencia de mirada más bien melancólica, y salía al fin de «El Pardo» para inaugurar el mundo del brazo de un marido de estampa que era marqués de Villaverde. La boda se cumplió el 10 de abril de 1950, y el vestido histórico lo diseñó Balenciaga. Desde ese momento se movió sin escolta, practicó la caza, y viajó mucho, aunque para ella todo viaje siempre ha sido poco viaje. No ha dado un ruido, cuando la han llamado hija de dictador.

Imagen de la comunión de Carmen Franco en 1958
Imagen de la comunión de Carmen Franco en 1958-ABC

A los jaleos públicos de sus hijos tan diversos ha aludido muy poco, o nada. Algún día sostuvo que la vida se volvió más apacible bajo la batuta de Felipe González, porque con Adolfo Suárez arrastraron inquietud. De niña, cuando los viajes inacabables a Asturias, en verano, el padre le cantaba zarzuelas. Ha tenido mirada cálida para los nietos, sobre todo para Luis Alfonso. Presidió junto a su madre, Carmen Polo, la capilla ardiente de Francisco Franco, y ninguna soltó una lágrima en público. De sus propios hijos procura no opinar, porque nunca abandonó la militancia de una existencia silenciosa. Los Martínez Bordiú son un largo ramo popular, que no necesariamente ejercen de adorno en los papeles. Carmen y Jaime son famosos de portada, abreviando, y los demás son Francis, José Cristóbal, Merry, Mariola, y María Aránzazu. Todos, salvo Carmen, viven de la administración de bienes inmuebles, por resumirlo rápido, y de cuando en cuando repercuten en la prensa, por alguna noticia pasajera, o por el litigio de tertulia de las visitas públicas al Pazo de Meirás, que siempre aúpa un titular. La noticia de su enfermedad avanzada la dio ella misma, con la soltura suave de quien relata un catarro. La última vez que la vimos, con focos cerca, fue en el Madrid de octubre, en el teatro de la Zarzuela.