Nicolas Sarjkozy y Carla Bruni
Nicolas Sarjkozy y Carla Bruni - GTRES

Carla Bruni entra en campaña

La mujer de Nicolas Sarkozy recurre al amor para entrar en la intimidad de la opinión pública

JUAN PEDRO QUIÑONERO
CORRESPONSAL EN PARÍSActualizado:

Carla Bruni ha entrado en campaña, hablando de amor, celos, pasión, lecho conyugal… Para intentar relanzar la empantanada carrera política de su esposo, Nicolas Sarkozy, cuya agitación permanente no consigue sacarlo del hoyo de los más melancólicos sondeos.

En vísperas de un largo y cálido verano, antes de aparecer en bañador en su playa privada, de Cap Nègre, en la pequeña localidad de Lavandou (departamento de Var, en la frontera oeste de la Costa Azul), antes de dejarse fotografiar en la Vespa que conduce Nicolas Sarkozy con los muslos al aire, Carla Bruni se ha sincerado con el semanario «Elle» para hablar de amor, que es el recurso supremo para entrar en la intimidad de la opinión pública, con un mensaje positivo y seductor sobre ella, su marido y expresidente.

Madame Sarkozy no peca de galantería con sus antiguos acompañantes: «Tuve amantes… pero no les daba gran cosa. Siempre preferí la soledad y mi trabajo». Hubo el padre de un hijo, antes de la boda con Nicolas Sarkozy, pero nada comparable ni más confortable que la actual vida conyugal: «Con mi marido he conseguido algo que nunca creí llegar a vivir: tras un enamoramiento apasionado, soy la mujer y la esposa de una pareja clásica, como nunca llegué pensar a serlo. Me quedé y sigo muy sorprendida. En principio, no creía ser un prototipo de ese tipo de mujer casada. Pero ahora descubro la gran felicidad, así».

Peor: si Sarkozy llegase a traicionar a su esposa, correría graves riesgos físicos. Carla Bruni oscila entre la comedieta siciliana y el esperpento carpetovetónico: «Si me enterase que mi marido me engaña, lo tomaría mal, muy mal, pero que muy mal. Está totalmente claro que llegaría a un extremo, brutal, oiga, que se yo… le cortaría el cuello, o las orejas, mientras estaba durmiendo, por ejemplo…».

Según un amigo de la familia, Nicolas Sarkozy ha sonreído, «comprensivo», al descubrir tal «revelación» de su esposa: «¡Qué locura! Afortunadamente, no traicionaré jamás a mi esposa».

Infidelidades

Tras el apasionamiento siciliano, Carla Bruni analiza de manera más razonable la cuestión sensible de la infidelidad amorosa: «Hay que evitar la infidelidad. Es peligroso y aburrido, eso de mentir a toda hora. Es el camino directo hacia la separación. La fidelidad es la condición sine qua non del matrimonio. Con el matrimonio se firma un contrato de fidelidad. Quizá por eso fui feliz casándome después de los cuarenta años, mejor que a los veintidós. Más joven, no hubiese podido comprender la importancia del contrato matrimonial».

¿El amor? ¿El deseo? ¿El matrimonio? Carla Bruni lo analiza todo con delicada diplomacia franco-italiana: «¡Me casé hace nueve años! ¡Cómo pasa el tiempo! El principio del amor es lo mejor del mundo. El amor que dura es como un milagro. Lo estoy descubriendo. El deseo es algo muy íntimo, quizá sea una fuerza vital. No creo que el deseo pueda cultivarse, provocarse. Es algo salvaje, misterioso. Quizá el deseo no sea solamente sexual y tenga mil colores y formas, que se ramifica y prolonga con mil otras cosas…».

Esas confesiones más o menos íntimas forman parte de un plan de campaña que quizá vaya mucho más allá de los estrictamente personal. Se trata de una intimidad muy «política». Una forma sutil, no sé si eficaz, de apoyar la candidatura de Nicolas Sarkozy a su posible reelección como presidente, si consiguiese salir del hoyo profundo de unos sondeos melancólicamente ciegos a las sutilezas verbales de Madame Sakozy, embarcada en alma y cuerpo en una larga, dura y cruel campaña política.