Los Duques de Cambridge a la salida del hospital
Los Duques de Cambridge a la salida del hospital - efe

Llegó la princesa más esperada de Inglaterra

Los Duques de Cambridge se muestran «muy felices» con el nacimiento de su hija

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El pálpito del pueblo inglés fue correcto y al final la Duquesa de Cambridge, Kate Middleton, de 33 años, dio a luz a una princesa. La Duquesa había salido de cuentas hace una semana y el país se entretenía con todo tipo de cábalas sobre cuándo llegaría el parto, incluidos estudios sobre los ciclos lunares en las televisiones. Al final fue ingresada a las seis de la madrugada del viernes al sábado y la niña nació dos horas y media después. El parto se desarrolló correctamente, sin complicación alguna, y la pequeña pesó 3,7 kilos, un poco menos que su hermano mayor, el Príncipe Jorge, de 22 meses, que vino al mundo en julio de 2013.

A las seis y cuarto de la tarde (siete y cuarto hora española), solo diez horas después del alumbramiento, los padres y la niña dejaban ya el hospital rumbo al cercano palacio de Kensington, donde se cree que descansarán un par de días antes de poner rumbo a su mansión de campo en Sandringham.

Kate, ataviada con un vestido amarillo de media manga, lucía un aspecto excelente, como si no hubiese pasado hacía solo unas horas por un paritorio. Los padres saludaron a los medios y mostraron a la pequeña, dormida y de bonitas facciones. Posaron muy sonrientes, pero no hicieron declaraciones. Se subieron a un Range Rover negro de gran tamaño y pusieron rumbo al palacio, a unos diez minutos en coche.

La noticia se comunicó a primera hora en el Palacio de Buckingham, con una nota en la valla, que hizo las delicias de los monárquicos que hacían vigilia allí. Pero el gran punto de atención era el hospital de St. Mary, limítrofe con la estación de tren de Paddington. La niña nació en un paritorio privado, la Lindo Wing, donde una habitación cuesta 7.000 euros al día. Allí llegó la buena nueva a las once de la mañana, para regocijo de los súper fans de la Familia Real, que dormían en plena calle frente a la clínica desde hace una semana larga. Hubo cánticos felices de «¡Princesa, Princesa!», con un auténtico enjambre de periodistas de todo el mundo, situados entre vallas de seguridad. Con todo, el ambiente era agradable y distendido, con muchos curiosos jóvenes. Un emprendedor incluso organizó en la calle un puesto de café para atender a la muchedumbre.

El pregonero

El segundo momento efectista fue cuando el pregonero municipal, Tony Appleton, ataviado con su barroco traje de mayordomo de gala, salió a cantar la buena nueva campanilla en mano. Appleton, un tipo simpático y muy cordial, no tenía luego reparo en repetir su actuación para las cámaras de una televisión japonesa y se prestaba con mímica divertida a los inevitables selfies con turistas.

A las cuatro de la tarde se dejó ver el Príncipe Guillermo, vestido con un jersey azulón y unos pantalones sport. Gran ovación y unas palabras rápidas rumbo al coche: «Estamos muy felices. Muchas gracias a todos. Voy a recoger a George». En media hora estaba de vuelta con su primogénito, un niño cuya intimidad han protegido con primor y que aparece contadas veces en público. No se le veía desde su cumpleaños, el pasado 22 de julio. El pequeño dio unos pasitos, pero entró en la clínica en brazos de su padre, saludando con una mano a la multitud a la par que su progenitor. Lucía carita más bien seria, de entre expectación y sorpresa. Vestía muy parecido a Guillermo y su pelo rubio está más largo que en las últimas apariciones.

Cuarta en la línea sucesoria

La recién nacida es la quinta bisnieta de la Reina Isabel II y la cuarta en la línea de sucesión al Trono. Sus posibilidades de llegar a ostentar la corona son lejanas, pero no imposibles, pues no es la primera vez que el hermano que va detrás acaba reinando. Le ocurrió al propio tatarabuelo de la recién nacida, el rey Jorge VI, que sucedió a su hermano mayor, Eduardo VIII, tras su obligada abdicación por su controvertido matrimonio con la estadounidense Wallis Simpson.

La pequeña, cuyo nombre no se conocerá en principio hasta después de que sea presentada a la Reina, tradicionalmente no tendría derecho al título de princesa. Pero Isabel II efectuó una reforma al respecto cuando Kate Middleton estaba embarazada de tres meses de su primer hijo, que rezaba así: «Todos los hijos del primogénito del Príncipe de Gales deberían tener y disfrutar el título de altezas reales, con la dignidad de Príncipe o Princesa prefijado a sus nombres cristianos y otros títulos y honores». Gracias a ese cambio ayer nació una princesa.

Cumplido el pronóstico del sexo, el nombre de la niña es el nuevo entretenimiento nacional. En las casas de apuestas el favorito es Alicia, seguido de Carlota. Después viene Isabel, como su bisabuela, y ya a mucha distancia, Diana, como su difunta abuela.

Se cree que tras un par de días de reposo en el Palacio de Kensington, los Duques y sus dos hijos se trasladarán con los padres de ella a Anmer Hall, la mansión de campo de Guillermo y Kate, ubicada en la gran finca de la Reina en Sandringham (Norfolk), en el Este de Inglaterra. Allí disfrutarán de intimidad, pues por sus amplitudes es territorio difícil para los paparazis.

El Príncipe Guillermo nació en 1982, en el mismo hospital que su hijo; también lo hizo allí su hermano Enrique, que se encuentra en Australia, y su primogénito Jorge, cuyo parto fue más largo que el de su hermana. La Reina, que no acudió al hospital, ayer asistió a una parada militar, a la que se presentó vestida de rosa y muy sonriente, lo que se interpretó como un guiño a la niña.

El país disfruta con todo el asunto, que pone a Inglaterra en el mapa del mundo y muestra el afecto por la monarquía y por sus tradiciones. Además, supone un relax en medio de una larguísima campaña electoral para los comicios del próximo jueves. Los políticos reaccionaron rápido y todos los candidatos se sumaron a las felicitaciones. El primer ministro lo hizo de un modo clásico: «Felicidades al Duque y la Duquesa de Cambridge. Estoy encantado por ellos». El candidato laborista, Ed Miliband, fue más creativo: «Un montón de alegría y felicidad y espero que también algo de sueño». El dicharachero Nigel Farage, el líder populista de UKIP, fiel a su fama cervecera, dijo que había pedido a todos los candidatos de su partido que levantasen una copa por la princesa. De un modo un tanto extemporáneo, destacó también que, con 3,7 kilos, la niña había tenido «medidas imperiales».