Mariano Rajoy, expresidente del Gobierno - EFE

Otro verano de Rajoy en el «pueblo»

El expresidente del Gobierno, quien siempre defendió el ser «previsible» como un valor, dedica sus vacaciones en Pontevedra al senderismo, las visitas al Naútico de Sanxenxo y algún que otro sarao

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En su última aparición como presidente del PP, Mariano Rajoy se despidió abrochando un discurso de cronología inversa. Fue haciendo saltos del final hasta el principio, como burlando las etapas de un tiempo en el que prácticamente no dejó un estrato en la política sin ocupar. De concejal a presidente, se jactaba con frecuencia. Ante los suyos -muchos contagiados por la efervescencia generacional de la nueva política- hizo lo mismo. Les recordó que su adhesión a las siglas había comenzado muy pronto, cuando en sus descansos de opositor a finales de los setenta se empleaba pegando carteles de Alianza Popular «en mi pueblo».

Pero sobre todo Sanxenxo es el lugar en donde se condensa el Rajoy de todas las etapas. La del joven que conoció a su mujer, Elvira Fernández, en un bar de copas; la de aquel ministro que pasaba los veranos en un apartamento frente a la playa de Silgar; o también la fase más reciente y presidencial, en la que se hospedaba en A Casa de Alicia, una casa solariega de Ribadumia a la que le fiaba los días de descanso, lejos del ruido que anidaba en torno a su figura, pero cerca de sus rutas preferidas de senderismo y de algún mesón fetiche, como O tío Benito.

Buena mesa en Cambados

En los últimos días se le esperaba. Y ha vuelto. Ya en su condición de «ex», se le ha visto paseando por varios lugares de la comarca de O Salnés -la quintaesencia turística en las Rías Baixas- o compartiendo mesa en un restaurante de Cambados, según informan personas que conocen sus rutinas.

A comienzos del pasado mes de junio, mientras el PP se batía en duelo para elegir a su sucesor, hizo su tradicional recorrido por la Ruta da Pedra e da Auga, una senda de más de 8 kilómetros entre Ribadumia y Meis que desemboca en el monasterio de Armenteira. Lo hizo al lado de uno de sus incondicionales, el presidente de la Autoridad Portuaria de Marín, José Benito Suárez, y marido de la presidenta del Congreso, Ana Pastor; un dúo al que ocasionalmente se une el vicepresidente de la Xunta y líder del PP pontevedrés, Alfonso Rueda.

Rajoy es de los que camina rápido, pero no necesariamente por el mismo camino. Hace días se desplazó hasta A Illa de Arousa para agotar los senderos del Parque Natural do Carreirón. -paradójicamente, un destino habitual para quienes fueron algunos de sus rivales, como el dirigente y diputado de Podemos, Rafa Mayoral- y esta semana acudió con Suárez a Campo Lameiro para transitar la senda paralela al río Maneses. La noche del jueves, junto a su esposa acudió a la gala a favor de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), en el Gran Hotel La Toja

Por lo demás, cuando el expresidente aparca las marchas por el bosque, frecuenta con «toda naturalidad» las instalaciones del Club Náutico de Sanxenxo, del que es socio «de toda la vida» junto a su familia, y del que llegó a ser su vicepresidente. «Apoquino mi cuota todos los meses», llegó a decir en 2014. Con frecuencia comparte mesa y mantel en el restaurante del club, el punto de partida de las regatas del Rey Juan Carlos, y desde cuya galería Rajoy puede ver la silueta de yates imponentes como el de Amancio Ortega. El expresidente, sin embargo, no se pone al timón.