Una mujer camina frente a dos contenedores quemados el sábado
Una mujer camina frente a dos contenedores quemados el sábado - ISABEL PERMUY

Una oleada de robos en coches y vandalismo golpea La Elipa: «El barrio ya no es lo que era»

Contenedores quemados, ventanillas y retrovisores rotos, pintura esparcida por las carrocerías y papeleras tiradas causan la indignación del vecindario

MadridActualizado:

Algo pasa en La Elipa. El vandalismo azota de nuevo un barrio habitualmente castigado por el abandono. En las últimas semanas, son varios los coches que han aparecido con destrozos: lunas rotas, espejos retrovisores arrancados y hasta botes de pintura esparcidos sobre las carrocerías. La quema de contenedores, en ocasiones con fatales consecuencias para los vehículos aparcados, se ha intensificado a tenor de las incidencias registradas. El sábado, por ejemplo, cuatro cubos ardieron alrededor de las seis de la mañana: uno en la avenida de Daroca, otro en la calle de Pedrezuela y dos más en José Barbastre. «Es un poco extraño que salte la misma chispa en tres puntos tan cercanos y casi a la misma hora», se masculla con ironía en el vecindario.

Algunos afectados alertan también del hurto de piezas de automóviles, estacionados en plena calle. «Hay un grupo dedicado a robar catalizadores en el parque de detrás de Ricardo Ortiz», revela Daniel en referencia al parque de Antonio Pirala. El valor de los metales que contienen estas piezas -platino, paladio y rodio- atrae a los delincuentes hasta los bajos del turismo. «Aquí han aparecido varios coches sin ellos; si saben dónde está, no tardan más de 15 minutos en llevárselo», prosigue este mecánico, afincado en la zona desde hace 30 años. Las ruedas, antenas o limpiaparabrisas son otros de los productos más cotizados entre los amigos de lo ajeno. «Fui a arrancar el coche y tenía ladrillos en lugar de neumáticos», advierte un segundo residente, en este caso, de la calle de Miguel de Unamuno.

Un coche con la ventanilla rota
Un coche con la ventanilla rota

Aunque reconoce no estar al tanto de los últimos movimientos («estas cosas pasan por la noche»), lo cierto es que ese enclave es uno de los más señalados en la barriada. «Cada cierto tiempo, rompen alguna ventanilla o aparecen coches con rayaduras», sostiene Alberto, cansado de un problema que no parece tener solución. Allí, en el cruce con la calle de San Clodoaldo, un vehículo amaneció la semana pasada con la ventanilla rota; a finales de noviembre, otro hecho similar ocurrió muy cerca de la biblioteca municipal y, al otro lado de Marqués de Corbera, una furgoneta fue «bañada» con pintura roja en la calle de María Teresa Saénz de Heredia.

Papeleras arrancadas

La apacible vida que se respira a diario torna sensiblemente al caer la noche. En el parque de La Elipa, conocido como «el parque de los pinos», los jóvenes acuden cada fin de semana aprovisionados con hielos, vasos y botellas de alcohol. «Lo dejan todo hecho un asco. Hace un mes, arrancaron todas las papeleras», señala Leonor, testigo desde su ventana de las juergas descontroladas: «El Ayuntamiento las recogió del suelo, pero ya no las han vuelto a reponer. Han conseguido que nos quedemos sin ellas».

El eje que trazan las calles del Poeta Blas de Otero y Félix Rodríguez de la Fuente, al sur de La Elipa, ya fue uno de los más damnificados en verano. Los bomberos tuvieron que acudir para apagar las llamas que salían de un turismo. «Pasó un grupo de chavales y al momento vimos arder el coche. Muchos vecinos se vieron obligados a bajar de madrugada por el miedo a que sus coches estuvieran afectados», clama por teléfono una mujer. La cadena de quejas es notoria, hasta el punto, incluso, de reclamar cámaras de videovigilancia. Los retrovisores reventados o la sustracción de tapacubos tampoco escapan a una problemática que se suma a la progresiva degradación instalada en el barrio.

En el mes de noviembre, dos hundimientos de suelo en Marqués de Corbera provocaron el colapso de la principal arteria de La Elipa. El primero, ocurrido el día 2, obligó a los bomberos a desalojar un edificio de cinco plantas, situado en el número 57. El socavón, de entre 25 y 30 metros cuadrados y cerca de 3 metros de profundidad, se produjo en la acera como consecuencia de la rotura de una tubería de agua. «Con el lavado de tierras, fácilmente el 30 o el 40 por ciento de la cimentación está suspendida», aseguraba entonces el jefe de guardia del cuerpo, Carlos Tejeda. Los vecinos -diez viviendas, además de dos locales comerciales- no pudieron regresar a sus casas hasta pasados seis días.

Desde entonces, los obreros se afanan en tapar un agujero que ha desatado todo tipo de especulaciones. Más si cabe, cuando el día 5 -solo tres después del primer incidente- un segundo socavón se abría paso unos metros más abajo. En este caso, la grieta tuvo lugar en la calzada y sorprendió en plena ruta a un Citroën, encallado a la altura del número 51. «Por debajo de Marqués de Corbera hay un arroyo», desgrana un anciano en alusión al arroyo de La Elipa. Su curso desemboca en el arroyo de Abroñigal, sepultado a su vez por la actual M-30.

El parque del dragón, emblema del barrio
El parque del dragón, emblema del barrio - ISABEL PERMUY

Por si fuera poco, el pasado jueves varias personas atracaron un banco a punta de pistola. Tras amenazar al personal, los ladrones huyeron con la mayor cantidad de dinero posible. El suceso, registrado en Ricardo Ortiz, 38, terminó sin heridos. Dos meses antes, ocho encapuchados empotraron un turismo de alta gama contra el cristal de un almacén de ropa, en el número 3 de la calle de San Lamberto. Una vez en el interior del local, arramplaron con gran parte del género, que introdujeron en una furgoneta para después, en este vehículo y en otro que se encontraba con el motor encendido, emprender la fuga. Los dueños explicaron entonces que no era la primera vez que sufrían un robo de este tipo, cuyo montante puede llegar a ascender a decenas de miles de euros.

No obstante, la preocupación por el aumento de la inseguridad alcanzó su punto álgido durante las Fiestas de La Elipa, celebradas entre el 13 y el 23 de septiembre. El descontrol en la penúltima jornada -coincidiendo con la actuación estrella, a cargo de Revólver- desembocó en reyertas, dos coches quemados, denuncias por malos tratos y un bochornoso espectáculo de niños y adolescentes bebiendo alcohol. La noche -que acabó con tres adolescentes acuchillados y seis arrestados- resultó tan peligrosa que, sobre las 3.30 de la madrugada, los agentes recibieron la orden de «cerrar» el recinto e impedir la entrada en todos los accesos. En contra de su lema más representativo, «La Elipa ya no flipa».