FESTIVALES DE VERANO

PortAmérica: las estrellas del rock están en los fogones

El festival de Caldas de Reis se reivindica con una competición entre cocineros y músicos para ganar el fervor del entregado público

CALDAS DE REIS (PONTEVEDRA)Actualizado:

Una suerte de circo de tres pistas. En dos de ellas, músicos y sus bandas descargando canciones coreadas por un público generoso y con ganas. En la tercera, cocineros a todo trapo haciendo rock and roll en los fogones, acompañados en un escenario sobre ellos con música en directo, en un espectáculo total. En el PortAmérica se degustan tapas de chefs con una constelación de Soles Repsol al tiempo que Iván Ferreiro al piano (porque no necesita más) recita para la multitud «que no quieres que te quieran, solo dejas que te abracen», una Turnedo con sabor a la albóndiga de gochu asturcelta con encurtidos que Marcos Román, de «Casa Gerardo», prepara para la multitud de comensales, en pleno delirio con «el más Pirata de todos», que dijo Bumbury del creador vigués. Es un inesperado artista invitado. Es un momento único. Son cinco minutos que explican esta mística experiencia gastro-musical que es el PortAmérica.

El rock and roll de los fogones no es en sentido figurado. Pepe Solla, que en este festival hace de todo menos (por ahora) cocinar, se sube al escenario del ShowRocking durante el segundo turno, guitarra en mano, para marcarse un puñado de riffs mientras Wondercovers se arrancan con una atronadora versión del Purple Rain. Abajo, entre maquinas de vacío y planchas en ebullición, con humo que no es de atrezzo sino que huele al piquillo parrillero de Aizpea Oihaneder (Xarma), el ritmo es frenético. Embriagado del momento, y con su hot cat choco y chutney de tomate y mayomiso haciendo las delicias del público, el onubense Xanty Elías (Acanthum) agarra una botella de aceite de Gibraleón y se la lleva al gaznate en modo bota de vino. Es una locura colectiva que funciona como un engranaje de precisión, porque con cocineros de este nivel todo viene preparado de casa. En este nivel de excelencia se improvisa lo justo.

Cuatro horas antes, en el backstage de ShowRocking, se desembalan cajas de frescos recién llegadas. Se ultimas las elaboraciones. Y como quien no quiere la cosa, del grifo de cerveza salen cañas tiradas por Nagore Irazuegi (Arima) o Begoña Rodrigo (La Salita). Soles Repsol en carne mortal, cocineros que se saludan como cuando uno se reencuentra con un familiar tras meses de ausencia. Genealogía del fogón, geniología más bien. Las colas para probar el roll de pollo frío con encurtidos mediterráneos y la barquita de ternera picante de Maca de Castro prueba que el respetable sabe a qué viene. Y no, no es solo a la música. Para el viernes, un puñado de momentos muy esperados: Andoni Luis Aduriz (Mugaritz), Kiko Moya (L’Escaleta) o Diego Gallegos (Sollo). No lo sabemos, pero habrá más. Seguro.

Las perlas de Xoel

El público gallego tiene sus ídolos. Son la gente de la tierra. Si a Ferreiro apenas le hacen falta dos temas para que las gargantas se entreguen a su melancolía, Xoel López tiene también su munición infalible. El alma de «Deluxe» ha reclutado ahora nueva banda (¡y qué señora banda!), un «Combo Viramundo» que juega en el terreno de las versiones, que puede ir desde el Me cuesta tanto olvidarte de Mecano hasta una muñeira con guitarra eléctrica, pasando por Juan Luis Guerra y su café campestre. Aunque uno de los momentos de la noche es el coro másivo con el que los tres mil asistentes de esta primera jornada entona Perlas ensangrentadas, diamante inmortal, patrimonio pop, pieza para el mármol. El segundo escenario no lo parece tanto ahora. Algo así sucederá poco después con «La Casa Azul», una hora entre El momento y La revolución sexual, viaje por el electro-pop de Guille Milkyway y su estética daftpunkiana, aunque sin cascos con visera.

En el escenario principal, dos nombres de mujer. Zahara aterrizó en el PortAmérica entre los sones de «Expediente X», pero salió ovacionada y emocionada con un público que se traía en la mochila sus letras («¿qué voy a hacer con todos los abrazos que hice a medida para ti»?), algunas de sus primeros discos, otras de este «Astronauta» cuyo look cósmico luce en escena. «Qué bonito», se le escapó a la cantante al ver a sus fieles haciéndole los coros. Buen directo el de su banda bajo un sol poco justiciero. No hay ola de calor este verano en Galicia. Eso permite que en la Carballeira de Caldas las familias (numerosas incluso: Marcos e Irene se han traído a sus tres enanos) lleven a los niños y compartan una tarde de música junto al río Umia. Hay buen ambiente en el PortAmérica, que alimenta una agradecida Rozalén, recordando que esta era su segunda visita al festival, antes en busca del éxito, hoy degustándolo a fuego lento, casi casi como se cocina la albóndiga de chuleta, rábano picante y cogollo escabechado de Manuel Núñez (Arume). La albaceteña iba a hablar de la magia de la noche, «pero qué le voy a decir yo a Galicia de magia». Su hechizo funcionó.

Por delante, todavía, dos días de música con cabezas de cartel como Andrés Calamaro, Madness, Depedro o Carolina Durante. Los más jóvenes esperan a Amaia y el puñado de canciones de su nuevo disco. Hay PortAmérica para jóvenes y matores, indies y poperos, solitarios y familias, y comidistas curiosos.