Luís Villares, este lunes, junto al diputado de En Marea Miguel Anxo Fernán Vello (detrás), en la concentración de los trabajadores de Alcoa
Luís Villares, este lunes, junto al diputado de En Marea Miguel Anxo Fernán Vello (detrás), en la concentración de los trabajadores de Alcoa - EFE
Crisis interna en la izquierda populista

Podemos y Esquerda Unida ensayan la toma de control de En Marea

La participación de afines a estos dos partidos permitió tumbar los textos y propuestas de la dirección de Villares. La fractura del grupo en el Congreso es un hecho: Alexandra Fernández lleva un año sin ir a sus reuniones

SantiagoActualizado:

La derrota de Luís Villares y su dirección en el plenario de En Marea del pasado sábado fue la anécdota, ruidosa pero anécdota. Detrás del estruendo con el que los críticos tumbaron el proyecto político del actual portavoz había otra realidad: el abandono de Podemos y Esquerda Unida de su inacción en la gobernanza y toma de decisiones de En Marea para empezar a evidenciar que es su peso político el que va a hacer virar la confluencia hacia el proyecto que ellos consideran con más opciones de éxito electoral, y al que esperan que se sume Anova.

Según explicaron a ABC fuentes conocedoras de este espacio político, por primera vez desde que nació En Marea, EU movilizó a afines para participar en sus órganos de decisión, en una línea de actuación previamente acordada con Podemos, sobre todo después de la victoria de Antón Gómez Reino sobre Carolina Bescansa en las primarias gallegas. Fueron sus fuerzas, junto a los críticos de Villares —los representantes de Anova y las mareas municipalistas de las tres ciudades— los que inclinaron la balanza en las votaciones, y propinaron al portavoz parlamentario un inesperado revés, al que respondió este lunes con críticas destempladas a sus opositores.

De hecho, en conversación con ABC, Villares matizaba una entrevista publicada en «La Voz de Galicia» en la que decía interpretar lo sucedido el sábado como «un golpe de Estado», afirmaciones que cayeron como una bomba en el seno de los distintos partidos que componen En Marea. «Si no matiza sus palabras, tiene muchas dificultades para seguir como portavoz en el Parlamento», afirmaron fuentes consultadas por este periódico, «esas declaraciones son un problema».

Villares reconoció a ABC que tras el plenario «hay un clima enrarecido» y se produjeron «actuaciones irregulares», pero «un golpe de Estado es otra cosa». Su matización se produjo horas después de que referentes como Martiño Noriega, alcalde de Santiago, se refiriera a esas declaraciones como «especialmente desafortunadas», un sentir compartido en Anova y Esquerda Unida. Unos y otros llegaron a plantearse la sustitución de Villares como portavoz del grupo en el Parlamento de Galicia si el magistrado en excedencia no hubiese reconsiderado sus duras palabras.

La toma de control de Podemos y Esquerda Unida de los designios de En Marea se va a producir a corto plazo, en las próximas votaciones al Consello de las Mareas previsto para finales de diciembre. De nuevo, la izquierda unirá fuerzas con Anova y las mareas municipalistas para imponer su lista, y con ella empezar a alterar el rumbo de la confluencia, después de notables desencuentros con el modelo político que propone Villares, más inclinado hacia el nacionalismo que a la izquierda, precisamente como reclaman Podemos y EU.

Mientras tanto, Villares intenta restarle dramatismo a la situación interna de En Marea, que considera que es «un signo de normalidad democrática», y no cree que lo vivido el sábado represente un cambio en la correlación de mayorías internas, lo que se traduciría en una pérdida de apoyos para continuar como líder de la confluencia. «El respaldo se verá el mes que viene», vaticinó a ABC mirando a las votaciones de noviembre, y limitó las duras discrepancias internas a «una diversidad que hay que componer».

En el bando crítico no entienden cómo no sabía que iba a perder las votaciones sobre la estrategia política a seguir de cara a las próximas elecciones municipales, ya que las distintas victorias que Villares logró en el pasado «fueron por incomparecencia» de sus opositores. Así, atribuyen a la obstinación del propio portavoz en la defensa de sus tesis el hecho de que se le desautorizara públicamente al retirarle la palabra mientras intervenía desde el atril, un feo gesto que desnudó la fractura interna de la confluencia.

Grupo roto en las Cortes

Otra de las cicatrices del plenario fueron las declaraciones de la diputada en el Congreso Alexandra Fernández censurando la actitud del resto de sus compañeros de grupo parlamentario al negarse a rendir cuentas ante la militancia de En Marea. Fernández acusó a la Marea en las Cortes de ser «satélite» de Podemos y a «dos o tres diputados» de decidir por su cuenta la dirección política a seguir.

Ayer, durante una entrevista en la TVG, Antón Gómez Reino negó que hubiese fractura o descoordinación en el grupo, y se limitó a plantear la necesidad de «refundar» el espacio político de En Marea, una apelación escuchada también en las últimas semanas a Anova.

Pero la realidad del grupo parlamentario es otra. Desde comienzos de año, Alexandra Fernández no participa en las reuniones del grupo, y se limita en la mayoría de las sesiones a acudir a votar al Congreso. El motivo de sus diferencias fue la desautorización que le hizo Anova, el que era su partido, el pasado diciembre, cuando le negó la portavocía rotatoria de En Marea y se la entregó a Miguel Anxo Fernán Vello, una decisión que este comunicó a Fernández y de la que no tenía conocimiento.

Desde entonces, Fernández se ha alejado de En Marea para alinearse con un sector próximo a Villares y en el que estaría otro nombre como Lidia Senra, la eurodiputada que cuestionó la seguridad de las vacunas y a la que le vence ya su etapa en Bruselas.