Ferran Garrido - Una pica en Flandes

Dolores, la Vega Baja

«Toda la Vega Baja está inundada. Arrasada por la fuerza del agua»

Ferran Garrido
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La imagen, al llegar, no era más que el anuncio de una tragedia repetida, un desastre de magnitud sin medida que se ha llevado por delante la esperanza y el modo de vida de toda una comarca. Y, lo que es peor, varias vidas humanas. A los 10 minutos de estar allí, en mis ojos ya no era una imagen. Ya no es una imagen. Es un amargo sentimiento causado por el impacto de la desesperación y la impotencia… De amargura.

Son tantos los municipios afectados por las inundaciones que, seguramente, sería injusto concretar la crónica de lo sucedido en uno solo. Pero esto no es una crónica y, a mí, las circunstancias me levaron a cubrir la actualidad de lo que estaba pasando en la localidad de Dolores. Nunca podré olvidar lo que hemos vivido allí estos días.

Desde Televisión Española nos volcamos en medios para cubrir la información y para dar visibilidad a lo que estaba ocurriendo. Creo que nunca me podré sentir más satisfecho del trabajo realizado por un grupo de profesionales de TVE, entre los que me encuentro. Ni más orgulloso de ellos. Pero ese trabajo es sólo una ventana abierta al mundo que nos ha ido mostrando lo que allí ocurre.

Con la satisfacción del servicio público prestado a la sociedad durante esos días, me siento en la obligación de no dejar pasar por alto algunas reflexiones que me llevan a destacar la calidad humana de una población volcada en el esfuerzo de sobrevivir al desastre y de ayudar a sus vecinos, a miles de personas que lo han perdido todo y que vivieron con horror la fuerza imparable del agua. Y sus terribles consecuencias.

Las lágrimas y la emoción de un alcalde ante nuestras cámaras simbolizan la desesperación que sienten tantos y tantos habitantes de la Vega Baja que necesitan de nuestra ayuda como Comunidad y que se merecen no ser olvidados para poder rehacer sus vidas y recuperarse ante la adversidad y la desgracia.

En realidad sólo escribo este artículo para poner en valor su voluntad y su entrega simbolizada en la ola de voluntarios que durante esos días se volcaron con los afectados. Aunque allí, en realidad, todos están afectados.

Con el agua por la cintura, con el agua al cuello, en Dolores, como en el resto del territorio inundado, vi llegar a cientos de personas dispuestas a entrar con su ayuda allí dónde nadie quería entrar. En realidad, allí donde todos querían salir, ellos querían entrar.

Un vecino de Dolores transporta objetos personales en una canoa al tener su casa inundada tras la DANA
Un vecino de Dolores transporta objetos personales en una canoa al tener su casa inundada tras la DANA - EFE

Vecinos anónimos, guardias civiles francos de servicio, miembros de las policías locales que prolongaban sus esfuerzos de forma voluntaria, militares de permiso, personas pertenecientes a clubes náuticos que ponían sus embarcaciones al servicio de todos… Ellos son el ejemplo de lo que, a partir de ahora, todos debemos hacer para no escatimar ayuda a la Vega Baja.

Es, sin duda, de justicia agradecer el trabajo realizado por los Bomberos, la Policía Nacional, La Guardia Civil, Las Policía Locales y los miembros de Protección Civil y los Servicios de Emergencias de la Generalitat, por supuesto, la Unidad Militar de Emergencias (UME), que se volcaron sin pausa para realizar miles de rescates y llevar ayuda a todo aquel que lo necesitaba. Que aún lo necesita.

Pero no quiero que nadie olvide a esos voluntarios anónimos que surgían por decenas cuando más falta hacía la ayuda. Los vi con mis propios ojos. Y es de justicia no olvidarlo jamás.

Ya sé… ya sé… son muchos los municipios afectados, inundados, arrasados por la fuerza de la lluvia y la crecida del río Segura, pero a mí el agua me llevó a trabajar en Dolores. Y siempre lo voy a llevar en mi memoria y en mi corazón. Con el recuerdo de la tragedia y el inmenso cariño de la solidaridad.

Por favor, que nadie se olvide de la Vega Baja. Nos necesitan más que nunca.

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