Bomberos, con una autoescala, revisan las cornisas de la torre de la catedral de Toledo
Bomberos, con una autoescala, revisan las cornisas de la torre de la catedral de Toledo - Luna Revenga

La torre de la catedral de Toledo, lista para una nueva mejora

Las obras, que comienzan después del Corpus, no son las primeras a las que ha sido sometida esta estructura. Entre ellas, incluso, se reparó por un incendio y por la caída de varios rayos

ToledoActualizado:

Siete siglos la contemplan. Sobria y firme, se alza sobre los tejados del resto de edificios de la ciudad. Como un gigante de piedra, la torre de la catedral primada de Toledo se hace mayor y, aunque aparentemente no tiene grandes achaques, necesita unos pequeños retoques para combatir los envites del paso del tiempo y lucir más bella.

Será después del Corpus Christi, la fiesta grande de Toledo, cuando un andamio cubrirá toda la torre hasta la barandilla superior de piedra (unos 50 metros de altura) para restaurar esta estructura. Así lo ha explicado esta semana el Ayuntamiento de Toledo, que, en la Junta de Gobierno local, concedió licencia de obra al cabildo catedralicio para realizar estos trabajos, que han sido presupuestados en unos 800.000 euros y como mínimo tendrán una duración de siete meses.

Esta actuación en la torre, construida entre los siglos XIV y XV, llega con las imágenes aún en la retina del incendio de Notre Dame en París y después de que el pasado 14 de octubre de 2018, a primera hora de la mañana, una pieza de una de las cornisas de granito cayera desde lo alto a la calle Arco de Palacio. Esta será la primera vez que, desde su construcción, sufre una intervención de estas características. «No ha habido ninguna intervención general hasta ahora», desvelaba el pasado 7 de marzo el deán de la catedral, durante la presentación del proyecto de restauración.

Para la realización de este proyecto, la empresa designada por el Cabildo de la catedral de Toledo hizo una inspección pormenorizada de las fachadas y cornisas de la torre, que se centró en los cinco primeros cuerpos (hasta una altura de 50 metros), con una superficie aproximada de 2.650 metros cuadrados, según informaron fuentes catedralicias.

Cornisa de la torre de la catedral desde donde cayó la pieza de granito
Cornisa de la torre de la catedral desde donde cayó la pieza de granito - Luna Revenga

El informe resultante arrojó datos sobre ciertas patologías: «La acción del agua protagoniza pérdidas volumétricas en los paños y superficies de la zona inmediatamente inferior al plano de incidencia de la lluvia, además de erosionar y deteriorar la juntas de las piedras debido a la escorrentía».

Es por ello que ahora, después de la fiesta del Corpus, los operarios comenzarán a trabajar en la rehabilitación, desde la barandilla superior de piedra hasta la calle, es decir, todo lo que es el cuerpo de la torre, excluyendo de la reforma la parte de la aguja superior, donde se intervino en la década de los años ochenta y noventa del siglo XX.

Pero esta no es la primera vez que la torre de la catedral sufre los envites del paso del tiempo. Así lo explica la historiadora Amalia María Yuste Galán en el capítulo «Historia de la torre y restauraciones hasta el siglo XVIII», dentro del libro La Catedral de Toledo. Dieciocho siglos de Historia. En él cuenta que esta estructura ha sufrido a lo largo de los siglos numerosos daños y ha tenido que ser restaurada, incluso casi un siglo después de terminar de construirse. De este modo, señala, «entre 1511 y 1636 las reparaciones fueron constantes en sus coronamientos, pasamanos, estribos y claraboyas, y en 1660 se quemó el chapitel, restaurándose en 1682, según consta en una placa de mármol colocada en un pilar del lado sur».

Ya en el siglo XVIII, Yuste Galán relata que «durante los pontificados de Fernández de Córdoba (1755-1771) y de Lorenzana (1772-1800), tuvieron que repararse algunos elementos estructurales. En 1804, según la inscripción que aparece en un pilar del costado occidental, se rehicieron algunos machones y se reforzaron los pilares. El arreglo consistió en la unión del pilar al estribo del octógono rellenándolo de sillería y asegurándolo por medio de unas grapas de hierro, además de tapiar dos de los ocho vanos».

Dos rayos en el siglo XIX

A mediados del siglo XIX, de nuevo, dos rayos la alcanzaron y, tras el segundo, se instaló un pararrayos. En ambas ocasiones se tuvo que reparar el «alcuzón» —voz popular que recordaba la forma de las antiguas «alcuzas» o aceiteras de forma cónica— bien distinta de la que podemos contemplar en la actualidad.

Sobre este hecho ahonda Francisco García Martín en su libro Gestión del patrimonio catedralicio (1836-1931): «Las reliquias colocadas en un vaso situado en el coronamiento de la torre no bastaron para que dos rayos, uno caído en la primavera de 1855 y, otro, cuatro años después. El de 1859 puso en evidencia la desprotección de la fábrica catedralicia ante los elementos atmosféricos. Ambos obligaron a restaurar el “alcuzón” de la torre. Ya el primero motivó la petición por parte de los capitulares y la Junta de Reparación de Obras de un pararrayos. Tuvo que caer el segundo para que se agilizasen los trámites y se completara la instalación protectora».

La siguientes restauraciones se realizaron en el siglo XX, una primera en 1952 y otra finalizada en 1991, cuando el anterior arquitecto conservador del templo, Ignacio de las Casas, hizo una intervención en el chapitel de la torre. A pesar de todas estas intervenciones el perfil de la torre del siglo XV se ha logrado mantener hasta hoy como nos muestra la vista que hizo de Toledo en 1563 Anton van den Wyngaerde.

La última restauración, que es la más documentada de todas las actuaciones hasta la fecha, es la que se llevó a cabo ya en el siglo XXI, en concreto, en 2011, cuando se trabajó en la Campana Gorda. De ello se da cuenta en el libro La Catedral de Toledo. Obra y fábrica, de los autores Pedro Nacascués Palacio, José Miguel Merino de Cáceres y Valentín Berriochoa Sánchez-Moreno.

El objeto de la actuación fue la restauración de los interiores de la torre para facilitar el acceso del público hasta el nivel de las campanas, como sucedía tiempo atrás. Las obras fueron dirigidas por los mismos arquitectos del claustro y la empresa adjudicataria  fue Tragsa, con un plazo de ejecución entre septiembre de 2010 y marzo de 2011, con intervención en las estancias y husillos interiores de la torre, afectando a una superficie de 400 metros cuadrados.

Según cuentan los autores de La Catedral de Toledo. Obra y fábrica, «en las obras de restauración fue eliminado el revestido de los lienzos dejando patente el despiece de la sillería y los espacios englobados en el grueso del muro que anteceden a los ventanales de sus cuatro costados, apareciendo tras un tabique, que fue desmontado, el canal de desagüe que evacuaba el agua de un fregadero al exterior. En la cara inferior del forjado que forma el techo de la estancia se construyó un alfarje de vigas de madera que es atravesado por las poleas de los contrapesos del reloj».

Campana Gorda de la catedral de Toledo
Campana Gorda de la catedral de Toledo - Ana Pérez Herrera

En el camaranchón, bajo el nivel de las campanas, se procedió a eliminar unos tabiques que la subdividían y a la limpieza de sus paramentos. «Mientras se realizaban estas tareas, aparecieron dos pinturas murales con inscripciones no conocidas hasta la fecha», señalan. La estructura de madera fue reparada y se desmontó el pavimento que forma la sala de campanas, sustituyéndolo por un entablado de madera con las juntas abiertas para dejar pasar la luz natural a lo que antes era una oscura cámara.

Acceso a la sala de campanas

Según recuerdan, «el acceso a la sala de campanas, sobre el camaranchón, estaba resuelto, antes de las obras, mediante una irregular escalera de caracol, construida con fábrica de ladrillo, situada en el rincón suroeste, que resultaba de muy difícil tránsito para las visitas del público. En las obras realizadas se trazó una sencilla escalera de madera, de tramo recto, que permite acceder al interior de la Campana Gorda en el centro de la estancia».

El cuerpo de campanas forma una sala cubierta por bóveda de ojivas, cuya clave está decorada con el Cordero Místico en relieve. Los arcos cruceros, semicirculares pero de sección similar al de los del cuerpo inferior, arrancan de los ángulos de la estancia sin basas ni capiteles. «La intervención que se llevó a cabo —continúan— afectó a la reparación de los paramentos de cantería vista y de la bóveda, actuando sobre el revoco de los plementos, que se encontraban singularmente deteriorados, realizando la reposición del revoco con despiece fingido».

Finalmente, viene el cuerpo de remate con una estructura gótica muy abierta, que constituye el segundo cuerpo de campanas, terminada con una aguda pirámide de planta ochavada y coronada por una cruz a más de noventa metros de altura. En este nivel se procedió a la limpieza de las rejas, adecuando simplemente las instalaciones ya que, tras ser objeto de una restauración anterior, su estado de conservación era bueno. Es aquí donde Gabriel, el protagonista de La Catedral, de Vicente Blasco lbáñez, subió para contemplar la ciudad de Toledo y donde «el viento tibio pasaba murmurando entre las grandes rejas que servían de jaulas a las campanas».