Simpático gesto del poeta y escritor
Simpático gesto del poeta y escritor
ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Registros múltiples de un activo escritor

Entrevista con el poeta y escritor Pedro Antonio González Moreno

Actualizado:

La novela La mujer de la escalera, de Pedro Antonio González Moreno, publicada por la editorial Siruela, ganadora del prestigioso Premio Café Gijón, lleva ya un año ocupando los selectos estantes, mostradores y escaparates de las mejores librerías. Su autor, un manchego nacido en Calzada de Calatrava, residente en Madrid, es un creador sumamente versátil e imaginativo.

Galardonado como poeta y ensayista en diversos e importantes certámenes, su escritura alcanza el libro de viaje, la crítica, el estudio literario, la lírica. Sus libros han aparecido en reconocidas editoriales. Nos encontramos él y yo, de incógnito, en el bar Penalty de Valdepeñas, como invitado de piedra el poeta valdepeñero Joaquín Brotóns, y al amor de unos tintos Corcovo charlamos de su dinámica singladura. Al primer sorbo yo le pregunto si esa conjunción suya de prosa y verso supone dialogar con la propia literatura, con los escritores muertos y con los escritores vivos:

«Sí, la literatura es siempre diálogo (con uno mismo, con los demás o con la propia literatura). El acto de escribir, como el de leer -ya sea a los vivos o a los muertos- es siempre un acto de comunicación. Y cada género tiene su propio lenguaje y sus lectores distintos. Ese diálogo es más íntimo en la poesía y más abierto en la narrativa, por su mayor campo de lectores. Yo nunca he concebido la escritura como un acto onanista, pues cada libro adquiere su pleno sentido en el lector. Para mí esos tres géneros (poesía, ensayo, narrativa) son como tres cuerdas de un mismo instrumento, que es el de la escritura».

Al segundo sorbo, yo sigo sosteniendo mi opinión de que los poetas, más que hacerse, nacen con ese don poético que los deja marcados para siempre. ¿Está de acuerdo Pedro Antonio?:

«Yo no creo que se trate de un don o de una ‘gracia’, como aquella de la que Cervantes dijo que no quiso darle el cielo. Como mucho, se trata de una predisposición, que luego se refuerza o potencia gracias a ciertas lecturas o circunstancias de cada uno, que son las que le llevan a escribir. Si fuese un mero don innato, la poesía no precisaría de esfuerzo, de trabajo y de un mínimo de formación. Recuerda aquello que otros dijeron: que cuando llegue la inspiración nos pille trabajando».

¿Tú crees, Pedro, que la secuencia poética se debe también a una narratividad, si bien la imagen poética queda mejor irracional?:

«El irracionalismo poético se puso de moda en las vanguardias de hace un siglo y entre autores del 27 como Aleixandre, y ha sido una de las tendencias más cultivadas hasta hoy. A la lírica le viene bien la imagen irracional porque conecta con su espíritu de búsqueda y exploración de nuevos caminos expresivos, aunque como contrapartida puede oscurecer la expresión y distanciar al lector. Pero lo oscuro, lo irracional o lo órfico, han alternado siempre con una tendencia de línea más clara y narrativa. Y esa doble orientación no es nueva en la poesía española, se registra ya desde el Barroco, pues ya Góngora o Quevedo poseían esa doble inclinación hacia lo culto y lo popular».

Segundo vino. Le pregunto al amigo cuál ha sido su búsqueda esencial en el camino recorrido por sus tan ilustrativos ensayos:

«Mi intención, sobre todo en los ensayos de La musa a la deriva, ha sido reflejar una verdad esencial y quizá también incómoda: el estado de diversidad, saturación y confusión en que se encuentra la lírica de las últimas décadas. Una situación donde se ha impuesto la ley del ‘todo vale’, y que se vuelve aún más farragosa debido a la sobreabundancia de premios literarios, antologías, muestrarios de poesía presuntamente joven y última, o al creciente protagonismo de las redes. Y todo ello dentro de un circuito demasiado cerrado que cuenta con escasos lectores».

A mi juicio (esta segunda copa va extinguiéndose), en sus ensayos Pedro Antonio González Moreno ha querido someter los hallazgos teóricos, las conclusiones preceptivas, con la experiencia del ejemplo concreto. Por eso hay tantos nombres en sus escritos ensayísticos. Le inquiero por la razón que habita en la práctica de esta virtud:

«La abundancia de nombres se debe, por un lado, al carácter panorámico y abarcador del libro, y a la cantidad y diversidad de tendencias que se analizan en él. Y por otro, se debe a la propia naturaleza del género ensayístico, cuya mecánica interna aconseja que toda argumentación vaya seguida de sus correspondientes ejemplos».

La mujer de la escalera cumple a la perfección con las reglas de la tendencia novelística: consistente elevación de los personajes, tempo adecuado en el relato, tema tangente, en este caso el cultural, manteniendo el hilo de la historia… Y otra cosa importantísima: el haber conseguido en su novela un acertado factor sorpresa final que recoge sorpresivamente toda la narratividad desarrollada. ¡Anda, Pedro, vamos a pedirnos otro! ¿Ocurre en tu novela como digo?:

«Así es. Por los comentarios que me han llegado de muchos lectores, ese desenlace imprevisto, o ese factor sorpresa, parece que es todo un acierto, no sólo por lo que tiene de sorpresivo sino porque, además, actúa como punto culminante de la intriga y sirve para encajar o recomponer algunos elementos de la trama».

Ya no nos vamos a tomar más copas, pues tenemos que acercarnos los tres, sobrios, al Museo Gregorio Prieto para volver a ver la magnífica exposición «Gregorio Prieto y sus libros». Por último, mi admirado Pedro Antonio, ¿qué te parece más literario, el vino o la cerveza, el gato o el perro, la amistad o el amor?:

«El vino, sin duda, tiene mucha más literatura que la cerveza. Como estamos entre manchegos, bástenos recordar que poetas como Alcaide y Cabañero, y Brotóns también, le dedicaron excelentes poemas. Por mi parte, reconozco que he escrito también poemas sobre el vino, nunca sobre la cerveza. Sin embargo, confieso que a pie de barra no le hago ascos a ninguno de los dos.

«En cuanto a los perros y los gatos, ambos han tenido un desarrollo muy equiparable en la literatura: Recordemos a Argos, el perro de Ulises, a Cipión y Berganza del cervantino ‘Coloquio de lo perros’ o a ‘Colmillo blanco’ de Jack London. Y por lo que respecta a los felinos, ahí están ‘La Gatomaquia’ de Lope, ‘El gato negro’ de Poe o ‘El gato de Cheshire’, de Lewis Carroll. Personalmente siento más predilección por los perros que por los gatos.

«Y en cuanto a la tercera pareja, el amor tiene mucha más literatura que la amistad. En España, baste decir que desde el Libro de Buen Amor y la Celestina, la historia de nuestra literatura es esencialmente amorosa. De hecho, en España se han creado géneros como la novela sentimental y la novela romántica, por no hablar de toda la tradición poética desde Garcilaso hasta Bécquer o Salinas».