ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Dos poetas en otoño

Francisco Mora y Francisco Jiménez

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Hablábamos en una reciente entrega de dos poetas jóvenes de Albacete; hoy toca el turno a dos autores ya maduros: de Cuenca uno; de Albacete el segundo.

Francisco Mora (Valverde de Júcar, Cuenca; 1960) es poeta, autor de cuentos y relatos, y ha sido durante mucho tiempo colaborador en la prensa escrita de su provincia. Discípulo del que tal vez sea el mayor poeta conquense de la segunda mitad del siglo XX, Diego Jesús Jiménez, Mora es un poeta de meditación y reflexión sobre la condición humana, y dentro de ella sobre el paso del tiempo como conformador de dicha condición, frágil y mudable.

Uno de los principales estudiosos de la poesía conquense contemporánea, Ángel Luis Luján Atienza (que ya había preparado una excelente antología de la misma en 2009) es el autor del prólogo de esta obra «Música callada» que ha editado con esmero la Diputación de Cuenca y que recoge, en orden inverso, una selección de todo lo publicado hasta ahora por el autor: El corazón desnudo (2015), Palabras para conjugar tu nombre (2009); Memoria del silencio (2000); La noche desolada (1997); Sonata breve con desnudo y lluvia (1994), La luna en los álamos (1991) y De la tierra adentro (1983), además de trece poemas inéditos que se incorporan al final.

Música callada
Música callada - Francisco Mora

Mora defiende en su poesía una defensa de la cotidianeidad; la suya es muchas veces una poesía biográfica, reflexiva como decía antes pero nunca gratuita ni sustancialmente retórica; es una búsqueda de sentido por medio del uso y el recuerdo de las palabras, verdaderas herramientas para comprender el mundo y su mundo.

Aparecen en sus versos otras referencias tales como José Hierro o Claudio Rodríguez, potentes maestros de la buena poesía castellana del siglo XX.

El libro transcurre desde momentos más barrocos o exaltados a otros, más recientes, de serena aceptación de la realidad, consiguiendo poemas llenos de sentido, de vida y de aliento que pueden ayudarnos en ese discurrir.

Por su parte Francisco Jiménez Carretero (Barrax, Albacete; 1948) está en estos momentos de plena actualidad por un doble motivo. De un lado su poemario «Las horas sin dueño» se alzó con el premio internacional ALCAP de poesía que se falla cada año en Castellón de la Plana, y que le fue entregado al final del año pasado. Y muy recientemente ha presentado, en Madrid, su libro «Y no te vi, Señor, y estabas», editado por Vitruvio. En la presentación estuvo acompañado del poeta de Piedrabuena Francisco Caro, quien lo definió como «un poeta de raza y raíz». Este segundo es un poemario netamente religioso, y su autor se presenta como un muy buen conocedor de la tradición mística española. El libro se estructura con una serie de poemas que son exégesis de las bienaventuranzas del Sermón de la montaña, y junto a ellas Jiménez Carretero incorpora sonetos u otros poemas, todos ellos de honda raigambre religiosa, muy pegada a la tierra y a la vivencia de un hombre en camino, en la búsqueda de un diálogo con lo sobrenatural a través de las manifestaciones humanas. Una aventura que es difícil pero que el autor resuelve bien por la firmeza de sus convicciones y por el dominio de la palabra y de las teclas a tocar para convertir un pensamiento en auténtica poesía.

Y no te vi, Señor, y estabas
Y no te vi, Señor, y estabas - Francisco Jiménez

Como señalaba con acierto el presentador del libro, el mencionado Francisco Caro, el acierto de éste radica en los escollos (muy previsibles en este tipo de libros) que el autor ha evitado; al no caer «ni en lo pedante, ni en lo cursi ni en lo patético».

La suya es una creencia sentida y vivida, asumida con fuerza interiormente, sin aspavientos y comunicada a los demás mediante una forma clásica, bien trabada y estructurada.