Beatriz Villacañas, poeta
Beatriz Villacañas, poeta
ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Lugar para el reencuentro (42): Bestiario de los Filabres

«Si la mirada del poeta va más allá de la presentación corpórea, cualquier cosa, animal, vegetal o incluso mineral, estará impregnada de espíritu»

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Varios son los bestiarios que diferentes autores han escrito. El animal, en su realidad carnal y en el misterio que le anima, atrae, naturalmente, las miradas del artista, del escritor, de todos nosotros, humanos, que compartimos planeta y no pocas cosas más. Y el animal, animado por esa fuerza que guarda el secreto último de eso que llamamos vida, no pocas veces actúa como reflejo de los sentimientos nuestros.

Los animales son muchas y diferentes cosas, a veces contradictorias, en nuestras vidas: son aliados, compañeros, esclavos, alimento, hasta rivales que codician nuestro ganado. Y son también los receptores de afectos que muchos saben devolver con creces. Y son tantos, tan diferentes, los que capta la mirada de quien pinta o escribe un bestiario, que éste es un mosaico de «personajes» de la naturaleza a los que nos es dado mirar de otras maneras gracias a la mirada del artista, en este caso, del poeta, que nos los presenta. El poeta es Domingo Nicolás, autor de Bestiario de los Filabres, dedicado a la memoria de Margarita Hierro, hija de José Hierro, gran conocedora de los bestiarios y editora ella misma de Bestiario. Gatos.

A Bestiario de los Filabres yo lo llamo «espiritual». Y lo hago porque, sea cual sea la materia, animada o inanimada que se escoja, si la mirada del poeta va más allá de la presentación corpórea, cualquier cosa, animal, vegetal o incluso mineral, estará impregnada de espíritu, trascenderá su propia corporeidad y nos llevará, como todo lo que es grande en arte, hacia el asombro, hacia el misterio último que habita en lo más grande y en lo más pequeño. Y así es la mirada de Domingo Nicolás, nacido en Murcia y residente en Almería, donde la Sierra de Los Filabres, imponente en sus cumbres, no podía dejar de hacerse aliada de sus versos. Ganador, ente otros importantes galardones, del Premio Nacional de Poesía Rafael Morales, Domingo Nicolás vuela en su verso con las aves que habitan los Filabres, también con sus «bestiecillas»:

La progresiva tórtola percibo; / su arrullo desde el alba./ Desde el alba-cernido,/ feliz, acostumbrado-/ su pálpito ambarino te convoca; y adviertes/ que eres pulso del cántico,/ que la llama te ofrece de su aurora.

El espíritu que se manifiesta en la mística del vuelo adquiere la robustez del humor, en las diez décimas que cierran el libro. Y es que es el espíritu precisamente aquello que tiene más músculo para ver, afrontar y escribir todo lo que nos da la vida.