400 años del ataque yihadista que arrasó Canarias

Tras acabar con Lanzarote y hacer esclavos a cientos de hombres, llegaron hasta La Gomera. 4.000 turcos y argelinos invadieron Lanzarote cuando la isla contaba con 2.000 habitantes

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

Entre los siglos XIV y XVII Canarias fue atacada por moros turcos y argelinos porque estaban obsesionados con la islas como fuente de esclavos. El papel de la Armada Española en el Mediterráneo fue clave para que los isleños quedasen libres. Hubo ataques en 1569, 1571 y 1586. El más cruel fue el yihadista marítimo en mayo de 1618. En aquel periodo 91 habitantes moros vivían en la isla de forma estable, de acuerdo con los documentos del Santo Oficio en Las Palmas.

¿Cómo llegaron? Por culpa de comerciantes que se dedicaban a importar para terratenientes mano de obra morisca esclava. Esos esclavos eran la fuente de información para sucesivos ataques. Los ataques, evidentemente, no discriminaban ricos de pobres. Estaba prohibido; pero les interesaba más acelerar la producción de sus tierras que la seguridad de sus gentes.

El experto en historia militar de Lanzarote, José Manuel Clar, afirma sobre Lanzarpte que «esta pobre isla estaba destinada a ser objeto de la salvaje rapiña de los seguidores de Mahoma». La invasión de 1618 fue «la despiadada, cruel y devastadora invasión registrada en los anales de la isla» por turcos y berberiscos.

«Es de suponer el desconcierto y pavor que cundió entre los dos mil habitantes lanzaroteños, tal masa humana, que además hacía pleno alarde de su poder con su fanfarria», afirma Clar sobre el ataque del 1 de mayo de 1618. En toda la isla había menos de 2.000 habitantes.

Durante cinco décadas 1.600 canarios fueron hechos esclavos por los moros en Lanzarote. Raro era ver un vecino con 50 años de edad

Algunos lanzaroteños huyeron a Fuerteventura pero en la Cueva de Los Verdes se refugiaron 1.000 isleños. El dos de mayo, enfilaron rumbo a Teguise donde arrasan con todo lo que tuviera que ver con la religión católica: desde imágenes a documentos, conventos e iglesias.

El profesor de la ULPGC, Luis Alberto Anaya, en «La invasión de Lanzarote de 1618 y sus epercusiones socioeconómicas» señala que la existencia de una amplia comunidad morisca en Lanzarote y Fuerteventura generó que estas islas fuesen pasto de ataques indiscriminados por parte de los moros procedentes de Marruecos y Argelia además de Turquía. Eran los chivatos.

Arrasaban

Lanzarote siempre se llevó la peor parte. Fuerteventura fue invadida en 1593 por Xaban Arraez. Desde 1569 hasta 1618 hizo cinco ataques. Tal era la fuerza con la que entraba en la isla que se consideraba algo exótico en la isla la existencia de personas mayores de 50 años en la isla de los volcanes.

Durante 49 años un total de 1.600 canarios fueron apresados. Tal era la magnitud que en 1605 Lanzarote tenía solamente 270 vecinos. Anaya afirma que un ciudadano francés «o flamenco» afincado en Gran Canaria de nombre Josep Pérez también suministró información para cautivar isleños. Hubo moriscos que hicieron alianzas contra los invasores turcos y argelinos junto a los cristianos porque no querían ser obligados a regresar a su zona de origen.

Rituales islámicos

Como los canarios no aguantaban la presión de tanto ataque yihadista marítimo, los que no eran apresados se iban a vivir a otras islas. Y los que se quedaban en Lanzarote eran moriscos o esclavos subsaharianos. Tal es así, que se prohibió traer esclavos pero llegaban de forma ilegal.

Como los canarios salían de la isla por la presión yihadista, los moros instalados tenían su propio gueto

El profesor Anaya aseñala su estudio «Las minorías en la historia de Canarias» que «la integración de esta minoría, sin duda la de masnivel entre las esclavizables, preocupaba extraordinariamente a las autoridades civiles y eclesiásticas, como lo demuestran los frecuentes procesos de la justicia civil e inquisitorial, por huidas, apostasías y prácticas mahometanas, y la frecuente normativa al respecto».

«Esta situación respondía, no sólo a su elevado número, sino al peligro potencial que representaban como quinta columna de sus correligionarios magrebies, que, desde la segunda mitad del XVI y hasta avanzado el XVIII, asolaron las islas», señala Anaya citando al profesor Millares Torres.

Puntualiza que «muchos cristianos viejos terminaron emigrando de ellas, dejando el campo libre a los rnoriscos, que además estuvieron protegidos por los señores de las mismas» porque era su mano de obra.

En 1521, apunta Anaya, el vicario de la isla, Hernán Darias, «testifica ante la Inquisición la existencia en dicha isla de una mezquita» donde «los moros enterraban a los suyos» aunque, «en realidad se trataba de la tumba de un alfaquí, situada en un barranco del Jable».

«Este lugar aparece como residencia de moriscos en otros documentos, así, en 1532, un Tomás Martín de Lanzarote, señala haber ido al Jable donde están los moros, y haber estado en sus tiendas en Tenguatona», apostilla Anaya.