Sánchez y Rivera, durante un encuentro en el Congreso
Sánchez y Rivera, durante un encuentro en el Congreso - IGNACIO GIL

PSOE y Cs se disputan el centro después de la irrupción de Vox

Si los dos consiguen su empeño, el resultado puede ser el contrario al que pretendían: un centro político huérfano

MadridActualizado:

Cuando los partidos políticos trataban de acomodarse al ya de por sí complejo entramado político de cara al nuevo ciclo electoral la irrupción de Vox introduce un punto más de complejidad en la competición electoral. Y lo hace con una intensidad que nadie había previsto. Ahora, con cinco partidos con vocación nacional, el discurso de Vox y la respuesta de Iglesias proclamando una «alerta antifascista» apuntan a una creciente polarización de las estrategias políticas.

Incluso en el PP se reconoce, pese al alivio de poder formar Gobierno en Andalucía, que la aparición de Vox supone «un órdago importante a nuestras posiciones, un problema más», en palabras de un dirigente. Pero en Ciudadanos son también muy conscientes de que Vox también les incumbe en primera persona. En el Gobierno socialista no se le considera un competidor electoral, y aunque ver a «las derechas» fracturadas creen que les consolida «claramente» como primera fuerza política del país. Pero algunos interlocutores sí expresan su preocupación porque creen que este «alto nivel de competición» tendrá en tensión «y muy movilizado» un electorado con un objetivo común: expulsar a Pedro Sánchez de La Moncloa.

En lo poco en lo que coinciden ya Rivera y Sánchez es que ambos creen que el mejor modo de enfrentar el nuevo fenómeno del partido que representa Abascal es rompiendo la polarización y ocupando posiciones centrales. Algo que no significa necesariamente lo mismo para cada uno de ellos. Mientras que para Rivera la irrupción de Abascal es un riesgo potencial en términos de competición electoral, para Sánchez, al margen de su preocupación retórica, la pujanza de Vox se entiende también en términos de oportunidad.

Pedro Sánchez y su equipo de colaboradores, que con Iván Redondo a la cabeza no dejan de escudriñar el momento electoral, ven aquí un momento para actuar «con inteligencia» y apostando por resaltar el papel institucional de la presidencia del Gobierno. El fiasco en Andalucía les ha convencido de que el coqueteo con los nacionalistas puede ser un lastre electoral. Sin variar su estrategia de «mano tendida», de ahora en adelante se va a ver a un Sánchez algo más combativo, que lo que busca es el relato necesario para ir a las urnas. Es la estrategia que hay detrás de la presentación de los Presupuestos: recuperar la iniciativa y poner la carga de la culpa en los independentistas.

Pero en el intento de Sánchez por ocupar el centro hay dos elementos esenciales. En primer lugar quiere aprovechar los vientos de cola de las medidas sociales que va a lanzar en los próximos días. La principal es la subida del salario mínimo hasta los 900 euros. Se aprobará en forma de Real Decreto, sin ser necesaria su convalidación en el Congreso, para que entre en vigor el 1 de enero. El Gobierno lo aprobará en uno de los tres Consejos de Ministros que quedan de aquí a final de año.

Pero la pata fundamental de esa estrategia es arrastrar a Ciudadanos a la derecha todo lo que puedan. Una estrategia que el PSOE comenzó mucho antes de llegar al Gobierno al verse acuciados por un partido que estaba penetrando de forma importante en su electorado. En un momento en el que se han recuperado las dinámicas de bloques, los trasvases entre PSOE y Ciudadanos son los únicos relevantes entre un bloque y otro. El Gobierno quiere ocupar ese espacio tratando de arrebatar a Podemos la bandera del movimiento feminista.

Según el CIS, en términos de percepción del electorado esa estrategia está siendo un éxito. Ciudadanos es cada vez más percibido como un partido a la derecha. Aunque esa tendencia ha ido en paralelo con el ascenso demoscópico de los de Rivera entre octubre de 2017 y junio de 2018. Los socialistas ven la posibilidad de un «consorcio PP-Ciudadanos-Vox», que tendría su primera visualización en Andalucía, como un punto de inflexión para intentar alejar a Rivera del centro definitivamente.

En Ciudadanos, en cambio, es precisamente el hecho mismo de que Sánchez sea presidente en coalición con Unidos Podemos y con el visto bueno de los independentistas lo que lleva a Rivera a intentar ocupar el espacio de los moderados del PSOE. El líder de Ciudadanos apela a los descontentos del PSOE e intenta dejarse ver siempre que puede con antiguos dirigentes socialistas para trabajar en la idea de que Sánchez lastra los valores tradicionales del PSOE.

Si eso es algo en lo que Rivera ya venía trabajando, la irrupción de Vox es un elemento que obliga a ello. Desde el partido reconocen que Vox va a afectarles en el corto plazo, porque representan «voto cabreo y unidad de España», expresa un dirigente, que contempla que «algunos despistados pueden irse a la primera de cambio». Se refiere al electorado más a la derecha del PP, desafecto con la formación desde hace tiempo y que encontraba espacio en Ciudadanos aunque una ubicación tan a la derecha no sea la que pretende Albert Rivera. «En el medio y largo plazo no nos va mal porque esencialmente debilita al PP y siendo cinco partidos nos ubica justo en el centro», considera este dirigente.

Otro mandatario contempla pérdida de algunos apoyos por la derecha. Pero espera compensarlos. «Del 8 al 10 de la escala ideológica hay poca gente. En el 5 y el 6 podemos liderar. Y quitarle algo al PSOE en el 4», afirma. Un planteamiento que obliga a Rivera a exaltar estos días su discurso más reformista y anti bipartidista. En los homenajes de la Constitución apuntó a la educación, la sanidad, la dependencia y la regeneración democrática como los aspectos fundamentales a proteger en una futura reforma. Por eso las salvedades respecto a un pacto con Vox son tan grandes. Rivera afronta un dilema serio en Andalucia, ya que posibilitar el cambio sin acercarse a Vox es muy complejo. Pero el afán de Rivera por ocupar el centro le lleva a pedir primero la abstención del PSOE que la de Vox en una jugada altamente improbable.

Sánchez y Rivera juegan a expulsar al otro del espacio central. Y si los dos consiguen su empeño el resultado puede ser el contrario al que pretendían: un centro político huérfano