La ministra de Justicia, Dolores Delgado, sujeta al titular de Exteriores, Josep Borrel, ayer durante la bronca en el Congreso - EFE/ Vídeo: EP

El presidente mete a Rufián y a Casado en el mismo saco tras los insultos de ERC

Borrell acusa a un diputado secesionista de escupirle mientras abandonaba el Pleno

MadridActualizado:

Los elevados decibelios que alcanzó ayer el Pleno del Congreso con un nuevo espectáculo del portavoz adjunto de ERC, Gabriel Rufián, a base de insultos al ministro de Exteriores, Josep Borrell, y desacatos a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, concluyó con la expulsión del republicano del Hemiciclo, una presunta salivada de un diputado de ERC al ministro socialista y la intervención a distancia de un presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que repartió culpas entre todos los allí presentes y horas más tarde las extendió al presidente del PP, Pablo Casado.

El jefe del Ejecutivo envió primero un mensaje escrito sin una alusión directa a Rufián o ERC en el que reclamaba que «todos debemos pedir disculpas a la sociedad. Yo, como presidente del Gobierno y por tanto máximo responsable político de nuestro país, lo hago. Pido disculpas a la sociedad. Y conmino a sus señorías para que, si bien lo visto hoy en el Congreso no es la primera vez que sucede, sí sea la última».

Pero esa no fue la única vez que Sánchez metió a todos los diputados en el mismo saco. «El espectáculo presenciado hoy y otros días, sean quienes sean los protagonistas y los responsables, nos afecta a todos y todas», categorizó. Y continuó la reprimenda advirtiendo a los diputados que deben estar a la altura del cargo que ostentan. «No estarlo significa decepcionar a la ciudadanía», advirtió.

El mensaje de Sánchez no gustó a los socialistas más críticos con su gestión, que sintieron que sus palabras eran un reproche también para su bancada. Quizá por ello, Pedro Sánchez volvió a referirse al tema horas después, en la comparecencia ante los medios de comunicación en la cumbre hispano-lusa que se celebra en Valladolid. Allí, tras ser cuestionado sobre si al igual que había roto relaciones con el presidente del PP, Pablo Casado, por llamarle golpista, también iba a romper con ERC después de los insultos y el escupitajo a Borrell, Pedro Sánchez igualó la actitud de Rufián y Casado, por lo que conminó a ambos a pedir disculpas por «insultar y difamar» en el Congreso. Sánchez insistió en esta idea, al advertir que él no rompe con grupos parlamentarios, sino «con aquellos políticos que utilizan la palabra para insultar, difamar y descalificar, como por ejemplo cuando se me tachó a mí de golpista». El Ejecutivo, según Sánchez, no va a romper relaciones con ERC pero «sí con aquellas personas que entienden la palabra de forma distinta a lo que se necesita en un sistema democrático».

El presidente sí mostró sin ambages su solidaridad con Borrell, «que ha tenido quesoportar palabras y gestos inaceptables», dijo en alusión indirecta a la conducta ERC y Rufián. En esta línea, reclamó «una reflexión» a todos los diputados que insultan: «Con sus actuaciones no solo se descalifican a sí mismos, también socavan la dignidad de una institución tan importante como el Congreso de los Diputados. Socavan la dignidad misma de la democracia».

Debate en el PP

El mensaje de Sánchez se produjo después de que la propia Pastor, tras expulsar a Rufián del Pleno, abroncara de manera general a los diputados de la Cámara Baja. Su voz ha llegado a verse afectada al recordar cómo algunos diputados le faltan al respeto apodándola «la institutriz» por sus frecuentes peticiones de silencio al Hemiciclo.

En esta línea, ha advertido que el Congreso «es la casa de la palabra pero la palabra no se puede utilizar por ninguno para insultar», adelantando entonces la retirada de los calificativos «fascistas y golpistas» del diario de sesiones. Pero con esta decisión ha vuelto a divergir de la dirección actual del PP que no considera que «golpista» sea un insulto sino la descripción de la conducta perpetrada por los líderes del «procés» en octubre de 2017. Tras la intervención de Pastor, el vicesecretario popular, Javier Maroto, adelantó que su grupo seguirá utilizando esta expresión mientras el portavoz de Ciudadanos, Juan Carlos Girauta, coincidía con esta tesis. Fuentes de la Presidencia puntualizaron después que Pastor solo retirará la palabra «golpista» cuando se utilice de manera adjetivada, esto es, con la intención de ofender. La portavoz del PP, Dolors Montserrat, intentó apagar el incendio reconociendo la preciada labor realizada por la presidenta en la moderación de los debates.

Segundo expulsado

Entre todas estas derivadas, el hecho es que Rufián tiene hoy el dudoso honor de ser uno de los pocos diputados de la democracia que ha sido expulsado del Pleno. Antes que él, solo se recuerda el abandono forzoso ordenado por el expresidente Manuel Marín contra el diputado popular Vicente Martínez-Pujalte.

Y es que ser expulsado del Pleno no es una tarea fácil. Rufián no lo logró ni con insultos. Tuvo que interrumpir la intervención de Borrell y hacer caso omiso de las dos advertencias de Pastor exigiéndole que depusiera su actitud. A la tercera, le sancionó como establece el Reglamento. Previamente, el de ERC había medido fuerzas con el titular de Exteriores, al que acabó insultando como «el ministro más indigno de la democracia» además de «fascista». Una ofensa que, aseguró, dedicará siempre que se les llamen «golpistas».

El republicano también consideró que Borrell no tiene talla de ministro sino de «hooligan» y que es la «vergüenza» de los socialistas por militar en Sociedad Civil Catalana. Una organización que calificó como de «extrema derecha». En su respuesta Borrell acusó a Rufián de verter sobre el Hemiciclo «esa mezcla de serrín y estiércol que es lo único que usted es capaz de producir».

Las palabras de Borrell enfrentándose al político secesionista provocaron que la bancada socialista -y parte de la popular- se pusiera en pie y le dedicaran un gran aplauso. El político republicano se levantó entonces en gesto provocativo diciendo sentir «vergüenza» y fue expulsado por su mala conducta reiterada. En ese momento, los republicanos pasaron por delante de Borrell, el diputado Jordi Salvador giró la cara, y el ministro protestó indignado que le han escupido. La grotesca escena mostró de paso a la ministra de Justicia, Dolores Delgado, sujetando a Borrell para frenar el enfrentamiento. Se desató, entonces, la tormenta. «Ciertamente uno de ellos se ha girado y me ha escupido», sentenció el ministro en los pasillos del Congreso.

La dura acusación obligó a los diputados de ERC a asegurar que las declaraciones de Borrell eran falsas. «Reclamamos que las cámaras del Hemiciclo lo demuestren, instamos a los servicios de la Cámara a que de inmediato pongan a disposición de todos los medios de comunicación la grabación y en consecuencia exigimos a Borell que rectifique», denunció el portavoz parlamentario de ERC, Joan Tardà. «Que Borrell explique por qué convierte el giro de cabeza en un escupitajo», añadió. Curiosamente, un compungido Salvador se mantuvo en silencio a la derecha de Tardà sin responder a la prensa.