Periodistas catalanes y corresponsales denuncian presiones de la Generalitat y ciberacoso

Reporteros Sin Fronteras pide respeto al ejercicio del periodismo en Cataluña

Informadores reconocen que en ocasiones se autocensuran y algunos incluso se han planteado abandonar Cataluña

MadridActualizado:

Reporteros Sin Fronteras ha hecho público este jueves un informe en el que recoge denuncias de periodistas catalanes y corresponsales extranjeros por haber sufrido campañas de ciberacoso en redes sociales y presiones propagandísticas de la Generalitat. [ Lee aquí el informe completo de Reporteros Sin Fronteras]

Ante las dificultades a las que se enfrentan los informadores, en la semana del referéndum del 1-O, RSF exige respeto para el libre ejercicio del periodismo en Cataluña al considerar que la «creciente escalada de tensión» entre la Generalitat y el Gobierno central por el 1-0 ha «tensado la cuerda hasta extremos indeseables» en el desarrollo de la profesión.

«El clima para el libre ejercicio del periodismo se ha visto tremendamente viciado por la extrema polarización que viven la política y la sociedad catalanas», dice Pauline Adès-Mevel, responsable del Área de UE y Balcanes de RSF.

RSF ha instado además a que no se utilicen procedimientos judiciales para «amedrentar» a medios de comunicación catalanes de cara al referéndum independentista del 1 de octubre.

Activismo en internet

El proceso soberanista se ha nutrido, desde sus inicios, de un apoyo muy visible en las redes sociales, dice el informe, y un buen número de usuarios siguen con especial atención los artículos que escriben los corresponsales. «El món ens mira» (el mundo nos mira) es uno de los lemas que han quedado asociados al movimiento independentista, sabedor de que el apoyo internacional es clave en el éxito de su causa.

Un ejemplo es lo ocurrido con el corresponsal senior en Bruselas de la publicación digital Politico.eu, Ryan Heath. Tras la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales, compartió en Twitter un artículo de su medio sobre los «momentos Trump» previstos para 2017, en el que los populismos estaban llamados a jugar un papel determinante. Incluyó el referéndum unilateral catalán. El linchamiento de los «trolls» independentistas fue fulminante. Diputados independentistas y el entonces jefe de prensa de Artur Mas, Joan María Piqué, también se lo recriminaron.

Tunku Varadarajan, también colaborador de Politico.eu, fue víctima de la furia de la turba tuitera el pasado mes de enero, tras escribir un artículo titulado »Doce personajes que te harán la vida imposible, en 2017», en el que incluía al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.

Presiones de la Generalitat

Los políticos independentistas y responsables de prensa también acostumbran a «dar toques», «corregir» o mostrar excesivo interés en lo que se publica fuera sobre Cataluña. «Es divertido que el jefe de relaciones públicas del Gobierno catalán y exjefe de prensa de Artur Mas piense que el lloriqueo diario sobre Ada Colau es una buena estrategia. "Trollearme" en Twitter con cosas como "mira esta mierda que ha pasado en BCN" no es la sofisticada comunicación política que esperaba de Junts pel Sí», escribía el año pasado en Twitter el corresponsal de «The Guardian», Dan Hancox.

El informe recoge el testimonio de Henry de Laguérie, periodista de «Europe1»: «En 2015 sufrí ataques por parte de algunos altos cargos de la Generalitat o próximos a la Generalitat. Por expresar dudas sobre temas relacionados con la independencia o la acción del Govern, he sido criticado de forma desproporcionada. Básicamente, se te descalifica y señala. En ningún caso he recibido insultos ni amenazas. Pero esta forma de señalar en las RRSS es muy desagradable, porque estos altos cargos, son seguidos por miles de personas que luego te asaltan».

El servicio de prensa de la Generalitat tenía una lista en la que figuraban todos los corresponsales extranjeros en España, «con comentarios del tipo "muy sensible al tema catalán" o "muy crítico con el independentismo"». RSF considera que «categorizar a los periodistas en por afinidades políticas y realizar listas de afecciones y desafecciones a una causa es más propio de regímenes totalitarios que de sistemas democráticos».

Las presiones propagandísticas también se extienden a Bruselas. Los corresponsales españoles en Bruselas, especialmente los catalanes o que escriben para medios catalanes, suelen ser blanco de las iras del Departamento de Comunicación Exterior de la Generalitat, cuando escriben «verdades incómodas» para el proceso independentista.

Beatriz Navarro, corresponsal de «La Vanguardia», lo corrobora: «Tan pronto como tuiteas algún comentario o artículo, propio o de terceros, tienes a todo el mundo encima, a los seguidores del movimiento independentista (sobre todo) y a gente que está radicalmente en contra y que gasta el mismo tono desagradable. He recibido burlas e intentos de descalificarme como profesional, y sobre todo comentarios desagradables, pero nunca ha llegado al amedrentamiento».

Periodistas locales

Informadores catalanes también han sufrido episodios de acoso en las redes sociales. El periodista de «El País» Cristian Segura publicó una noticia exclusiva revelando que el cantautor y actualmente diputado de Junts Pel Sí, Lluís Llach, había impartido una serie de conferencias, en las que advertía de que los funcionarios que no cumpliesen con la nueva legalidad catalana, una vez que se aprobase la Ley de Transitoriedad Jurídica, serían castigados y «muchos de ellos sufrirán».

Un error inicial de edición en la noticia rápidamente subsanado, llevó a «uno de los mayores linchamientos contra periodistas» en las redes sociales que RSF haya observado recientemente. «Me han escrito cosas estos días que solo deseo olvidar rápido», tuiteó Cristian Segura, después de tres días recibiendo ininterrumpidamente insultos y descalificaciones, además de interpelaciones por parte de políticos y periodistas afines al independentismo.

RSF concluye que estas maniobras acaban teniendo impacto, surtiendo cierto efecto y, por tanto, cumpliendo el objetivo inicial de acallar una voz disidente mediante la autocensura. Los periodistas que han participado en el informe confiesan autocensurarse de un modo u otro y varios reconocen haberse apartado del tema, desear hacerlo o, incluso, abandonar Cataluña.