El general Miguel Primo de Rivera, en 1928
El general Miguel Primo de Rivera, en 1928 - ABC

Miguel Primo de Rivera: un «cirujano de hierro» tras Annual

General y presidente del Gobierno dictatorial (1923-1930)

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Capitán general en Cataluña, Miguel Primo de Rivera fue presidente dictatorial de España desde el 13 de septiembre de 1923 al 28 de enero de 1930. Precisamente desde Barcelona fundamentó un golpe que tenía como objetivo –leyó en su manifiesto– «libertar a la Patria de los profesionales de la política, de los hombres que por una u otra razón nos ofrecen el cuadro de desdichas e inmoralidades que empezaron el año 98 y amenazan a España con un próximo fin trágico y deshonroso».

En la región catalana contó no solo con el apoyo de los militares, sino también del somatén –cuerpo parapolicial que se extendería al resto del país durante la dictadura de Primo de Rivera–, de los industriales y de los sectores conservadores en general.

Portada de ABC del 14 de septiembre de 1923, tras el triunfo del golpe militar. Junto a Primo de Rivera se encuentran los generales Cavalcanti, Saro y Berenguer. «Los jefes del movimiento militar» tituló ABC.
Portada de ABC del 14 de septiembre de 1923, tras el triunfo del golpe militar. Junto a Primo de Rivera se encuentran los generales Cavalcanti, Saro y Berenguer. «Los jefes del movimiento militar» tituló ABC.

Primo de Rivera (Jerez de la Frontera, 1870) es el eslabón necesario para entender la España fracturada que entraba en el siglo XX tras el desastre de Cuba y la que alumbraría a la postre la mayor de nuestras tragedias: la convulsa II República y posterior Guerra Civil que tanto condiciona –sí, ochenta años después– nuestra política. Las dos Españas frente a sí y los nacionalismos contra todas ellas. Y, en medio, el anarcosindicalismo en ascenso acorde a los tiempos que también comenzaban a soplar en una Europa que no terminaba de cerrar las heridas de la Primera Guerra Mundial.

Fue oficial del Ejército en los tres frente abiertos en España (Cuba, Filipinas y Marruecos) y la derrota del « Desastre de Annual», en el Rif marroquí contra Abd el-Krim (1921), fue el revulsivo necesario que cimentó su ascenso al poder. La España que entraba en la década de los 20 se desangraba en su guerra africana, una vía que era necesario taponar.

Miguel Primo de Rivera, ya dictador, taponó esa vía con el exitoso Desembarco de Alhucemas (1925), último gran hito del Directorio Militar con el que acabaría la primera etapa de la dictadura dando paso a otro Directorio Civil (hasta 1930) que sacó partido a los denominados «Felices Años Veinte» y la bonanza económica que imperaba en la época con el intervencionismo estatal. Compañías como Campsa o Telefónica y las Confederaciones Hidrográficas nacieron en esa época.

Pero el descontento entre los militares era patente. Dos intentonas golpistas –la Sanjuanada (1926) y el promovido por el diputado conservador José Sánchez Guerra con apoyo militar (1929)– y el fin del apoyo del Rey Alfonso XIII darían muestras del desgaste de la dictadura del «cirujano de hierro», como el dictador se veía a sí mismo. Dimitió el 28 de enero de 1930. Seis semanas después fallecería en París a causa de unas diabetes. A España aún le restaba pasar el peor capítulo de su Historia.