Artur Mas
Artur Mas - EFE

Mas renuncia a la presidencia para salvar un «proceso» que no se detiene

El líder de CDC confirma que el alcalde de Gerona será el nuevo presidente catalán

El acuerdo implica el compromiso de la CUP de garantizar la estabilidad del nuevo gobierno

BARCELONAActualizado:

Artur Mas no repetirá como presidente de la Generalitat, cargo para el que esta tarde será elegido el alcalde de Gerona, Carles Puigdemont (CDC). Apurando al límite el plazo legal que vencía esta noche a las doce, el Parlamento catalán hará visible el acuerdo alcanzado ayer de forma sorpresiva por Junts pel Sí y la CUP, un acuerdo que mantiene Cataluña en rumbo de colisión con respecto al proceso soberanista y que evita que se convoquen nuevas elecciones en el mes de marzo.

Después de tres meses de agónicas negociaciones, y tras prácticamente haber descartado el acuerdo tras las reuniones del pasado jueves y viernes, el presidente en funciones Artur Mas dio «un paso al lado», cumpliendo con la exigencia del partido antisistema para facilitar la investidura. Como contrapartida, y en un acuerdo que en la práctica anula su capacidad y autonomía política, la CUP se compromete a garantizar la estabilidad parlamentaria, cediendo dos de sus diputados al grupo de Junts pel Sí y comprometiéndose a no votar «en ningún caso en el mismo sentido que los grupos parlamentarios contrarios al proceso y/o al derecho a decidir» cuando esté en riesgo la estabilidad del ejecutivo.

Fue el propio Mas quien explicó en una rueda de prensa en el Palau de la Generalitat el contenido de un pacto que «corrige lo que las urnas no nos dieron», y que, en lo que a él afecta, le aparta, al menos durante 18 meses, de la primera línea política. «Tomo la decisión, dolorosa en lo político y en lo personal, de dar un paso al lado», confirmó el presidente con semblante extremadamente serio, apuntando que la necesidad de que el «proceso soberanista» no quede bloqueado requería una decisión de este tipo. No obstante, Mas dejó claro que su decisión no es una despedida definitiva: «Yo no me retiro de la política».

Mas, en este sentido, recordó que su compromiso de no volver a presentarse en unos comicios queda prescrito en el momento en el que no es elegido presidente. «Hubiese cumplido si las cosas hubiesen ido normal», reconoció el líder de CDC asumiendo que, ciertamente, lo sucedido en los últimos meses queda fuera de todo lo visto hasta ahora en política.

Al respecto, el futuro del que a partir de esta tarde será «expresidente» queda condicionado a la propia evolución del «proceso». Este prevé la celebración en el plazo de 18 meses de unas nuevas elecciones de carácter constituyente. Mas, que no asumirá ningún cargo dentro del nuevo Gobierno, apuntó: «No renuncio a volver a presentarme a unas elecciones. En función de cómo vayan las cosas en Cataluña es una puerta que queda abierta».

Además de dedicarse a promover el «proceso soberanista» en el extranjero -como él mismo apuntó-, Mas anunció su intención de emplearse a fondo en el proceso de «refundación» de CDC. No dejó claro si renunciará a su acta de diputado, una decisión que, en cualquier caso, no impedirá que sea el TSJC quien le juzgue por la consulta del 9-N, ya que en esta causa sigue imputada Irene Rigau, aforada. Desde un plano secundario, pero aún como presidente de CDC e hipotético futuro candidato del partido en los comicios de 2017 -sea cual sea el nombre y formato de la Convergència renovada-, Mas se reserva el papel de tutor del proceso en la sombra.

Soberanista de primera hora

Relativamente despejado cuál va a ser el futuro del hasta hoy presidente en funciones, la principal incógnita alude ahora al rumbo que el nuevo Govern dará al «proceso». Por lo pronto, y aunque ideológicamente más a la izquierda, la figura de Carles Puigdemont, secesionista de primera hora y presidente de la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), es un calco de la de Mas en cuanto a su idea de Cataluña. El discurso de investidura que pronunciará hoy en el Parlamento autonómico dará pistas, aunque ayer ya avanzó su cometido con un tuit: «Tenemos un proyecto iniciado, bien orientado y sólido. Todos estamos llamados, todos hacemos falta. Gracias, president, por liderar y por perseverar», declaró Puigdemont.

«Puigdemont tiene muy claro el proyecto de país, sabe que Cataluña es una nación y que le conviene ejercer el derecho a la autodeterminación para tener un estado propio», dijo Mas.

En cualquier, si las elecciones en marzo permitían abrir la posibilidad a una nueva mayoría que atenuase, o incluso frenase en seco, el ritmo del «proceso» -recuperando por ejemplo la reivindicación del referéndum-, el pacto «in extremis» alcanzado ayer mantiene a Cataluña en la senda de la unilateralidad y de la desobediencia. Es lo que consagra la «declaración de ruptura» que aprobaron hace ahora dos meses Junts pel Sí y la CUP, y que sigue, aunque suspendida por el TC, en la base del acuerdo político cerrado ayer. El pacto es explícito al señalar que la base de la acción del nuevo Gobierno se sustenta en tres ejes: «plan de choque» social, «proceso constituyente y ruptura para la independencia».

El acuerdo, en paralelo, garantiza al grupo de Junts pel Sí cierta estabilidad, al menos en el Parlamento catalán, en tanto que anula la capacidad de bloqueo que podrían tener los diez diputados de la CUP. El partido antisistema, que sí es cierto que se ha cobrado la pieza de la cabeza de Mas, paga sin embargo un precio altísimo por ello, en la constatación de la bisoñez de sus negociadores frente a los muy curtidos de CDC.

Humillación política

La formación anticapitalista cede dos de sus diputados a Junts pel Sí, con lo que la alianza de CDC y ERC se asegura siempre la mayoría simple en una votación (el bloque constitucionalista más Catalunya Sí que es Pot suma 63), además de comprometerse a no votar nada que comprometa la estabilidad del ejecutivo. De igual forma, y en lo que es una inédita humillación en un partido político, la CUP reconoce públicamente su error por haber «puesto en riesgo» el proceso con su proceder en los últimos meses y su «beligerancia» contra Junts pel Sí. Para ello -«y como forma de reconocer sus errores», se ensañó Mas en su comparecencia-, la CUP procederá a una suerte de «purga» de al menos dos integrantes de su grupo parlamentario.

«No podemos afrontar el proyecto sin estabilidad. No se puede escalar el Everest con alpargatas», precisó Mas, «La decisión permite ponernos manos a la obra y tirar adelante este país», añadió el que a partir de esta tarde serà ya expresidente de la Generalitat.