Piña de los asistentes al Consejo General de Cs con Albert Rivera
Piña de los asistentes al Consejo General de Cs con Albert Rivera - Maya Balanya

Ciudadanos cierra filas en torno a Rivera y apuntala el «no» a Sánchez

El presidente de los liberales lanza mensajes de unidad a los críticos del partido y rechaza las presiones externas de cara a la investidura

MadridActualizado:

Exhibición de fuerza de Albert Rivera. En la semana más complicada que ha vivido Ciudadanos (Cs) a nivel interno desde su implantación nacional, el presidente del partido salió más que reforzado de un Consejo General, celebrado en Madrid, que levantó más expectación que nunca. Con la dimisión de Toni Roldán aún fresca y la fractura de la unanimidad en el Comité Ejecutivo, cabía la posibilidad de que el debate sobre la investidura de Pedro Sánchez se trasladase también a este órgano, el máximo de la formación entre Asambleas Generales. Nada de eso.

Ninguna voz se levantó ayer –en una reunión a la que acudieron aproximadamente 160 miembros de Cs– contra la estrategia ratificada el lunes por el Comité Ejecutivo. Tras la brusca salida de Roldán, que se fue criticando el giro a la derecha y la pérdida de «una oportunidad histórica» de formar«un gobierno estable» con el PSOE, Luis Garicano y Javier Nart forzaron en la Ejecutiva una votación para tratar de corregir el rumbo marcado desde el 17 de febrero. Rompieron la unanimidad, pero solo consiguieron arrastrar a Francisco Igea y a Fernando Maura en el voto en contra de mantener el veto a Sánchez. Con veinticuatro votos a favor de blindar el rechazo y tres abstenciones, fueron ampliamente derrotados.

En un discurso muy aplaudido, con dos momentos en los que los asistentes se pusieron en pie para vitorear a su líder, Rivera se sacudió las presiones y justificó el porqué de su «no». «Si algunos piensan que el sanchismo tiene que campar a sus anchas, que presenten un partido político», clamó el presidente de Cs, con un mensaje que en un primer momento pareció ir dirigido a los críticos internos.

«En este partido es posible venir de afluentes distintos, pero estamos juntos. Todos los que queráis remar en esta dirección sois mis compañeros»

Tanto fue así que prácticamente después de pronunciar esta frase, Roldán se dio por aludido y contestó vía Twitter: «No hace falta crear un partido, solo hay que sentarse, exigir reformas, regeneración y que no haya pactos con nacionalistas». No obstante, desde el equipo de Rivera negaron que su frase tuviese a Roldán o al resto de críticos como destinatarios, y garantizaron que iba hacia «patronal, sindicatos o bancos que le dicen lo que tiene que hacer».

Fue diez minutos después, sin embargo, cuando Rivera sí mencionó explícitamente a «patronal, sindicatos y medios de comunicación» y defendió su derecho a «tomar decisiones sin tutelas». En clave inequívocamente interna, afirmó que está rodeado de personas «con libertad de opinión», pero que a la hora de la verdad trabajan «juntas». Esto fue aplaudido en Twitter por Garicano, que como el resto de críticos no estuvo presente ayer en el Consejo General al no pertenecer a este órgano.

«En este partido es posible venir de afluentes distintos –continuó Rivera–, pero estamos juntos. Siempre he creído que sumar es mejor que restar, que unir es mejor que dividir. Todos los que queráis remar en esa dirección, los afluentes que queráis acabar en ese río de igualdad y libertad, sois mis compañeros». A pesar de las llamadas a la unidad de Rivera, lo cierto es que esta semana fuentes de la dirección de Cs han criticado actitudes como las de Garicano e Igea, que después de haber sido derrotados en la votación del lunes han continuado defendiendo públicamente la abstención ante Sánchez.

«Si algunos piensan que el sanchismo tiene que campar a sus anchas, que presenten un partido»

El secretario general de Cs, José Manuel Villegas, ya avisó el martes: «Los que pierden tienen dos posturas: asumir la votación como propia o dar un paso a un lado». Por el momento, crítico o no, Igea se ha ceñido a las directrices fijadas y ayer mismo firmó el acuerdo de gobierno con el PP de Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León. 

Pulla al PP

Rivera argumentó que el «sentido de Estado» que le reclaman pasa, precisamente, por «hacer una oposición firme al sanchismo» y evitar que la única oposición sea «el caso Bárcenas, la Gürtel o el caso Lezo». «Nos jugamos en estos días tragarnos a Sánchez una legislatura o tragarnos a Sánchez una década», aseveró. También negó que le «importe» lo que digan «Sánchez y sus tentáculos», se opuso a que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero «meta sus zarpas y pastelee con las sentencias y los indultos», y prometió que solo se debe a sus 4,1 millones de votantes.

Otras voces

La de ayer fue la primera intervención pública de Rivera desde que estalló la crisis interna por la dimisión de Roldán. Le precedieron en el uso de la palabra Ignacio Aguado y Begoña Villacís, que hablaron antes del comienzo a puerta cerrada de la reunión del Consejo. El número uno de Cs en la Comunidad de Madrid, entre elogios a Rivera, llamó a convertir a Cs en una alternativa al bipartidismo y no en «un partido bisagra», mientras que la vicealcaldesa de Madrid sentenció:«Ante presiones y democracia, elijamos siempre democracia».

En un Consejo General copado por fieles a Rivera –el órgano se compone por 125 miembros elegidos en listas abiertas en la última Asamblea, un máximo de veinte componentes del Comité Ejecutivo y los portavoces de los Comités autonómicos–, no hubo ruegos ni preguntas. Se aprobaron las cuentas del 2018 por unanimidad y el nombramiento de Marcos de Quinto como miembro de la Ejecutiva. A su llegada a la reunión, miembros como Juan Carlos Girauta, Melisa Rodríguez o Luis Salvador reclamaron también unidad, en un día en el que las tesis oficialistas fueron las claras vencedoras.