Pactos: España se la juega entre la estabilidad y el cambio

El reparto del poder municipal y autonómico, con las generales a final de año, se disputa en un tablero repleto de siglas

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El primer asalto del combate por los pactos postelectorales finaliza dentro de seis días. El próximo sábado 13 los más de 8.000 ayuntamientos españoles estarán constituidos y donde no haya mayorías suficientes será designado alcalde el más votado en el pleno municipal. El segundo «round», el de las trece autonomías, cuenta aún con algo más de tiempo y podría prolongarse a lo largo del verano, como demuestra la incapacidad de Susana Díaz para ser investida presidenta de la Junta andaluza. Pero el hecho incontrovertible que nadie debe olvidar es que el combate no finalizará hasta la batalla final: las elecciones generales, previstas para finales de año. Este es el horizonte en el que se deben enmarcar las negociaciones de populares, socialistas, populistas, emergentes y nacionalistas. Todo en un contexto de crecimiento económico de cerca del 3 por ciento en 2015, pero con una tasa de desempleo aún muy por encima del 20%.

Transcurridas dos semanas desde las elecciones del pasado 24 de mayo, aún hay muchas incógnitas por desvelar y las negociaciones municipales y autonómicas se están jugando también en el terreno nacional. La prueba es que esta misma semana se han producido importantes reuniones bilaterales entre los líderes de los partidos. El secretismo con el que se han llevado es la prueba inequívoca de que esos encuentros no son simplemente «para ponerse cara», como dijeron desde el entorno de Pablo Iglesias sobre su reunión con el secretario general del PSOE.

Encuentros bilaterales

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez han conocido a Albert Rivera esta semana. Hasta ahora, ni uno ni otro han tenido interés -ni necesidad- por conocer al presidente de un partido emergente que, sin embargo, va a condicionar más de un gobierno autonómico y local. El hecho de que el presidente del Gobierno y del PP y el secretario general del PSOE se hayan reunido bilateralmente con el presidente de Ciudadanos esta semana es, por tanto, más que significativo.

Pero las reuniones con Rivera no son las únicas que se han producido esta semana. Rajoy y Sánchez almorzaron juntos en La Moncloa el jueves durante una hora y media. Poco ha trascendido de ese encuentro, celebrado el jueves, pero ha resultado sorprendente la virulencia con que el presidente Rajoy arremetió contra Pedro Sánchez en la tarde del viernes: «El sectarismo y la exclusión en el siglo XXI deberían ser cosas de las que se olvidaran los gobernantes responsables». El presidente del Gobierno considera «antidemocrático» que la estrategia del PSOE sea recuperar el poder a toda costa, aunque eso signifique entregarse a la izquierda radical, a los nacionalistas, a los populistas o, incluso, a todos a la vez. El hecho indubitable es que en estas dos semanas de movimientos el PSOE ha mantenido la máxima de «con todos menos con el PP y Bildu»: así en Valencia, donde gobernará el radical Joan Ribó (Compromís); así en Barcelona, donde el PSC se ha ofrecido a entrar en un Ejecutivo municipal liderado por la activista Ada Colau; así en Badalona (tercera ciudad de Cataluña), donde un pacto a cuatro relegará a Xavier García Albiol a la oposición.

En el plano autonómico, el PSOE lo tiene fácil para gobernar con el apoyo de Podemos en Asturias, Castilla-La Mancha y Extremadura. Pero donde ese apoyo se puede envenenar es en la Comunidad Valenciana y Baleares. Allí, la suma de los populistas con la izquierda nacionalista de Compromís y Mes amenaza seriamente el liderazgo socialista en la izquierda.

Ciudades populistas

Donde más evidente se ha hecho la irrupción institucional de los partidos de izquierda populista es en las grandes ciudades. Tras el acuerdo para que Joan Ribó (Compromís) sea alcalde de Valencia, esta semana se decidirá si finalmente Manuela Carmena y Ada Colau se hacen con el bastón de mando municipal en Madrid y Barcelona. De ser así, las tres grandes ciudades españolas estarán gobernadas por las opciones de izquierda surgidas de los movimientos sociales que empiezan a hacer sombra a Podemos, y lo harán con el apoyo activo del PSOE.

Entretanto, el PP se esfuerza por convencer -aceptando dimisiones que en otro momento serían impensables- a Ciudadanos para garantizar su continuidad en los gobiernos de Madrid, Murcia, La Rioja y Castilla y León. Su inmenso poder municipal de 2011 quedará ampliamente reducido y es posible que Málaga sea la ciudad más importante que aún gobiernen los populares.

Por mor de la fragmentación, la política española se ha convertido en una auténtica sopa de letras. Siguiendo la máxima de la acción-reacción, el mismo votante español que hace cuatro años pintó España de azul PP ha decidido enviar un mensaje nítido a los partidos políticos: adiós a las mayorías absolutas, hola a los pactos poselectorales. Una vez escrutado el deseo ciudadano, la pelota está en el tejado de los partidos, encargados de interpretar ese mandato. De cómo lo hagan, de las posiciones políticas que adopten, de los pactos que sellen, dependerá el futuro inmediato de España. Los líderes políticos tienen la oportunidad de demostrar su valía en un año 2015 convertido ya en encrucijada. Hacia dónde se dirija nuestro país depende en gran medida de las prioridades de su clase política, llamados hoy más que nunca a estar a la altura de su país y a dejar de un lado posibles beneficios partidistas o individuales. La suerte está echada.