La presidenta andaluza en funciones, Susana Díaz
La presidenta andaluza en funciones, Susana Díaz - efe
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Susana se da un ultimátum

No quiere ser la última en pactar, a pesar de que hace ya más de dos meses que ganó sus elecciones

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Susana Díaz no quiere ser la última de España en pactar a pesar de que hace ya más de dos meses que ganó sus elecciones, y por eso ha lanzado un órdago bastante innecesario a sus posibles socios para que se comprometan a permitir al fin su investidura bajo la amenaza de convocar otra cita con las urnas. Si lo hiciera, ella se presentaría como una intransigente incapaz de conseguir lo que el resto de los dirigentes de este país están logrando en un par de semanas. El bloqueo del que se queja quedaría al desnudo como muestra de una falta de cintura ante la nueva situación política que sí ha hecho reaccionar a todos los demás.

Díaz se parece a la novia vestida de blanco que se queja de que no encuentra nadie que la lleve al altar a pesar de que en su reja forman turnos tres apuestos pretendientes más que dispuestos a ello: el PP, que ya le ha prometido la abstención a cambio de que los socialistas correspondan en los grandes ayuntamientos andaluces en los que han sido primera fuerza; Podemos, con una propuesta similar de reparto de poder, y Ciudadanos, la formación que menos disimula sus ganas de darle el sí con menos condiciones que los otros, parece que como coartada para hacer lo propio con Cristina Cifuentes en la Comunidad de Madrid.

El único ultimátum del que Andalucía está pendiente para tener Gobierno es el que Díaz tiene que darse a sí misma para resolver de una vez por todas si pacta con Podemos y la izquierda más radical, como ha decidido su archirrival de partido Pedro Sánchez; si hace gala de sus últimas declaraciones en el Comité Federal del PSOE en las que rechazó participar en un frente anti-PP o si tira por la calle del medio y se abraza a Ciudadanos.

Dadas sus circunstancias, ese desbloqueo de sí misma tendrá que hacerlo más pensando en Madrid que en los andaluces. Llegar a un acuerdo con el PP sería el equivalente a enfrentarse frontalmente a su secretario general; aliarse con Podemos, dar la razón a la política de alianzas de Sánchez, y quedarse con Ciudadanos, permitir la entrega al PP de Madrid. Aunque siempre le quedará a Susana Díaz la opción de convocarse a unas nuevas elecciones para ver si en el entretanto aprende a pactar y decide lo que quiere.