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Las luchas en los partidos dejan a Madrid sin candidatos

Un expresidente apunta: «Nunca habíamos dado tantas razones para la decepción»

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Madrid está maldito. Sus tres grandes partidos -PP, PSOE e IU- presentaron en 2011 media docena de nombres en sus papeletas electorales y hoy todos son tierra quemada, en buena medida por las luchas internas entre sus mandos. Rajoy colocó en su ticket a Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre: tres años después, el primero es un abogado en espera de destino y la segunda una aspirante sin candidatura. Rubalcaba hizo lo propio con Jaime Lissavetzky y Tomás Gómez: mientras uno ha sido repescado de su magisterio en la Complutense para dirigir la gestora del PSM, el hasta ahora líder es hoy un militante de base en guerra con su partido. Cayo Lara nombró a Ángel Pérez y Gregorio Gordo: ambos abandonan enfrentados con la dirección por oponerse a ser fagocitados por Podemos.

Pero la incertidumbre no solo habita en el pasado. El golpe de timón de Pedro Sánchez, despojando a su partido de candidato a la Comunidad a la espera de Ángel Gabilondo, ha terminado de dejar en blanco, a cien días de las urnas, las casillas de salida. Un expresidente de Madrid aseguraba ayer a ABC que «nunca, ni en el peor de los momentos, la política madrileña había ofrecido tantas razones a la gente para sentirse decepcionada». Esas palabras dibujan una situación de desánimo en las filas de las tres formaciones que, junto a UPyD, se reparten los 57 concejales del Consistorio madrileño y que sufrieron un serio revés en las europeas del año pasado.

La izquierda que gobernó Madrid tres lustros está rota. Mientras la Ejecutiva del PSM ha sido fulminada, Izquierda Unida está en plena descomposición con la salida de sus filas de su candidata, Tania Sánchez, camino de la convergencia con Podemos. Precisamente esta formación nueva, cuya proyección de las europeas le otorga 7 ediles (más de los que tiene hoy IU), está todavía sin secretario general, aunque todo apunta a que será Luis Alegre, mano derecha de Pablo Iglesias, pero no estará exento de polémica ya que le plantará cara Miguel Urban, del partido anticapitalista. Y falta decidir cómo quedan engarzados los populistas en una plataforma instrumental que no tiene ni nombre.

Al otro lado del arco parlamentario, el PP sigue sin fumata blanca. Aunque Mariano Rajoy retrasó esta decisión en 2011 al mes de marzo, límite legal para las designaciones, la demora estaba justificada por la permanencia al frente de las candidaturas de Gallardón y Aguirre. Ahora, sin perfiles definidos, la confusión es total. En las quinielas siguen estando los dos postulantes, Aguirre y González, pero nadie se atreve a tachar a Cristina Cifuentes e incluso a Pablo Casado, portavoz electoral, en alza en el partido. Según ha sabido ABC, el presidente del Gobierno, que conoció el terremoto socialista a primera hora del miércoles, tras el rifirrafe que mantuvo con su líder en el Congreso, se mostraba ayer preocupado por la inestabilidad del PSOE pero con la convicción de que su determinación de dilatar los plazos favorece a la marca, vital en las urnas. Lo que sí parece claro es que el paso del tiempo, recuerda un edil del PP, «corre a favor de los más conocidos».

Rajoy: evitar el desgaste

Es conocido el cálculo de Rajoy de que cuanto antes se conozcan los nombres de los elegidos, mayor es el tiempo de desgaste al que son sometidos. No obstante, en Génova reconocen que la tardanza también tiene que ver con las grietas internas entre el aparato nacional y el PP regional, en manos de Aguirre y González. «A Rajoy le gustaría renovar e iniciar un tiempo nuevo pero es conscientes que no puede hacerlo contra su partido en Madrid».

Ni siquiera la más joven de las formaciones que poseen escaño, UPyD, va a mantener su cartel: Luis de Velasco abandona la política y solo David Ortega repetirá en la capital. Para la Comunidad se estrenará Ramón Marcos, hoy el único aspirante regional definido. Por su parte, Ciudadanos sigue deshojando la margarita y ayer Santiago Abascal anunció que se presentará a las primarias de Vox.