Sánchez y Zapatero coincidieron ayer en el Ateneo de Madrid
Sánchez y Zapatero coincidieron ayer en el Ateneo de Madrid - De San Bernardo

El PSOE carga contra Zapatero por el «sinsentido» de su cita con Iglesias

Sánchez insiste en que 61.000 votos de militantes dan para sentirse «más que legitimado» mientras Díaz recalca que solo le apoya como secretario general

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El PSOE pasó ayer jueves de la estupefacción al ataque sin contemplaciones al expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, por haberse reunido en diciembre con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y por habérselo ocultado a Pedro Sánchez. ¿Por asistir a la cena, en sí? No solo. Ferraz sitúa a Zapatero en el foco de una conspiración de algunos barones para apear a Sánchez de la candidatura a La Moncloa y aupar a Susana Díaz, una vez sea reelegida presidenta andaluza en las urnas, el 22 de marzo, y tras lo que prevén sea una debacle en las autonómicas y municipales, el 24 de mayo.

El malestar contra el último jefe de Ejecutivo socialista no solo está motivado por ese encuentro con Iglesias en casa de José Bono hace un mes. Lo centran también en el contenido de la entrevista en la que confirmó esa cena. A sabiendas del uso que se iba a hacer de sus palabras, Zapatero alabó las cualidades de gobernante de Díaz y relegó las del secretario general. Y no se cortó a la hora de calificar de «superficial» la postura en que Sánchez ha instalado al PSOE en relación con la reforma del artículo 135 de la Constitución, para rectificar el blindaje del pago de la deuda que él promovió en 2011.

Pedro Sánchez y sus fieles ya se han convencido de que nada es casual. No lo sería el adelanto electoral andaluz, que oficialmente apoyan por la «inestabilidad» del pacto con IU, ni el «fuego amigo» que llevan padeciendo desde hace tres meses. Por ello, han optado por defenderse atacando. «No entiendo a santo de qué se reúne el expresidente del Gobierno socialista con los dirigentes de Podemos», señaló a media mañana en Ferraz la secretaria de Empleo de la Ejecutiva, Mari Luz Rodríguez, evidentemente aleccionada. «Me parece una reunión inadecuada, inoportuna y que no tiene ningún sentido político. Y lo digo como alguien que formó parte del Gobierno Zapatero».

García-Page estuvo en la cena

Rodríguez no estuvo sola. En general, la «deslealtad» de Zapatero le va a pasar factura, independientemente del bando de cada cual en esta cada vez menos disimulada guerra de poder. Hasta el director de la revista «Temas», el guerrista José Félix Tezanos, reconoció que ofrece una imagen de «conspiración» y que provoca «perplejidad» en la militancia.

El secretario general de los socialistas gallegos, José Ramón Gómez Besteiro, afín a Sánchez, opina que «lo chocante es el encuentro, no que se comunicara antes o después». «Resulta sorprendente que una persona (Pablo Iglesias) que fue del PSOE, que es de padres socialistas, que reniega del PSOE, se encuentre con socialistas en una cuestión privada». El poco dudoso, en cuanto a su afecto por Susana Díaz, Tomás Gómez, secretario general del PSM, admite que Zapatero «podría haber avisado».

Mientras, el anfitrión, José Bono, recorrió ayer televisiones y radios para asegurar que él no ve ninguna «deslealtad» de Zapatero y que como tiene un «buen concepto» tanto de Iglesias como de Íñigo Errejón, se reunirá con ellos cuantas veces quiera. Para colmo, anoche trascendió que el miembro de la Ejecutiva de Sánchez, el líder en Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, también asistió a la cena con Iglesias, y él mismo lo confirmó a ABC. García Page no se sintió en la obligación de informar al secretario general porque le invitó su amigo Bono y pensó que «era cosa» del anfitrión. Además, asegura que Ferraz se equivocará si hace de ello «un problema» porque Zapatero estuvo «impecable y elegante» al referirse a Sánchez ante el líder de Podemos.

Así las cosas, los dos protagonistas principales de la polémica, Sánchez y Zapatero, coincidieron anoche en el Ateneo de Madrid, en la presentación del libro del exministro Jordi Sevilla «Seis meses que condujeron al rescate». Inicialmente la tensión se cortaba en el ambiente. Ambos posaron junto al autor y al otro presentador de la obra, el exministro popular Josep Piqué, pero evitaron darse la mano ante los reiterados requerimientos de la nube de reporteros gráficos desplazados. Solo se palmearon la espalda después de mucho insistir. Ya en la presentación, Zapatero escuchó en primera fila cómo su sucesor le dedicaba un «gracias José Luis», seguido de tímidos aplausos. Se refería a logros de sus gobiernos, como la cobertura a los parados o haber multiplicado por cinco el fondo de reserva de la Seguridad Social frente al descalabro posterior del Ejecutivo de Rajoy. Según explicó Sánchez posteriormente, «está todo aclarado» ya que Zapatero y Mari Luz Rodríguez hablaron por teléfono ayer mismo para zanjar la polémica.

López: el «ruido» hace daño

Pero, más allá de las formalidades exhibidas en el Ateneo, Sánchez parece haber optado estratégicamente por aferrarse a lo único que, aparentemente, le queda: los votos de los 61.500 afiliados del PSOE que le eligieron secretario general frente al otro candidato, Eduardo Madina, en julio de 2014. Eso le sirvió para señalar en una entrevista en Rac 1 que se siente «más que legitimado» para seguir y presentarse, como prometió, a las primarias internas que elegirán al rival socialista de Mariano Rajoy el 26 de julio.

Díaz le replicó que, de momento, tiene todo su apoyo pero solo para seguir siendo lo que es: líder orgánico, no cartel electoral. «Mi secretario general sabe que tiene todo mi apoyo» ... Otra cosa es la candidatura, a la que ella aspira ser elegida por aclamación, en un hipotético escenario de victoria suya en Andalucía, el 22 de marzo, y de debacle municipal y autonómica del PSOE, el 24 de mayo. Pero como quedan muchos meses y semejante nivel de «ruido» puede hacer mucho daño al partido, tal y como reconoció ayer el exlendakari y miembro de la actual dirección Patxi López, parece que se ha impuesto la tesis de una tregua verbal hasta que hablen las urnas.

Dirigentes del PSOE que han asistido hasta ahora «desde la barrera» al espectáculo de la pérdida de apoyos por parte del secretario general, creen que las maniobras de los barones que apoyan a Susana Díaz como candidata a La Moncloa se van a ralentizar una vez escenificada la «ruptura» con Pedro Sánchez, a quien auparon orgánicamente en 2014 cuando ello dijo no. En parte porque ya han dejado claro su alineamiento y, también, porque comienzan a temer que la deriva del PSOE acabe afectando a sus expectativas el 24 de mayo. Y en el caso de la propia Díaz antes, el 22 de marzo. Por eso la presidenta andaluza habló de que a ella le gusta «coser y unir».

Sánchez está orgánicamente muy débil «y eso se está percibiendo ya socialmente, lo cual solo puede redundar en un desgaste electoral de la marca PSOE, de la cual, hoy por hoy, sigue siendo líder y seña de identidad», recalcan estas fuentes. Quizá por eso los barones están siendo cautelosos. Ayer dos miembros de la Ejecutiva, como el exlendakari y la exministra Carme Chacón, optaron por no decantarse a favor de uno u otro y desviaron la atención porque eso «no interesa a la ciudadanía».