Marta Ferrusola: la primera dama de hierro
Jordi Pujol y Marta Ferrusola en 2010 - archivo

Marta Ferrusola: la primera dama de hierro

Quien fue la primera dama de Cataluña durante 23 años no se resignó a cuidar de los siete hijos que tuvo con el expresidente, sino que tuvo agenda propia

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Siendo muy joven, se prometió a sí misma no casarse nunca con un hombre bajito, que se llamara Jordi y fuera médico. Marta Ferrusola (Barcelona, 1935), mujer de fuerte carácter incapacitada para ser esposa en la sombra, tuvo que tragarse sus palabras, pero desde que conoció a Jordi Pujol, no ha dejado de tener voz propia. Quien fue la primera dama de Cataluña durante 23 años, no se resignó a cuidar de los siete hijos que tuvo con el expresidente, sino que tuvo agenda propia, montó negocios e hizo alarde de un patriotismo radical.

Hija de una familia muy catalanista, cristiana y aficionada a la montaña, Marta conoció a su futuro marido mientras hacía labores de asistencia social y religiosa en el barrio de la Guineueta de Barcelona, donde en los años cincuenta se asentaba la inmigración procedente del resto de España. Una inmigración de la que, según diría años después en alusión al cordobés José Montilla, no podía proceder un presidente de la Generalitat. Se casaron en la abadía de Montserrat en 1956, previo aviso de que Marta tendría que competir con el gran amor de Pujol: Cataluña. Convertida ya en primera dama, aprovechó los contactos del «president» para hacer prosperar su negocio de jardinería. De tener una floristería, Marta pasó a crear en 1990 Hidroplant, que firmó contratos con empresas constructoras adjudicatarias de obra pública e instaló el césped del FC Barcelona.

La militancia nacionalista adoraba a Marta. «Aixó és una dona!» (eso es una mujer), le gritaban las noches de triunfo electoral. Ella respondía a sus fans saltando en paracaídas con 58 años o predicando contra la fértil inmigración musulmana, que, según alertó, convertiría todas las iglesias románicas en mezquitas. Fue ella la que decidió que aquel joven tímido y, según ella manipulable, llamado Artur Mas, que trabajaba con su hijo Jordi sería el «delfín» de Jordi Pujol.