En la reunión que debate los apoyos de cada localización para el ITER, la opción francesa desbanca a lA española. Cadarache albergará el reactor termonuclear
En la reunión que debate los apoyos de cada localización para el ITER, la opción francesa desbanca a lA española. Cadarache albergará el reactor termonuclear - afp
Madrid 2020 se estrella

Historia de cuatro decepciones olímpicas y alguna más: España se queda en el «casi»

Rosa López fue séptima ante 12 millones de expectantes espectadores; el ITER viajó al sur de Francia y Bilbao solo pudo ser segunda para albergar la Fuente de Espalación de Neutrones

érika montañés
Actualizado:

«Río de Janeiro». Es una soleada tarde de octubre de 2009. En los jardines de la Plaza de Oriente situados frente al Palacio Real, en pleno corazón de Madrid, estalla en júbilo un reducido grupo de «brasileiros», que mientras recaban miradas peyorativas momentáneas de los presentes aprovechan para ondear su bandera amarilla, azul y verde. Los otros cientos de personas congregadas solo pueden esbozar un «ohhh» y un «casi» muy castizos, una expresión muy nuestra. Es la encarnación onomatopéyica de la segunda gran decepción olímpica que sacude a los madrileños reunidos que aparcan las ganas de fiesta y empiezan a dispersar la céntrica plaza sita detrás del coliseo operístico y se preguntan si tanta ilusión mereció la pena. El entonces alcalde Alberto Ruiz-Gallardón y el presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, anunciaron posteriormente que la capital no se rendía, que quería albergar unos Juegos Olímpicos en el primer cuarto del siglo XXI y el sueño de Madrid 2020 echó a volar.

Ya se habló tras este segundo revés, como en el tercero del pasado sábado 7 de septiembre en Buenos Aires, de que el doctor belga Jacques Rogge se había propuesto que Madrid no acogería la máxima competición deportiva mundial bajo su mandato ( que expiró el pasado martes, en favor del alemán Thomas Bach). También se mencionó que el fallecido Juan Antonio Samaranch había logrado la gesta de Barcelona'92 y no se lograría emularla en años, auspiciada esta tesis con la de la rotación internacional (que favoreció a la ciudad brasileña para 2016) y después del examen superado por «London» como cita europea para el año 2012. Por supuesto, entre las teorías de la decepción no se olvidó incluir la cuestión pecunaria: la capacidad económica del país determinaría albergar o no los Juegos. Madrid no pasó el corte.

Era la cuarta vez que Madrid soñaba

En la historia de las decepciones olímpicas, los más resabidos o memoriados recuerdan una anterior al tridente de Madrid en el nuevo siglo. La capital de España se quedó a las puertas de organizar unas Olimpiadas en 1972, así que ésta era la cuarta vez que se presentaba y no lo lograba. La primera tentativa acaeció en 1972, cuando la germana Múnich fue la congraciada. Según las crónicas de la época, se trató de un intento menos ambicioso por parte de la capital que los tres abanderados por el COE de Blanco y el Consistorio de Gallardón-Botella al alimón, puesto que España comenzaba a ver la luz tras la mala coyuntura económica gracias al turismo y el régimen político no era aún una democracia abierta.

Madrid sufrió una nueva frustración con «fair-play» incluido, al que se le pueden añadir las tres oportunidades más recientes: 2012, va a parar a Londres, 2016 se lo adjudica Río de Janeiro y 2020 viaja hasta Japón. Tokio es la afortunada y fulmina todas las opciones de soñar.

«Preparados para ti» fue el lema escogido para 2012 cuando venció la City de Londres«Preparados para ti» fue el lema escogido en 2005 para luchar en Singapur por la opción olímpica, que se llevó a la cazuela la City europea. Se decía que Madrid tenía opciones. Era otra soleada tarde de julio. Íbamos por detrás de París, y en la capital española se plantó una bandera inmensa, inabordable, se decía que la más larga del mundo. En la Puerta de Alcalá, como ocurrió también el pasado sábado, las actuaciones musicales amenizaban la demora hasta el momento de la votación. Y... entonces, París, Nueva York... fueron debancadas. Quedaban Madrid y Londres para la tercera votación. Ya se sabe el resultado. En la comitiva trasladada hasta la ciudad asiática, un apesadumbrado José Luis Rodríguez Zapatero quiso tomarse el fracaso con deportividad y así lo manifestó también un alcalde de signo político contrario al jefe del Ejecutivo, el popular Ruiz-Gallardón. Un año después se supo que Madrid concurriría de nuevo.En el horizonte, el año 2016. Otra oportunidad, nuevo «no». La rotación continental tampoco iba a favorecer, aunque para muchos Madrid podía aspirar a vislumbrar los cinco anillos esta vez. Es la única gran capital europea (frente a París, Londres, Berlín y Roma) que no lo ha hecho. Las infraestructuras avanzaban y aunque Estambul suma ya cinco negativas a su candidatura, la de España parecía que no volvería a acumular más desprecios internacionales. El cónclave olímpico en esta ocasión se produce en Copenhague. Se quedan a la cola Chicago y Tokio. Hay que elegir entre la samba brasileña o el flamenco español. El Cristo de Corcovado o la Puerta de Alcalá. Gana Río. Madrid llora.

A la cuarta tampoco va la vencida

«Madrid makes sense» es pronunciado en perfecto inglés por los abanderados de la campaña de Madrid 2020. Rafael Nadal abre vídeo. A continuación aparecen los internacionales Plácido Domingo, Antonio Banderas, Iker Casillas, Pau Gasol... Todos corean el lema «Madrid tiene sentido»... Buenos Aires, 7 de septiembre de 2013. El Príncipe Felipe está solemne. De 10. A la regidora Ana Botella se le atropella el idioma anglosajón. Mariano Rajoy, cauteloso, apremia los valores de Madrid 2020. Intuye que no nos lo van a dar. Ya se había mostrado sumamente prudente en una rueda de prensa la víspera en San Petersburgo, en la cumbre de líderes mundiales del G-20. Presiente la decepción y habla de que lo que hay que remarcar es «el buen trabajo en común emprendido por todas las administraciones españolas».En la Puerta de Alcalá atardece otra vez con un sol de campeonato. Acaban de actuar dos «extriunfitos» y hoy cantantes de éxito, Pablo López y su hit «Vi» y el marchoso «fuego» de Soraya Arnelas. Nos caemos de bruces a las primeras de cambio. No son ni las nueve de la noche y ya estamos fuera de la última de las carreras para las que Madrid se presentaba, o eso parecía, con cierta ventaja. Empate con Estambul. Luego gana. A casa en la primera votación. Hasta Nadal protesta en inglés desde la sala de prensa del US Open, antes de adjudicarse, él sí, la victoria apoteosica ante Novak Djokovic. Tokio se endosa los Juegos a siete años vista.

Chasco ibérico, compartido no es menor

La gente en Cibeles y el centro de Madrid se fue esta vez con mayor celeridad que en las anteriores. En la calle, un grito común: que por favor no se presenten a Madrid 2024. La desilusión ya ha sido tamaña, no merece la pena pasar otro brete. Pero España ya está curtida, al menos parcialmente, porque no se trata del primer varapalo a plena luz mundial. Entre los vapuleos públicos, se encuentra también alguno deportivo. El último mal trago que se recuerda con regustillo ciertamente amargo fue la organización del Mundial de Fútbol de 2018. La Copa Mundial de la FIFA determinó que fuese Rusia el país que ostente la XXI edición de ese certamen que concentra las miradas de medio planeta. Y es aquí donde campa la Selección campeona del mundo, la de Vicente del Bosque.

El desencanto fue mayúsculo cuando Rusia fue elegida para albergar el Mundial de Fútbol 2018 Zúrich, 2 de diciembre de 2010. Está reunido en la ciudad suiza el Comité Ejecutivo del organismo. Se decide que la elección de la sede de la Copa Mundial de Fútbol de 2018 se realice en conjunto con 2022. Recaen como anfitriones en Rusia y Catar. Para otorgar a Moscú tal chance se puso en valor el hecho de que será ésa la primera vez en la historia que la Copa del Mundo de la FIFA se celebre en Europa del Este. Pero el mal sabor de boca se quedó en toda la Península Ibérica por esa candidatura frustrada. Íbamos a compartir el premio con Portugal, la victoria iba a ser a medias, pero el chasco, a pesar de repartirse al «fifty-fifty», no fue un ápice menor.

El ITER, al otro lado de los Pirineos

En el campo científico, España ha sufrido dos grandes desilusiones en los últimos años. El ITER, lo que llaman los entendidos en términos nucleares un «segundo Sol», fue a parar al sur de Francia. Se quedó a pocos kilómetros, al otro lado de los Pirineos, con la revalorización de la zona que conllevaba su contrucción y la rentabilidad del macroproyecto. España había depositado expectativas sumamente altas para ser el escenario del reactor termonuclear. El ITER (siglas en inglés de International Thermonuclear Experimental Reactor, en español Reactor Termonuclear Experimental Internacional) es un proyecto de gran complejidad ideado, en 1986, para demostrar la factibilidad científica y tecnológica de la fusión nuclear y en la actualidad se ultima su construcción en la localidad de Cadarache (Francia). Tiene un magno presupuesto de más de 10.000 millones de euros y es, tras la Estación Epacial Internacional y el Proyecto Manhattan, el tercer proyecto científico más costoso de la historia. Huelga decir la envergadura económica y el beneficio para el país que lo hospeda.

Esta vez el golpe aconteció un otoño de 2003. En el proceso para definir el emplazamiento del centro de investigación y el reactor de fusión se produce una dura pugna entre Francia y España para ser la candidata europea que tiene que cobijarlo. La opción española tras descartar otros puntos del país fue Vandellós, en Tarragona. Al principio también se disparó el entusiasmo en este rincón, puesto que Estados Unidos se oponía firmemente a respaldar la candidatura gala; no obstante, Cadarache fue la población que resultó agasajada y que contaba «a priori» con mayor apoyo de Bruselas, Rusia y China. En el tramo final se habían caído las candidaturas sitas en Rokkasho (Japón) y la UE había decidido respaldar a Cadarache frente a Tarragona. El 28 de junio de 2005 en Moscú, se llegó finalmente a un acuerdo sobre la localización del reactor, que se ubicaría en el municipio francés. El entonces primer ministro de Francia, Dominique de Villepin, consideró que el ITER conllevaría la creación de 4.000 puestos de trabajo en su país, empleos eminentemente científicos e indirectos. También se mentó que la construcción del reactor nuclear implica inversiones por 4.500 millones de euros durante los próximos veinte años. Ahí es nada. Desengaño total para España.

Todo listo en Bilbao, como «segundón»

En el mismo plano, se disparó nuestra confianza respecto a Bilbao y el proyecto de la Fuente de Espalación de Neutrones que perdió Bilbao frente a Lund (Suecia). La Fuente Europea de Neutrones por Espalación es el nombre de un trascendental centro de investigación que se construye en Europa, al tiempo que se desarrollan algunos similares en EE.UU. (concretamente el Oak Ridge, en Tennessee) y en Japón (el J-parc, en Tokaimura). Es una de las grandes instalaciones científicas que permitirán conocer la materia a escala atómica y obtener información clave para numerosas aplicaciones en campos como el de la Biomedicina y la Aeronáutica. Tras una selección inicial entre los lugares candidatos (eran cuatro ciudades europeas las que rivalizaban por la infraestructura científica), solo quedaron tres. Debrecen, en Budapest (Hungría), Bilbao (España) y Lund (Suecia) y la elegida resultó esta última, la localización sueca. El desencanto cundió, aunque España se consoló con la figura establecida de una subsede en la capital vizcaína para elaborar proyectos de forma cooperativa. El presupuesto de este gran laboratorio científico-ténico ronda los 1.200 a 1.500 millones de euros y se prevé que la obra culmine en el año 2018. En lo que concierne a la subsede que recaló en España, el ambicioso proyecto está financiado a partes iguales por los Gobierno central y vasco. La sede está en fase de construcción en el campus de la Universidad del País Vasco en Leioa (Vizcaya) y cuando esté plenamente operativa suministrará componentes a la Fuente Europea de Neutrones por Espalación de Lund.

Desengaño perpetuo en Eurovisión

El «rosazo». Así se bautizó la no victoria de Rosa López, la «Rosa de España» en su concurrencia en Eurovisión en el certamen de Tallin (Estonia) en mayo de 2002. Los «batacazos» de nuestro país en el concurso de la canción se cuentan por participaciones en él, si bien en el «top one» de los desengaños está sin duda la séptima posición de Rosa, Bisbal, Bustamante, Chenoa y Geno, la «trouppe» salida de un programa televisivo con el que España pensaba barrer como hacía muchos años no hacía en la disputa musical. Doce millones de espectadores expectantes aguardaban ese triunfo que nunca se operó.

Desde el año 1969, cuando el Teatro Real de Madrid fue el escenario desde el que se transmitió la gala tras el triunfo de Massiel el año anterior en Londres con su pegadizo «La, la, la», no se organiza un concurso eurovisivo en nuestro país y las ocasiones se antojan más y más remotas año tras año, convocatoria tras convocatoria. Cabe decir, porque aquí quien no se consuela es porque no quiere, que ese año también ganamos, pero hubo un cuádruple empate y se decidió que fuese otro país el que reinase en la canción al año siguiente. No hemos vuelto a ganar ni a ser sede de Eurovisión desde ese Salomé y su ritmo atenuado del «Vivo cantando». «Ohhhhh casi» vivimos y seguimos soñando.