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¿Qué son la renta fija y la renta variable?

Bonos y acciones son los dos principales tipos de activos que suelen componer las carteras de los fondos de inversión. Explicamos en qué consisten y las implicaciones de invertir en ellos

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Los mercados de capitales ofrecen una amplia gama de activos que los inversores y gestores de fondos pueden incluir en sus carteras. No obstante, los más extendidos son la renta variable y la renta fija. La expresión «renta variable» hace referencia, básicamente, a las acciones de las empresas que cotizan en bolsa. Se llama «variable» porque la rentabilidad de la inversión puede subir o bajar. Es decir, que puede haber variación tanto en los dividendos obtenidos como en el precio en sí de las acciones, de manera que el inversor puede obtener menos de lo invertido. Esta variación se produce porque la rentabilidad depende de factores distintos como son, obviamente, los resultados de la compañía en cuestión pero, también, la evolución económica de los países en que opere o el entorno de los mercados. Sin embargo, la renta variable también tiene sus ventajas. Por ejemplo, los retornos potenciales de este activo son más elevados que en la renta fija. De hecho, hay estudios que aseguran que la renta variable es el único activo que ha sido capaz de batir a la inflación de manera consistente en el largo plazo.

Estudios aseveran que la renta variable es el único activo capaz de batir a la inflación en el largo plazo

Por su parte, «renta fija» es una expresión que hace referencia a las emisiones de deuda realizadas por parte de organismos públicos y empresas privadas. Se trata de un activo que, tradicionalmente, se ha recomendado para inversores conservadores debido a que cuenta con una rentabilidad establecida al vencimiento del bono. Sin embargo, los inversores han podido comprobar recientemente que invertir en renta fija no está exento del riesgo de pérdidas. En concreto, hay diferentes circunstancias que pueden afectar al inversor en renta fija. La primera es el riesgo de impago. Es decir, que el emisor no devuelva el dinero adeudado. Otro riesgo es el de la falta de liquidez. Y un tercero estaría relacionado con el hecho de que los bonos no necesariamente se mantienen en cartera hasta el vencimiento. Normalmente, se compran y se venden como las acciones, y ahí es cuando pueden caer de precio, dependiendo de la evolución de los tipos de interés o de la situación económica.