El consejero delegado de Amazon, Jeff Bezos
El consejero delegado de Amazon, Jeff Bezos - ABC

Jeff Bezos, el emprendedor compulsivo

El espectacular salto bursátil de Amazon en 2015 le ha convertido en la cuarta persona más rica del mundo

CORRESPONSAL EN WASHINGTONActualizado:

Parece coser y cantar. Más beneficios de los previstos por Wall Street y se disparan las acciones. Así se acaba de convertir Jeff Bezos, propietario (con un 18% de ellas) y consejero delegado de Amazon, la compañía líder en comercio por internet, en la cuarta persona más rica del mundo, según la lista Forbes. El espectacular salto de la sociedad tecnológica en 2015, superior al 110%, sitúa su fortuna personal en 55.800 millones de dólares (51.200 millones de euros), por encima de la del mexicano Carlos Slim. Claro que si todo fuera tan fácil, cualquier competidor haría lo mismo. Peter Cohan, experto en finanzas y tecnología, explica con tres razones el éxito imparable de Bezos: que veinte años después de fundar Amazon, la gestione como una «startup» (empresa nativa de internet), con el empeño juvenil que la trajo al mundo en un pequeño garaje; su continuo crecimiento en números y en ambición, y la eficaz estrategia para fidelizar y ganar clientes. El añadido viene de su apuesta por invertir en la mejora de los servicios. Su último logro en Estados Unidos consiste en ofrecer que los repartos de sus ventas lleguen al comprador en el día. Y todavía no utiliza drones para la distribución, como pretende a corto plazo, sino que se ha apoyado en la adquisición de un centenar de almacenes repartidos por todo el país. Agresivos y bien ideados programas de marketing completan un panorama triunfante.

Dos datos definen a Amazon: acapara hoy el 51% de cada dólar que se gastan los norteamericanos en internet y genera casi la cuarta parte de todo el negocio del comercio (digital y no digital) en los Estados Unidos. Bagaje suficiente para justificar los 84.000 dólares (77.300 euros) de salario que se embolsa cada año.

La relación de logros desde que decidiera dejar Wall Street, donde se inició ganando dinero pero sin un proyecto propio que colmara sus ansias creativas, ha situado en lo más alto a Jeffrey Preston Jorgensen "Jeff" Bezos (Alburquerque, Nuevo México, 1964), y no sólo en prosperidad económica. Su creciente influencia le ha aupado al puesto número 17 del ranking de personas poderosas, que también gestiona Forbes, por detrás del presidente francés, François Hollande, y por delante del ayatolá y líder supremo de Irán, Ali Hoseim-Hamenei. Algo habrá contribuido en su refuerzo la compra del Washington Post, efectiva en 2013, que ha apuntalado su posición en el tablero de la comunicación. De momento, para "experimentar y experimentar", en palabras de este emprendedor compulsivo. Su afición por las startup le ha llevado a colaborar directa o indirectamente en el nacimiento de decenas de ellas, entre las cuales se encuentra Airbnb, la mundialmente conocida sociedad de alquiler de alojamientos compartidos por internet.

Pero Jeff Bezos, el aficionado a la astronomía, el adolescente que quería "construir hoteles, parques y fundar colonias fuera de la Tierra", tenía que guardar un íntimo hueco para su gran pasión. Para ese fin fundó en 2000 Blue Origin, dedicada a investigar y desarrollar vuelos humanos al espacio y que pilota con el mayor de los secretismos. Aunque le reste dinero, hace las delicias del hombre dedicado a su sueño.

Bezos también ha fracasado. No hay persona de éxito en Estados Unidos que no lo haya hecho. Su pasado registra fiascos sonoros como su incursión en el mundo de los «smartphones». Rechazado pronto por el mercado, su Fire Phone culminó con la pérdida de millones de dólares y el despido de las decenas de empleados de los laboratorios de I+D Amazon en California.

Es de su gestión de los recursos humanos de donde le llueven las principales críticas, algunas ácidas. En mayo de 2014, la Unión Internacional de Sindicatos le otorgó el título de peor jefe del mundo, por representar la "inhumanidad de los empresarios con sus empleados". Hace unos meses, tuvo que salir al paso de un reportaje dominical publicado en el New York Times, en el que la mayoría de las decenas de directivos consultados por el periódico concluían que el ambiente de trabajo construido por Bezos en Amazon es "una cruel e inhumana experiencia para muchos empleados, que terminan acabados o marchándose". Además de arrepentirse de abrir las puertas de su compañía al diario neoyorquino, Bezos aseguró en un escrito personal a sus trabajadores que no reconocía a su compañía en el reportaje publicado.

Con 51 años, casado con MacKenzie y con cuatro hijos, de los cuales la niña fue adoptada en China, Jeff Bezos rememora una infancia en la que mostró una temprana afición a manipular cacharros. Cuentan que llegó a construir un dispositivo de alarma para evitar que sus hermanastros, más pequeños, entraran en su habitación, en la casa que sus padres habían comprado en Houston (Texas). Su madre, Jacklyn, que tuvo a Jeff con sólo 17 años y se divorció uno después, convirtió sus orígenes en españoles al casarse poco más tarde con Miguel Bezos, cubano e hijo de un emigrante nacido en Villafrechós (Valladolid). Todavía recuerdan en el pueblo vallisoletano el día de 2010 en que aparecieron "varios americanos con cochazos y seguridad", cuando Jeff Bezos quiso conocer el pueblo de los orígenes de su padre, visita al cementerio incluida