Jaime Velasco Kindelán con su libro «Emilio Botín y el Banco Santander: historia de una ambición»
Jaime Velasco Kindelán con su libro «Emilio Botín y el Banco Santander: historia de una ambición» - abc

«Los políticos necesitaban más a Botín que Botín a los políticos»

ABC ha entrevistado a Jaime Velasco Kindelán, periodista y autor de un libro sobre el banquero, personaje imprescindible de la España reciente

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La semana pasada falleció Emilio Botín, figura imprescindible del empresariado español de los últimos 30 años y miembro de una saga familiar fundamental para entender la historia bancaria de nuestro país. Y que continúa. La nueva presidenta de esa superpotencia financiera mundial llamada Banco Santander es su hija, Ana Botín, que en la adolescencia quiso ser periodista aunque la inclinación fue rápidamente neutralizada por la observación de un familiar: «Los periodistas se mueren de hambre». «Ante el aviso, Ana decidió seguir los pasos de los hombres de su familia: ganar dinero», cuenta el periodista Jaime Velasco Kindelán en su «Emilio Botín y el Banco Santander: historia de una ambición».

El libro «pretende desvelar las claves de bóveda» de cómo se logró la proeza de convertir un banco provincial en uno «top» mundial. En particular tras la llegada en 1986 de Emilio Botín a la jefatura, recibiendo en herencia el pequeño de los «siete Grandes» patrios y transformándolo en tres décadas en uno de los diez o doce mayores del mundo, «incluyendo un puesto privilegiado en la City londinense y el liderazgo de la banca en la Eurozona y Latinoamérica». Casi nada.

Y mientras se lee sobre este imponente ascenso, uno conoce que la abuela del magnate, María Sanz de Sautuola y Escalante, descubrió la cueva de Altamira y sus pinturas rupestres, convirtiéndose en una celebridad en su niñez por ello. O que Emilio Botín fue quien introdujo las comisiones bancarias en España. O que en una de las antiguas comidas de los grandes banqueros se llegó a realizar un pacto de sangre para impedir la creación del Fondo de Garantía de Depósitos. También te enteras de que el padre de Emilio y abuelo de Ana, y expresidente del Banco Santander, era partidario tras la llegada de la democracia de legalizar el partido comunista. Así lo razonaba: «Sería más inteligente su legalización y no seguir contemplando cómo sus elementos se infiltran en los partidos democráticos de izquierda para trabajar en la clandestinidad y contaminarlos».

ABC ha hablado con Velasco Kindelán, autor de esta «historia de una ambición» y curtido periodista económico, para conocer más acerca de este personaje de gigantesca relevancia en nuestra España reciente. (El libro se terminó de escribir antes del verano, por tanto, antes del fallecimiento del banquero)

— Emilio Botín tenía su despacho en la planta alta del edificio OVNI (como lo llamaban los trabajadores de la Ciudad Financiera del Santander), encima de donde se alojaba la colección de arte. Cuenta en el libro que era un hombre, que «sin pretender ser un intelectual», tenía gran cultura. También es conocido que su libro de cabecera es «El Arte de la Guerra», del chino Sun Tzu. Pero por otro lado, también hay quien dice que no era una persona demasiado leída. ¿Qué opina usted?

— Emilio Botín ni era ni pretendía ser un intelectual pero era un hombre culto e interesado por el mundo en el que vivía, por múltiples cuestiones de política y economía. Además también desde instituciones como la Fundación Botín o las actividades de su propia mujer, Paloma O´Shea, que siempre fue una mecenas del mundo de la música, apoyó bastantes actividades culturales y deportivas, como es la Fórmula 1. Él no era un intelectual, pero era un hombre que leía y que estaba bien informado de todos los temas. Cuando hablabas con él notabas una profundidad bastante interesante en su discurso y argumentos. Así que no estoy para nada de acuerdo en esa afirmación.

— ¿Qué características le convirtieron en el gran banquero español?

— Desde que llegó a la presidencia del Banco Santander en 1986 tenía una visión muy clara de lo que quería hacer: ser el primer banquero de España, para después convertir al Banco Santander en el primer banco de Europa y después del mundo. Su ambición no tenía límites. Eso lo consiguió desplegando una estrategia bastante agresiva, luchando por los depósitos con otros bancos. Digamos que actuó como agente dinamizador del sector en un momento en el que la banca funcionaba con un pacto de caballeros, como un pacto de no agresión...

— Más que dinamizador, el resto de banqueros lo considerarían un dinamitador...

— (risas) Se puede decir así. Él estableció una alianza con el poder político del Gobierno socialista de Felipe González y con el Banco de España para llevar a la banca a una situación de competencia similar a la que se daba en otros países de Europa. Creó la «Supercuenta» (cuentas corrientes de alta remuneración) a partir de la cual consiguió duplicar su cuota de mercado de depósitos, le dio la base para su estrategia posterior.

— ¿La rivalidad con Francisco González, presidente del BBVA, hasta qué grado llegaba?

— El primer enfrentamiento serio y cara a cara entre el Santander y el BBVA (que entonces se llamaba BBV, todavía no había integrado Argentaria) fue con motivo de la subasta de Banesto, en la que los dos fueron los máximos postores. Y que Santander superó al BBVA con casi 100 pesetas por acción. Ese fue un momento clave puesto que hacerse con Banesto significaba tomar el liderazgo en el sector. Después de la fusión con Argentaria ya entrando en el siglo XXI han sido los dos grandes gigantes de la banca. El BBVA ha hecho muchas cosas bien y Emilio Botín tenía un gran respeto y cierto temor a la presión competitiva que le suponía tener al BBVA enfrente.

— ¿Era Botín el banquero más astuto de Europa, como dice «Fortune», para sus compañeros?

— Siempre tuvo un gran sentido de la planificación, del control de los tiempos. En cada momento y circunstancia él fue adoptando o impulsando decisiones que más convenían para hacer realidad su visión inicial. Siempre tuvo un gran sentido de la perspectiva y de la anticipación respecto a dónde convenía dar los golpes, en qué mercados y qué negocios.

— Dice que era una de las figuras más respetadas del empresariado patrio y la más escuchada por dos razones: por ser el español mejor informado y por no temer a decir de vez en cuando algunas grandes verdades...

— Se preocupó de tener la mejor inteligencia de mercado, de primera mano. Tenía a los mejores equipos de analistas a su servicio y acceso a la mejor información disponible. Por eso alguna vez he dicho que después del presidente del Gobierno, que debido a su posición tiene toda la información que le proporcionan los servicios de inteligencia, Emilio Botín era el español mejor informado. Eso quiere decir que sus comentario u opiniones en público tenían un valor extra. Y la verdad es que cuando hablaba conseguía un nivel de atención grandísimo. Porque a pesar de representar intereses muy poderosos y muy influyentes, hablaba con mucha libertad de los temas, opinaba de manera bastante rotunda sobre cuestiones de naturaleza económica o política.

— El padre de Botín, que también presidió el Santander, dijo que «uno está harto de que se quiera monopolizar el término ‘social’». ¿Su hijo se acercaba al padre en este sentir?

— Hay que contextualizar esa declaración. Fue dicha en la Transición y no estaba claro hacia donde iba a desembocar el proceso político, en un época en que la izquierda no había llegado al poder, puesto que el PSOE llegaría en el 82, y había cierto temor de que la llegada de la izquierda al poder desencadenara tensiones muy grandes en la sociedad española. Esa declaración reflejaba una gran admiración del sistema americano de relaciones sociales y laborales. Creo que su hijo tenía una visión parecida. Fue cuidadoso con el mundo sindical.

— Para el padre de Emilio Botín «no existen crisis bancarias, lo que que existen son bancos mal planteados, o mal dirigidos o, en algunos casos, deshonestamente administrados». ¿Qué pensaba el hijo de la crisis actual, de origen financiero?

— A Miguel Ángel Revilla (expresidente de Cantabria) le he oído decir que habló con Botín al inicio de la crisis y le encontró bastante desconcertado sobre lo que estaba pasando. Ni siquiera en los grandes despachos de la gran banca se entendía la caída de Lehman Brothers. Creo que después él supo reaccionar a la crisis con bastante decisión, tomando medidas importantes como fusionar Banco Santander con su filial Banesto para absorber sucursales. Siempre impuso la nueva tecnología como el futuro de la banca.... A lo largo de la crisis expresó opiniones intentando ser optimista y lanzando un mensaje de luz al final del túnel. Creo que su papel fue positivo para atravesar esos años difíciles.

— Cuenta que el principal posicionamiento ideológico del padre de Botín, y que aprendió su hijo, fue el colaborar con quien estuviera en el poder. También que es una persona respetada y temida. ¿Cuán elevada era la influencia de Botín en la clase política?, ¿con qué partido político se entendía mejor?, ¿quién le temía y por qué le podían temer?

— Es natural en un banquero tener una tendencia conservadora. Botín en sus conversaciones públicas o profesionales nunca transmitió su ideología. Es verdad que él hacía un esfuerzo por entenderse con quien estuviera en el poder, pero también por conocer a quien tuviera posibilidades. Cuando veía que un candidato tenía posibilidades de llegar a la Moncloa, él se acercaba y se esforzaba por conocerle y tener una línea directa. Ahora bien, creo que había más interés por parte de los políticos en retratarse con Botín. Creo que los políticos necesitaban más a Botín que Botín a los políticos. Probablemente era la forma de reconocer que gran parte del poder real estaba en instituciones como la banca y que Botín era el banquero número uno.

— Respecto a la época del rescate de Banesto por parte del banco comandado por Botín, dice que era una etapa de una clase dirigente poco preparada, inmadura y muchas veces irresponsable. ¿Puede ejemplificar esta afirmación?

— Me refiero a un tipo de dirigente económico y político que se dejó llevar por la vorágine de aquellos días, por la posibilidad del dinero fácil. Y todo aquello que se hizo llamar la «era del pelotazo». Y Mario Conde era un ejemplo de esto. También personajes como Alberto Cortina y Alberto Alcocer, o Javier de la Rosa. O responsables políticos y de supervisión bancaria, como el Banco de España. Hubo una cierta irresponsabilidad general pensando que se podía forzar la máquina de la empresa y la economía española y eso condujo a una corrección que ocupó la mayor parte de la década de los 90.

— Explica que en 1999 tras el reportaje (titulado: «Ana Patricia Botín, la mujer más poderosa de España») en un dominical en el que se trataba con un tono demasiado encomiástico la figura de su hija, Emilio Botín tuvo que «sacrificar» a su hija en su puesto en el consejo ejecutivo del Banco Santader Central Hispano. Respecto a la dimisión de Ana Patricia, ¿le consta que ella se arrepintiera de sus declaraciones? En el momento en que le pide la dimisión a su hija, ¿él tiene en mente ya que algún día volverá y que va a ser su sucesora (como finalmente ha ocurrido)?

— No lo he escuchado de sus labios pero sí que creo que se arrepintió, en el sentido de que ese reportaje era posicionarla como heredera natural del imperio de su padre en un momento de cierta confusión por la fusión con el Central Hispano. También se pretendía reivindicar la trayectoria de la familia Botín al frente del Santander como una fuente de legitimidad para dirigir el banco resultante de la fusión. En ese sentido el mensaje era conveniente también para Emilio Botín. La decisión de publicar aquel reportaje fue aprobado, no en su literalidad pero sí en el concepto, por Ana Patricia y Emilio Botín, para reivindicar su papel en un momento en el que se estaban desarrollando las relaciones de poder dentro del banco.

Creo que siempre pensó en Ana Patricia como su sucesora al frente del banco. En aquel momento vio que mantenerla iba a suponer un desgaste demasiado fuerte, iba a deteriorar más su posición más, y al «dejarla caer», como se dice en el libro, al realizar el máximo sacrificio se sentía legitimado para pedir sacrificios a los demás. Está clara su intención ya que tras cerrar el pulso en el poder con la dimisión de José María Amusátegui (co-presidente del Banco Santander Central Hispano) y Ángel Corcóstegui (vicepresidente y consejero delegado) llamó de vuelta a Ana Patricia y la colocó como presidenta de Banesto.

— Hasta al propio Botín le resultaba exagerado el tratamiento positivo que este reportaje le daba a su hija... ¿Cree que los medios, y más en estos tiempos, tenemos que reflexionar acerca del enfoque que se da a la información de los más poderosos?

— Cuando lees ese reportaje sobre Ana Patricia Botín hay un cierto tono exagerado en el elogio, en el halago, se nota que está muy teledirigido con un objetivo claro. No sé si hoy en día sería posible algo así, supongo que sí, que siempre hay alguien dispuesto a prestarse a esta clase de maniobras. Pero sí que creo que las cosas se pueden hacer sin un tono tan exagerado.

— Tras la muerte del banquero, escribió el adjunto al director de ABC, Ramón Pérez Maura, que «decían las lenguas envidiosas de 1970 que el más listo de los hermanos Botín, Emilio y Jaime, era el segundo. Que Emilio sólo sería presidente por ser el mayor». Usted cuenta que Jaime dimitió como presidente de Bankinter por puras razones personales reconociendo que en realidad carecía de vocación bancaria. Luego estudió filosofía y alcanzó posiciones mucho más de izquierdas de lo que podría nunca haber tenido un Botín. ¿Era cierto que Jaime, lastrado por la falta de empuje derivada de su no vocación, era el más brillante?

— Que Emilio Botín padre consideraba más capacitado a Jaime que a Emilio es algo que no he podido contrastar. Es verdad que lo he escuchado a algunos comentaristas y puede que haya algo de verdad. Pero de ser ese el caso no habría puesto a Emilio a dirigir el Banco Santander que era el banco más importante de los controlados por la familia y a Jaime a dirigir Bankinter que era la segunda marca, por así decirlo. Creo que Emilio Botín padre siempre confío en Emilio y le preparó un plan de formación dentro del propio banco bastante intenso y trato de infundirle todos sus conocimientos de banca. Si que es verdad que él tenía una especial predilección por su nieta Ana Patricia. Y de hecho, algunas personas que he conocido y que le conocieron en la intimidad en esa época era ella en quien confiaba para la continuidad del banco. En cuanto a Jaime es verdad que abandonó sus funciones ejecutivas en Bankinter, que se dedicó a sus actividades intelectuales privadas, pero sigue siendo el mayor accionista del banco y además es una persona que desde el puesto de consejero se sigue preocupando de la marcha del banco.

— El expresidente de la CNMV, Manuel Conthe, ha afirmado que Emilio Botín, siendo un gran hombre negocios, tenía un «escaso rigor ético». Lo argumentaba acordándose de las cesiones de crédito (un instrumento para «burlar fraudulentamente, en favor de sus clientes, las normas fiscales», relataba Conthe), el mantenimiento en su puesto Sáenz como consejero delegado tras la condena del Tribunal Supremo y la «precipitada» regularización fiscal del dinero que tenía en Suiza. ¿Le parece ajustada esa valoración?

— Me parece que es un poco exagerada. Rozó los límites de la legalidad, como consecuencia de su ambición para hacer buenos negocios, pero no traspasó ese límite. Los problemas con la Justicia no fueron tan importantes como para cuestionar su ética.

— Los Botín (Emilio, Jaime y 5 hijos) pagaron 200 millones por regularizar las cuentas de los últimos 5 años no prescritos. ¿Cuánto dinero podían llegar a tener?, ¿cuánto afectó a la imagen del banquero?

— El montante total lo desconozco. No sé si se ha dicho alguna vez, yo no lo he visto publicado. Se saben los detalles a los que llegaron con Hacienda y que afectaba a los últimos cinco años de rendimiento de esas cuentas. Era una parte importante de la fortuna de la familia Botín que se mantuvo oculta desde que el abuelo Botín abrió esa cuenta en tiempos de la guerra civil. Creo que el descubrimiento de esa cuenta causó una conmoción similar a la que ha habido con el caso de Pujol. Porque una familia que siempre había proyectado una imagen de cierto desinterés dentro de su riqueza esforzándose al crecimiento del banco y de pronto aparecía como una familia codiciosa que se dedicaba a defraudar al Fisco. Emilio Botín siempre que se enfrentó a un caso de este tipo, cuando ocurría un problema de imagen que además podría en este caso haber tenido consecuencias penales, buscaba el acuerdo para pagar lo que hiciera falta para dejar las cosas zanjadas.

— ¿Cómo era Botín en las distancias cortas?, ¿cree que le quedó algún pesar, algún deseo instatisfecho, en lo personal o profesional?

— Era una persona muy cercana, abierta a cualquier pregunta que le pudieras hacer. Se interesaba por los puntos de vista. Era una persona cálida en ese sentido, cosa que igual no le ocurre a su hija. Era un hombre muy cordial y de conversación muy interesante. En cuanto a cosas que le hubieran gustado y no pudo, tienen que ver con asignaturas pendientes del banco, a regiones geográficas donde no está presente. En Asia, por ejemplo. Haberle dado impulso mayor a la marca Santander, para ser totalmente global como otros bancos, como Citibank, HSBC o Bank of America, que son marcas globalmente conocidas. Santander tiene parte de ese camino hecho. En lo personal no soy consciente de ninguna frustración importante de Botín.