Alemania también tuvo un paro como el de España
Gerhard Schröder flexibilizó el mercado laboral para aumentar la productividad - afP

Alemania también tuvo un paro como el de España

susana alcelay
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Alemania no siempre ha sido la economía que es hoy. Como España ha tenido momentos de bonanza y de escasez, épocas de crecimiento, pero también caídas del PIB, paro, desconfianza de los mercados internacionales y desplome del sector de la contrucción, motor económico durante años tambien en ese país. Y como España también Alemania fue durante unos años, cincuenta y sesenta, receptor de mano de obra por su crecimiento y generosos salarios. Pero también, como en España, todo se derrumbó por una crisis.

Alemania consiguió pasar en diez años de una economía débil, la «enferma de Europa» llegó a llamarse, a ser el motor de Europa. Pero antes el socialista Gerhard Schröder tuvo que tomar medidas muy impopulares en su entorno político que no fueron valoradas hasta muchos años después. Flexibilizar el mercado laboral fue su receta para aumentar la productividad.

¿Qué situación económica tuvo que afrontar el canciller socialista? ¿Qué medidas puso en marcha? ¿Cuáles fueron sus efectos? En los años noventa, con la reunificación, el crecimiento alemán frenó en seco. En menos de diez años, la República Democrática Alemana pasó de pleno empleo a tener un 19,5% de paro. ¿La causa? Los altos salarios reales, que combinados con un descenso de la productividad provocaron altos costes laborales. De ahí a la caída del potente sector constructor medió un paso. «Pero para Alemania la reunificación también supuso un reto: incorporar a más de 10 millones de alemanes y no bajar la calidad de vida de sus habitantes, lo que implicó gasto y déficit», según explica un informe elaborado por la Cátedra de Relaciones laborales del IESE.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, toda Europa se sumió en un retroceso en la producción y el país germano no fue una excepción. El paro se situó en un 7,7%, y las perspectivas del entonces canciller Schröder de ser relegido, disminuían a la vez que el malestar general aumentaba. Después de casi dos décadas de estancamiento laboral, Alemania necesitaba un cambio legislativo. Una comisión presidida Peter Hartz comenzo a diseñar las reformas laborales que años más tarde llevarían a Alemania a los puestos de mayor competitividad de Europa.

De la Comisión Hartz surgieron cuatro leyes laborales. Entre las primeras medidas que se acometieron fue una profunda reforma del servicio público de empleo para descongestionarlo como también está haciendo España. Así, se diseñó un nuevo sistema de gestión y control. En 2007 se redujo la cuantía de las prestaciones por paro. También se crearon centros de atención al cliente y un mercado laboral vitural con una base de datos para realizar los procesos más rutinaros; los casos especiales los realizaban los funcionarios. El resultado fue más eficacia y un proceso de intermediación más corto para el parado.

Vales de formación

El Gobierno alemán puso en marcha una ambiciosa política laboral, de la que años más tarde recogería sus frutos. En la formación permanente estuvo gran parte del secreto del bajo paro que luego vendría. Se pusieron en marcha subvenciones de formación profesional permanente; los parados recibieron vales con los que dirigirse a empresas en las cuales recibían dicha formación y a cambio estas empresas se beneficiaban de deducciones fiscales.

Como ahora se ha hecho en España, se favoreció con subvenciones el autoempleo, una de las medidas más populares. La ayuda equivalía a la última prestación por desempleo percibida y a un importe equivalente a las cuotas a la Seguridad Social durante un máximo de tres años, todo con el objetivo de ayudar a crear empresas. ¿Qué ocurrió? Las personas que habían percibido la subvención, mantenían su trabajo durante 28 meses, periodo superior al de los que no habían percibido dicha ayuda.

También se puso en marcha el denominado talón de intermediación. Permitió al parado elegir una o varias agencias privadas de colocación y encomendarles su intermediación laboral. El talón estaba valorado en 2.000 euros. La mitad de esta cantidad se pagaba al iniciar la relación laboral, sujeta a cotización a la Seguridad Social, y la otra mitad solo se percibía si la relación laboral acababa con éxito (contrato por más de seis meses). Esta medida restó trabajo a las agencias estatales y un más rápido acceso al mercado de los desempleados.

Duras sanciones

Al mismo tiempo que se adoptaron todas estas medidas se endurecieron las sanciones. Se llegó a la suspensión temporal del pago de la prestación por rechazar una oferta laboral, lo que se tradujo en una oleada de recursos y demandas. Pero la medida se tradujo en la reducción del fraude en el cobro de prestaciones.

También se puso en marcha la Agencia de Servicios de Personal encargada de contratar a desempleados de forma temporal con la finalidad de cederlos después a otras empresas para así conseguir una contratación a largo plazo. En el tiempo en el que los desempleados acudían a esta Agencia, contaban con actividades formativas constantes; sus contratos no pueden durar menos de 6 meses y no aparecen en las listas del paro. Los más beneficiados fueron los jóvenes aunque, en general, no tuvo muy buena acogida porque se consideró que el acceso al mercado de trabajo se atrasaba considerablemente.

Pero los jóvenes no fueron el único objetivo de las medidas, también los mayores de 55 años. Para ellos se aprobaron bonificación en las cotizaciones para las empresas que los contrataban.

Sistema de paro

¿Y el seguro de paro alemán? Está basado en el principio de solidaridad, los trabajadores que cotizan pagan las cuotas de desempleo de los que se han quedado sin trabajo. En la actualidad en el sistema alemán hay dos clases de prestaciones: contributivas (Arbeitslosengeld) y asistenciales (Arbeitslosengeld II). Este último entró en vigor el 1 de enero de 2005 y con él se obligó al parado a aceptar ofertas de empleo.

Estas ayudas son gestionadas por la Agencia Federal de Empleo, los municipios y las entidades privadas colaboradoras y se conceden a los mayores de 15 años y a los menores de 65 que estén capacitados para la realización de un trabajo, tengan necesidad económica y su residencia habitual en Alemania.

Los parados no podrán rechazar ningún trabajo, con la única excepción de que su salud se lo impida o sus deberes familiares no lo hagan compatible (cuidar a sus hijos o familiares que requieran cuidados especiales). Además, si la persona tiene menos de 25 años, se le ofrece o un puesto de aprendizaje, o un trabajo temporal o un empleo.

Seguimiento

Para saber si la situación de necesidad de la persona requiere de este tipo de prestación se examinan minuciosamente varios factores. Ingresos, cuotas de Seguridad Social, gastos de desplazamiento, bienes, capital...Y todo ello conlleva un trabajo de seguimiento y asesoramiento por parte de la Agencia de Empleo.

Estas agencias realizan contratos de inserción laboral por periodos de seis meses con los beneficiarios, que llevan aparejados la asignación de un asesor de empleo individual, que es el que determina las prestaciones que corresponden a cada persona, y establece un diagnóstico de la situación del trabajador y sus posibilidades (acuden a su casa y examinan las condiciones de vida). Todo esto no se lleva de forma individual por las Agencias de Empleo, sino que existe una colaboración con municipios, sindicatos y organizaciones benéficas, elaborando un exhaustivo control de investigación para evitar fraudes.