¿A qué velocidad crecerá China en 2013?

Pekín debe reducir la inversión y frenar el crecimiento de la deuda

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Hace unas semanas, en su último discurso oficial como primer ministro de China antes de pasar el relevo a su sucesor, Wen Jiabao anunció que el objetivo de crecimiento de la economía china para 2013 era del 7,5%. Durante los últimos 30 años hasta 2011 el crecimiento económico de China ha superado sin dificultades el objetivo establecido por el gobierno.

Sin embargo, algo anormal ha sucedido este año. El primer ministro Wen advirtió de la dificultad para alcanzar el objetivo de crecimiento establecido para 2013. Señaló la presencia de «crecientes conflictos entre la presión a la baja sobre el crecimiento económico y el exceso de capacidad de producción». En otras palabras, China está produciendo mucho más de lo que puede absorber y aún así la única manera de mantener el crecimiento elevado ha sido invirtiendo en una capacidad de producción aún mayor.

¿Qué pasaría si China dejase de invertir? La tasa oficial de crecimiento de China el año pasado fue del 7,8%, por encima del objetivo del 7,5% establecido a principios de año, pero muy por debajo de las tasas de crecimiento del 10% que China había experimentado en las últimas dos décadas. Esto indica que el reajuste de la economía china, objetivo que se lleva pregonando de forma activa desde 2005 pero que nunca se ha producido hasta 2012, está resultando más difícil de lo esperado.

Pero incluso con cifras de crecimiento más bajas, a lo largo del año los economistas se quedaron desconcertados ante los indicios que apuntaban a que la economía, de hecho, estaba creciendo mucho más lentamente de lo que las cifras oficiales sugerían. Por ejemplo, desde que hay constancia, el consumo energético en China ha crecido más rápidamente que el PIB, pero en 2012 el consumo energético creció tan sólo un 5,5%, muy por debajo de la cifra oficial de crecimiento del 7,8%. Hay otros indicadores que también apuntan a un crecimiento menor que el señalado en las cifras oficiales.

Mientras los economistas de los grandes bancos extranjeros insistían en que el crecimiento de China seguía siendo muy elevado y sólido, el escepticismo crecía entre los economistas independientes chinos y extranjeros que se especializan en economía china y se está alcanzando consenso en cuanto a que la economía china en verdad creció muy por debajo del 7,8% en 2012. Es posible que en realidad haya crecido un 5% o poco más.

Si observamos con detenimiento la distribución del crecimiento en 2012 podemos descubrir algo más. Todo el mundo está de acuerdo en que la economía creció mucho más lentamente en la primera mitad de 2012 que durante la segunda mitad. Durante los primeros seis meses las autoridades fueron capaces de reducir el crecimiento de la deuda, que ha estado elevándose a un ritmo alarmante en la última década y especialmente desde 2009. En un sistema en el que casi todo el crecimiento lo lidera el aumento en inversiones y en el que un creciente porcentaje de la inversión se desaprovecha en fábricas, puentes, bienes inmuebles, aeropuertos y otros proyectos innecesarios, una deuda al alza puede ser un problema muy preocupante si la habilidad de mantener dicha deuda crece mucho más lentamente que la deuda en sí.

De ahí que Pekín se mostrara tan ansiosa de ralentizar el aumento de la deuda. Pero parece que el crecimiento también se ha venido abajo con esta medida. Esto no es una sorpresa si la principal fuente de crecimiento es la inversión. A mediados de 2012 parecía que el crecimiento se había ralentizado a tal velocidad, a pesar de que esta ralentización no acababa de aparecer en las cifras oficiales, que es posible que en Pekín cundiera la alarma y se empezara a permitir de nuevo un rápido aumento del crédito.

El resultado fue un incremento del crecimiento en la segunda mitad del año, incremento que se ha mantenido en 2013. Pero el precio de este crecimiento es muy elevado. La deuda total en el sistema, especialmente en las áreas sin regulación del sistema financiero, se ha elevado a un ritmo récord.

Pekín entiende el dilema al que se enfrenta. Debe reducir la inversión y frenar el crecimiento de la deuda, pero si hace esto se enfrentará a la firme oposición de intereses creados y experimentará tasas de crecimiento mucho más bajas de lo que se ha acostumbrado.

Si Pekín es capaz de avanzar como pretende, es de prever una pronunciada ralentización del crecimiento en la segunda mitad del año, a pesar de que es posible que las cifras oficiales minimicen esta desaceleración. Si, por el contrario, el Gobierno no es capaz de moverse a la velocidad a la que aspira, quizás porque la oposición es demasiado fuerte, y no ha sido capaz de consolidar totalmente su poder, las tasas de crecimiento se mantendrán elevadas la segunda mitad del año, pero el crecimiento de la deuda provocará aún mayor ansiedad y preocupación. Este año, el de la serpiente según el calendario lunar chino, es muy importante para el gigante asiático y determinará si su impresionante crecimiento se puede mantener de manera sostenible. Se supone que la gente nacida en el año de la serpiente es astuta y tiende a manejarse bien en lo financiero. Pekín va a necesitar de toda su astucia para garantizar que este año sea un éxito financiero.