Nadal, en un entrenamiento en París
Nadal, en un entrenamiento en París - REUTERS

Roland GarrosNadal, motivos para creer en el 12

Reforzado por su éxito en Roma, el balear está listo para otra fiesta en su tierra de París

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Ese estallido de hace justo una semana en Roma se escuchó nítidamente en París, en donde observaban con cierta inquietud y preocupación a la bestia, herida hasta la fecha porque la primavera se consumía sin premio alguno. Rafael Nadal, el pasado domingo, se coronó en el Foro Itálico y con ese mordisco despejó de un plumazo todos los fantasmas que le persiguieron en Montecarlo (derrota ante Fabio Fognini en semifinales), en Barcelona (Dominic Thiem) y en el Mutua Madrid Open (Stefanos Tsitsipas), por norma trofeos que se llevaba a su museo sin que nadie se atreviera a discutirle su hegemonía en la tierra.

Pero hubo dudas en Nadal, humanizado a partir de mil y un contratiempos físicos, visiblemente desmotivado cuando a él siempre se le reconoce por sus «¡Vamos!» y sus puños. Los festejos, después del bajón mental que le produjo una nueva lesión en Indian Wells (tendinitis en la rodilla derecha), parecían impostados, pero está terminantemente prohibido dar por muerto a Nadal. Se fue convenciendo de que podía, de que al final del camino había luz, y progresó hasta llevarse el Masters 1.000 de Roma, enésimo renacer justo antes del torneo más importante del año. Hoy empieza Roland Garros y nadie, absolutamente nadie, se atreve a cuestionar el favoritismo del español, que persigue su duodécima corona en la arcilla de la capital francesa.

Sobran los motivos para apostar por el mallorquín, al que por fin se le nota relajado y convencido. Pocos escenarios le van mejor que el de Roland Garros, no hay pista más idónea que la Philippe Chatrier para su tenis, se juega a cinco sets y encima tiene un viaje muy amable ya que el sorteo le ha dibujado un cuadro aparentemente sencillo. Se estrena mañana ante el alemán Yannick Hanfmann, un semidesconocido (184 del mundo a sus 27 años), y en segunda ronda también tendría como rival a un jugador clasificado de la previa como Yannick Maden, de 29 años y 115 del mundo, o el belga Kimmer Coppejans, 25 años y 181 del ránking. Hasta tercera ronda no competiría ante un top 100 y encima evita por su parte del cuadro a Dominic Thiem, posiblemente el único, junto a Novak Djokovic, que puede discutirle en un duelo a cinco mangas en tierra batida.

El salto necesario

La mejor noticia, en cualquier caso, está en el discurso del número dos del mundo, al que le suele delatar el rostro. «En Roma di un salto adelante y parece que lo he consolidado. Estoy jugando bien, entrenando bien, estoy contento, disfrutando del día a día, algo que no me pasaba después de Indian Wells, que me costaba disfrutar, sobre todo por los problemas físicos sucesivos que me llevaron a tener un bajón. Entre el inicio de la temporada de tierra y ahora la sensación es completamente diferente. Mi energía interior, la forma de moverme en la pista y golpear la pelota es un mundo diferente», reconoce el balear, a las puertas de un hito, el de ganar 12 veces el mismo grande, que le concedería la exclusividad y le pondría por encima de Margaret Court (once triunfos en Australia). «Yo no hablo de favoritos. Lo único que me preocupa es estar bien».

Como él no quiere pecar de soberbio, son los otros los que le conceden toda la responsabilidad para, de paso, quitarse piedras de sus mochilas. Lo hace Djokovic, intratable número uno que puede conseguir en París encadenar los cuatro grandes por segunda vez en su carrera, una brutalidad (lo hizo entre Wimbledon 2015 y Roland Garros 2016). «Nadie puede decir que Rafa no es el favorito», sostiene el serbio, quien comprobó en sus propias carnes el despertar de su enemigo en Roma. Djokovic, de todos modos, es una amenaza real, si bien es cierto que tiene un camino repleto de bombas. «Llego como número uno y eso me da todavía más confianza en mis posibilidades. Creo que puedo conseguir algo bueno en este torneo», defiende. Deberá sudar en su debut ante el polaco Hubert Hurkacz, un joven con mucho peligro.

Desde la distancia, se observa a Roger Federer, quien regresa al bosque de Boulogne después de ausentarse en las tres últimas ediciones. Siendo sensatos, cuesta colocarle entre los máximos candidatos al título, pero ese apellido merece todos los respetos del mundo. Cerca de los 38 años, el suizo, campeón solo una vez en París, regresa al grande que más le ha costado y hoy debuta en la central ante el italiano Lorenzo Sonego. No cabe otra que medirle partido a partido.

Siendo Thiem el más fiable de los mortales, finalista el año pasado además en este escenario que presenta un aspecto renovado, Francia servirá como examen para Alexander Zverev, muy discreto su curso y con la asignatura pendiente en los grandes, Stefanos Tsitsipas, Kei Nishikori, Juan Martín del Potro y compañía.