Simona Halep
Simona Halep - AFP
Mutua Madrid Open

Halep, cada vez más fuerte en Madrid

La rumana, con apoyo total en la grada, supera a una guerrera Bencic (6-2, 6-7 y 6-0) para plantarse en su tercera final del Mutua Madrid Open

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Por un momento, el Estadio Manolo Santana de la Caja Mágica se convirtió en un pequeño reducto rumano: banderas por doquier y gritos de «Simona», «Simona» elevaron a Simona Halep hasta las alturas. Está en la final del Mutua Madrid Open, después de un partidazo de dos horas (6-2, 6-7 (2) y 6-0) que se le complicó porque Belinda Bencic ha superado el miedo a la tierra batida y se movió de maravilla. Pero Halep, en Madrid, es demasiado.

La campeona en 2016 y 2017 se hace fuerte en tierras españolas. Aprovechó los nervios inaugurales de la suiza, enfadada con la raqueta y con el mundo en un par de malos gestos. No encontró cómo responder a los bombardeos de Halep, muy fina al resto y aunque algo menos efectiva con su saque, perdió dos veces su turno de servicio al inicio del partido, se benefició de su mayor adaptación a la superficie lenta.

Bencic nunca se ha llevado muy bien nunca con la tierra. A pesar de que fue campeona júnior de Roland Garros en 2013 admitía al llegar a Madrid que se contentaría con ganar la primera ronda de esta temporada de arcilla. La última vez que participó en esta superficie fue en 2015. «A veces sé cómo tratarla y a veces no», bromeaba. Sin embargo, y después de sumar el primer título de 2019 en Dubái, se nvalentonó en la Caja Mágica con triunfos de prestigio como el que logró en la ronda anterior ante la número 1, Naomi Osaka. Así, una vez en semifinales, la 18 del mundo se atrevió con algo más.

Eso sí, cuando ya el primer set se lo llevaba Halep con ese tenis compacto, seguro, firme y directo con el que está cerca de su tercera corona y de recuperar el liderato de la WTA. Fue en ese segundo set cuando Bencic se olvidó de que la grada solo apostaba por ella de forma tímida y esporádica y que pronto era acallado por los «Simona», «Simona». Sacó su derecha y su garra y comenzó un partido nuevo, de ángulos abiertísimos, intercambios duros y dejadas finas que hicieron las delicias del público.

A pesar de la mayor experiencia en estas lides de la rumana, fue Bencic, en su segunda semifinal en un torneo de tierra de su carrera, la que pulió los detalles lo imprescindible para marear a ru sival al fondo, atraerla a la red y enredarla para llevarse el tie break.

Se multiplicaron entonces los apoyos a Halep, enfadada porque su tenis no acababa de dar la puntilla a una Bencic muy suelta. Apretó los dientes la rumana, repartió golpes a derecha y a izquierda. Su rabia, estampada en los golpes a sus muslos. Se levantó como un resorte para iniciar el tercer set. Algo inusual en ella porque su cadencia de pasos gane el punto o lo pierda suele ser siempre el mismo, medido y sin prisa.

Pero quería sacar su mejor tenis para regalo de los asistentes al Estadio Manolo Santana. Activó sus piernas al resto y aumentó la velocidad de sus derechas. Bencic, agotada por el esfuerzo de la segunda manga, ya nada más pudo hacer. Ni sumar un juego más. Halep fue demasiado. Superado el resbalón de cuartos del año pasado, la rumana se gana otra final. La tercera. Perdió en 2014 y gnó las otras dos. Es Madrid, su segunda casa.