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Rio 2016 | Gimnasia Shang Chunsong, la «niña lazarillo» que emociona con su historia al olimpismo

La deportista nació en la región más pobre de China y empezó a entrenar cuando su hermano ciego abandonó el colegio para pagarle el gimnasio. La malnutrición sufrida durante su niñez le ha impedido desarrollarse totalmente, aparentando una engañosa fragilidad

Shang Chunsong durante la final en la que quedó cuarta
Shang Chunsong durante la final en la que quedó cuarta - REUTERS

Este jueves, tras la final de gimnasia artística en los juegos de Río que ganó la norteamericana Simon Biles, alguien lloraba desconsoladamente. Había luchado como nadie para conseguir su sueño, la medalla olímpica, pero se tuvo que conformar con un diploma.

Se trataba de la gimnasta china Shang Chunsong, y su historia de superación apenas puede ser igualada por cualquiera de las rivales con las que peleó ayer por la gloria olímpica.

Chunsong nació un 18 de marzo de 1996 en ShiYanPing, la región mas pobre de China, y sufrió malnutrición desde una edad muy temprana. Sus padres, dos peones de la construcción, dedicieron ponerle de nombre «pino de primavera», como aquellos que sobreviven al frío y a la tormenta incesante.

Además, su hermano, seis años mayor que ella, perdió casi toda su visión a una edad muy temprana porque su familia no podía costearle un tratamiento. Ella era su lazarillo, y ambos tenían que atravesar un largo camino montañoso a diario para ir a al escuela. Las pruebas que le iba poniendo la vida por delante solo le hicieron madurar más deprisa.

Con tan solo siete años fue seleccionada para unirse al Centro de Gimnasia de Yongshun. Su familia debía entonces pagar un dinero que no tenía. Fue su hermano quien, con tan solo 13 años, abandonó la escuela y decidió hacerse masajista para poder sufragarle los entrenamientos.

Desde entonces, la joven de ahora veinte años no tenía otro objetivo más que devolver a su hermano el favor: costearle el tratamiento para la vista y comprarle una casa. Se convirtió, así, en la sustentadora de su hogar.

A pesar de los esfuerzos de su entrenador, la malnutrición sufrida durante su niñez impidió que se desarrollara totalmente. Ahora es pequeña y fragil, aunque una gran luchadora. Según ha comentado su hermano en alguna ocasión, en invierno cuando pilla la gripe se le complican los entrenamientos.

Su aspecto le ha acarreado tanto risas como críticas. Algunos no creen que tenga 20 años. Incluso alguien tan fuerte como ella, llora desconsoladamente al irse sin metal para casa. Quizá porque ella más que nadie sabe lo complicado que resulta llegar hasta ahí.

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