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Fútbol

Hillsborough, sin Justicia 30 años después

La tragedia cumple tres décadas en medio del proceso judicial más largo de la historia británica

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El partido que hizo de la afición del Liverpool un bloque monolítico no tuvo nada que celebrar y duró seis minutos. Fue el tiempo que se tardó en observar que decenas de hinchas caían al campo como gotas de lluvia. Los gritos encogían una atmósfera terrible que ridiculizaba lo deportivo. Fueron 96 las víctimas que aquel 15 de abril de 1989, en el estadio de Hillsborough, se cobró no sé sabe muy bien qué o quién, pues en eso están todavía los juzgados británicos, atareados en lo que ya es el proceso más largo de su historia.

Lo normal sería decir que este lunes, cuando se cumplirán 30 años de la tragedia, el suceso regresará al pensamiento de los hinchas del Liverpool, pero la realidad es bien distinta: recogidas de firmas, santuarios, el fatídico 96 integrado como insignia o investigaciones independientes, como la que en 2012 logró que el Tribunal Supremo de Londres anulara el veredicto de muerte accidental que se había impuesto inicialmente, sustentan la fuerza de la afición «red». Desde hace siete años, la tragedia de Hillsborough es un crimen, el primero de los logros que persigue un club que se niega a asumir una verdad putrefacta.

El reclamo era una semifinal de FA Cup entre el equipo de Anfield y el Nottingham Forest, a partido único y en campo neutral, como manda la tradición inglesa. La Federación había dictaminado que se jugara en el estadio del Sheffield Wednesday, al norte de Inglaterra. Hasta aquí todo bien. Bueno, no todo: las entradas pedían a los fans que ocuparan su localidad sólo 15 minutos antes del partido. A media hora para el comienzo, los tornos para acceder al recinto estaban desbordados, imposible dar abasto para completar el acceso antes de las tres de la tarde, la hora del pitido inicial. David Duckenfield, jefe de policía al cargo aquel día e infausto protagonista en esta historia, pensó que era buena idea abrir una puerta de salida para agilizar el proceso. La decisión dio con 3.000 personas ocupando una grada pensada para 1.600, culminada por una valla frente al césped.

De los muertos, cuya edad iba de los 10 a los 67 años, se dijo que habían sido víctimas de los «gamberros borrachos» del Liverpool, como los calificó el secretario de prensa de Margaret Thatcher. Lo dijo la Policía, claro, preocupada por quitarse los muertos de encima. Tuvieron pocos escrúpulos: se interrogó a las familias de los fallecidos sobre la frecuencia con la que bebían, se hicieron análisis de sangre a los cadáveres cuyos resultados salieron en los periódicos y se manipularon testimonios de 164 agentes. El argumento de la tragedia de Heysel parecía idóneo, pues cuatro años atrás, en la final de la Copa de Europa en Bruselas, el reducto más salvaje de los «hooligans» del Liverpool había propiciado una avalancha en la que murieron 39 personas.

Hechos «azarosos»

Ocho gobiernos británicos después, la verdad va tomando forma. Duckenfield visita desde 2017 los tribunales. El miércoles de la semana pasada, un jurado fue incapaz de unificar su criterio para declararlo culpable por 95 homicidios involuntarios tras ocho días de deliberación. El número 96 falleció cuatro años después al retirársele los cuidados que lo mantenían con vida, y Duckenfield fue declarado inocente. Ahora, mientras su defensa argumenta que la tragedia obedece a acontecimientos «azarosos», espera a que lo juzgue un nuevo tribunal. Sí ha reconocido haber mentido cuando años atrás se le preguntó si había ordenado abrir la maldita puerta de emergencia.

Sobre quien sí pesa ya una condena, a dirimir el próximo 13 de mayo, es Graham Mackrell, un directivo del Sheffield que ejercía como jefe de seguridad del estadio. El juez lo declaró culpable por no cumplir con sus obligaciones. A Sir Norman Bettison, uno de los policías a los que mayor responsabilidad se atribuye en la tergiversación de los hechos -con la inestimable ayuda de «The Sun», que publicó que hinchas habían orinado sobre los cadáveres y robado sus pertenencias-, se le retiraron los cargos el pasado agosto.

El asunto inundará esta tarde Anfield, donde se juega un partido fundamental en la lucha por la Premier, Liverpool-Chelsea (17.30 h.). Quien no esté al tanto de esta historia quizá se sorprenda cuando vea las banderas a media asta, dos mosaicos, en The Kop y la grada Sir Kenny Dalglish, enfrentados con un 96 y «30 years», brazaletes negros y 54.000 personas cantando el «You’ll never walk alone» con más motivo que nunca.