Luis Enrique, durante el encuentro de España frente a Croacia
Luis Enrique, durante el encuentro de España frente a Croacia - REUTERS

España - CroaciaCon Luis Enrique llega una quinta

La exhibición española en Elche supone además la entrada definitiva en la selección de las estrellas de la última sub 21. Saúl, Asensio y Ceballos se juntan a Isco para darle gol al mediocampo español

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Big Bang generacional en Elche. Llega un trío con 22 años para revitalizar el fútbol de España en más de un sentido. Saúl, Asensio y Ceballos. Por fin.

El primero en llegar fue Saúl. Estaba en su casa y además es el más hecho. Cuando sufría España contra una finalista del Mundial, abrió el partido por sorpresa y con autoridad. Gol de llegador, de llegador violento como no ha habido en España hacía años. Tiene algo de Hierro, de Julen Guerrero, de revival de los 90. Un salto poderoso, un remate picado. Saúl domina todo, juega de todo, es físicamente superior a sus compañeros de quinta y parece un centrocampista alemán de los de antes de Low. Recorre los ganglios del juego de un extremo al otro. Puede ser un Ballack, puede ser un Effenberg, puede ser lo que quiera. España tiene en él y en Busquets, cada uno en su estilo, dos jugadores totalizadores. No totales, totalizadores. Busquets es algo entre un simón y una caja negra que todo lo registra, y Saúl pisa todas las alturas, como esos aleros croatas que medían 2.10 y jugaban de base.

Reconciliación madridista

La alineación de Luis Enrique era inspiradora y gritaba fútbol y revolución. Además de sacar a seis madridistas (la reconciliación del madridismo más ofuscado con este gran entrenador va a ser un fenómeno amoroso, de seducción futbolística), puso en el campo, en ese 4-3-3 que puede ser un 4-1-4-1, una «línea» de cuatro -para entendernos- con Saúl, Asensio, Ceballos (las tres figuras del Europeo sub21 del año pasado) junto a Isco.

E Isco estuvo hasta mal en comparación con los más jóvenes. Porque Isco se ha quedado un poco como secuela magnífica de Xavi e Iniesta, eslabón entre ellos y los que ahora llegan. Es un portento un poco incomprendido y también un poco incomprensivo, que a veces se ofusca y gira y da vueltas en cierta soledad entre una generación que no terminó de entender y otra que juega a otro ritmo (¡Terribles millenials rimbaudianos!).

Isco, pese a todo, es una joya patria, es un jugador tan genética y puramente español que su engarce es una obligación casi diría que federativa. Cuando Isco mezcle del todo con los que llegan, España habrá encontrado una forma de plenitud. Eso se vio en el 6-0, una maravilla que le cedió Asensio. Isco es transición y es cultura, arqueología de mucho fútbol nuestro, es folclore futbolístico español que hay que conservar y difundir. Podría estudiarse en la universidad como se estudia un palo flamenco.

Saúl había abierto el partido con esa autoridad suya de jugador para lo importante, y Asensio no quiso ser menos. Sus golazos, tan característicos como el de Saúl, vinieron precedidos de una intención.

Asensio estaba al principio demasiado la derecha, poco participativo y a la media hora se le vio pedir la pelota, irse a la izquierda, meter esos centros que han despertado la líbido de Benzema. Sus dos goles no fueron solo dos geniales zambombazos. Hubo un preámbulo de participación. Ante Rakitic y Modric dijo «aquí estoy yo». Sobrado de todo, en la segunda parte se dedicó a dar pases de gol como muletazos faraónicos.

Era como en aquel Europeo sub-21, una discusión gozosa por saber quién es mejor, si Asensio o Saúl, en la que algunos ojos acaban yéndose con Ceballos, el jugador que está llegando más tarde, el jugador afluente que luce en conjunto y por detrás. Ceballos no tiene el don de la aparición pero sí el del regate y el ritmo. Templa, se va y apoya. Hace algo solo para buscar luego al otro. No es simple, tiene más que toque. Sus pases a la banda abrían a España, daban avenida a Carvajal.

Esta es una quinta con dientes, con colmillos. Saben latín y saben reguetón. Llegan, pegan, muerden. Ya no es solo pase, sino algo más. Tras el trauma de Rusia, tras esa cumbre del fútbol circular, tras esa caricatura suprema del fútbol inofensivo que logró España, llega esta generación que al toque talibán le añade otra cosa. La evolución a la que aspira el gran Luis Enrique la llevan dentro ellos (¡los nietos de Amunike!).